Obesidad: un problema global

Los índices de obesidad se han multiplicado de forma geométrica en el último cuarto de siglo hasta convertirse en una epidemia con un elevado coste social y económico. Aunque este incremento ha ido acompañado de una elevación del consumo de grasas saturadas, no todas las formas de obesidad son iguales...

La obesidad básicamente es un problema de acumulación excesiva de grasa en el cuerpo, un exceso que da lugar a un peso anormal para la estatura y estructura del individuo.

Al definir obesidad debemos tener en cuenta que es difícil medir la masa grasa de un individuo y que también es muy complicado establecer el criterio de “acumulación excesiva” si no tenemos un patrón de normalidad al cual referirnos.

Es evidente que las personas obesas presentan gran cantidad de grasa en el cuerpo, pero es mucho más difícil discernir el grado o intensidad de obesidad en personas que, a lo sumo, presentan un cierto sobrepeso.

En este ámbito suele haber mucha confusión ya que una persona puede tener un peso elevado junto con una importante musculación, o bien tener un peso normal junto a unos elevados niveles de grasa superiores a los considerados como normales.

 

TABLAS DE PESO IDEAL

Medir la cantidad de grasa es un proceso complicado, aunque en los últimos años la Ciencia ha aportado nuevas herramientas para incrementar la precisión del cálculo.

Algunos especialistas utilizan para valorar el grado de obesidad unas tablas correspondientes a una población ideal, distribuida por sexos y estaturas, que establecen un peso ideal de acuerdo con el índice de Masa Corporal (IMC).

El exceso de peso se obtendría estableciendo la diferencia, tanto en términos absolutos como relativos, entre el número ideal de kilos y el real.

Aparte del grado de obesidad es importante conocer la distribución de la grasa, pues esta circunstancia tiene mucho que ver con el pronóstico de la patología por existir importantes diferencias metabólicas y funcionales.

Por ejemplo, si medimos la relación entre el perímetro de la cintura y el de las caderas se obtiene un cociente que permite determinar a qué tipo de distribución de la grasa corporal pertenece el paciente.

Un índice igual o superior a uno, para un hombre, y a 0,85 para una mujer, indica que hay una fuerte acumulación de grasa.

Esa acumulación suele presentarse en la parte superior del cuerpo, en el caso de los varones, y en la inferior en el caso de las mujeres. De ahí que esa acumulación en los hombres se manifieste en forma de manzana, o androide, y en las mujeres en forma de pera, o ginoide.

La distribución androide supone que la mayor parte de la grasa está situada entre las vísceras, mientras que la ginoide está localizada en masas debajo de la piel (zonas subcutáneas).

La grasa visceral es mucho más difícil de eliminar, provoca más complicaciones que la subcutánea  y está asociada a un mayor número de enfermedades que suelen aquejar a los obesos: diabetes, arteriosclerosis y problemas cardiovasculares.

 

SABER EL ORIGEN

Todas estas aproximaciones son muy útiles tanto desde el punto de vista clínico como en el ámbito de la investigación, pero sólo nos indican cómo es la obesidad, no su origen o etiología.

Los avances en este campo han permitido establecer una serie de etiologías aceptadas universalmente. La obesidad puede ser de origen neurógeno, endocrino, iatrogénico, genético, dietético, de ajuste del ponderostato, o bien por defecto termogénico.

Hay otras clasificaciones de casos más o menos raros que son objeto de estudio debido a que resulta muy difícil de determinar los factores que provocan la enfermedad.

La obesidad neurógena suele presentarse en individuos con alteraciones psíquicas de diversa índole, los cuales son incapaces de controlar su peso al estar afectado su sistema nervioso autónomo por un déficit de la secreción de transmisores que modulan las deposiciones de grasa de reserva.

El hipotiroidismo, el hipogonadismo, el hiperinsulinismo y el hipercorticismo son alteraciones típicas de glándulas del sistema endocrino que pueden determinar la aparición de obesidad.

Estas alteraciones provocan que los adipocitos aumenten de tamaño por acción de los ácidos grasos libres que en ellos penetran y, por medio de un proceso bioquímico denominado esterificación, se convierten de nuevo en triglicéridos.

Una ingesta excesiva de corticoides o antidepresivos puede provocar una obesidad iatrogénica, hasta ahora poco frecuente pero en los eultimos años en aumento debido al abuso de este tipo de medicamentos sobre todo en personas propensas a incrementar sus niveles de grasa.

 

UN 30 POR CIENTO HEREDITARIA

La obesidad tiene mucho de hereditaria por lo que se ha establecido que en torno a un 30 por ciento de los casos tiene origen genético, según han demostrado experimentos de laboratorio que han dado lugar a ratones genéticamente obesos.

Sin embargo, recientes investigaciones indican que si bien muchos casos de obesidad tienen su causa en defectos genéticos, para que se manifieste dicha patología deben darse determinadas conductas, como vida sedentaria e ingesta excesiva de grasas, entre otros condicionantes.

Individuos predispuestos genéticamente, o por condicionamiento neural o psicológico, pueden desarrollar una obesidad de origen dietético. Este tipo de patología puede deberse a efectos específicos de algunos alimentos, sobre todo glácidos y grasas, que resultan muy atractivos para algunos paladares.

Probablemente la mayor parte de las obesidades se deban a desajustes o ajustes erróneos, debido a mecanismos que hasta la fecha no han sido claramente determinados, del denominado ponderostato o sistema de natural control de peso corporal.

Un ajuste elevado comporta la deposición y mantenimiento de elevadas cantidades de grasa, mientras que un ajuste más bajo implica su pérdida empleando los mecanismos fisiológicos de control que se suponen perfectamente funcionales. En este tipo de obesidad, los sistemas del organismo luchan por mantener ese peso independientemente de los sacrificios que se hagan para variarlo.

Por último, un defecto termogénico, consistente en la incapacidad de nuestro organismo de eliminar en forma de quema de grasas el alimento ingerido en exceso, por encima de nuestras necesidades fisioleogicas, puede ocasionar obesidad, de acuerdo también con experimentos con ratones llevados a cabo en laboratorios.

 

La obesidad afecta al 30 por ciento de los hispanos

Los hispanos han visto acentuados en los últimos 20 años sus problemas de obesidad, que hoy afectan al 30 por ciento de los adultos latinos en 23 estados y al 15 por ciento de los estudiantes de secundaria, según un estudio.

En el último año, las tasas de obesidad aumentaron en 16 estados de EE.UU., continuando una tendencia que ha convertido en obesos o con sobrepeso a dos tercios de los adultos estadounidenses, y a casi un tercio de los niños.

Así lo indica el informe anual "F as in Fat: Cómo la obesidad amenaza el futuro de América", elaborado por la organización Trust for America's Health (TFAH) y la Fundación Robert Wood Johnson (RWJF).

Los hispanos son, después de los afroamericanos, el grupo de población que más sufre de sobrepeso, y sus tasas de obesidad superan a las de los blancos caucásicos en casi todos los estados.

En cuatro estados -Misisipi, Dakota del Norte, Carolina del Sur y Texas- más del 35 por ciento de los hispanos son obesos, según el estudio.

En otros 19, la tasa está por encima del 30 por ciento: Alabama, Arizona, Arkansas, California, Delaware, Georgia, Illinois, Kansas, Kentucky, Michigan, Nebraska, Nuevo México, Ohio, Oklahoma, Pensilvania, Rhode Island, Tennessee, Washington y Wyoming.

Los hispanos sólo tienen tasas de obesidad inferiores al 25 por ciento en cuatro estados -Wisconsin, Vermont, Nueva Hampshire y Colorado-, y sólo los que viven en el Distrito de Columbia se sitúan por debajo del 20 por ciento, con un 18,8.

Por géneros, los hombres latinos con más sobrepeso viven en Carolina del Sur, donde más de la mitad de ellos -un 50,9 por ciento- son obesos, y el problema afecta menos a los que residen en la capital estadounidense, con un 13,3.

Las mujeres hispanas que tienen más problemas de obesidad viven en Misisipi -un 40,3 por ciento- y las que tienen menos, en Tennessee, donde la tasa se sitúa en el 15,7 por ciento.

Entre los niños y adolescentes hispanos en edad escolar, el 15,1 por ciento es obeso, y el 19,6 tiene exceso de peso.

El abandono escolar es un elemento que favorece el sobrepeso, puesto que casi el 33 por ciento de los estadounidenses que no acabaron la secundaria son obesos, mientras que el porcentaje entre quienes tienen un título universitario es del 21,5 por ciento.

Otro factor es el bajo nivel de ingresos: más del 33 por ciento de quienes ganan menos de 15.000 dólares al año tienen problemas de peso, mientras que entre quienes superan el umbral de los 50.000 anuales, un 24,6 es obeso.

En total, el estado más obeso del país es Misisipi, con una tasa del 34,4 por ciento, y el más "delgado" es Colorado con un 19,8 por ciento, una tasa que, sin embargo, está lejos de ser positiva, puesto que sitúa a casi uno de cada cinco habitantes en riesgo de padecer diabetes o enfermedades cardiovasculares.

El estudio analizó además cómo se ha extendido la obesidad desde 1995, fecha de los primeros datos oficiales, y cuando ningún estado tenía una tasa superior al 15 por ciento.

Hoy, dos de cada tres estados, 38 en total, tienen una tasa de obesidad superior al 25 por ciento, y sólo uno -Colorado- baja del 20 por ciento.

En menos de dos décadas, las tasas se han duplicado en siete estados y han crecido al menos un 90 por ciento en otros diez, como Oklahoma, Alabama y Tennessee.

"El estado que hoy tiene la menor tasa de obesidad habría sido el que tenía la mayor en 1995", dijo en un comunicado el director ejecutivo de TFAH, Jeff Levi, que consideró los últimos 20 años "un punto de inflexión".

"No podemos permitirnos seguir ignorando el impacto que la obesidad tiene en nuestra salud y en el correspondiente gasto en los seguros de salud", añadió.

Para frenar la tendencia, el informe recomienda restablecer la financiación de varios programas federales contra la obesidad, recortados entre presiones fiscales, y que no se disminuya el Fondo de Prevención y Salud Pública.

Además, insta al Departamento de Agricultura a completar la aplicación de la Ley para una Infancia Saludable y sin Hambre, que regula los menús escolares y aplica reglas estrictas a los alimentos y bebidas que se venden en máquinas expendedoras en los colegios.

El ejercicio físico, a través del Plan Nacional de Actividad Física, sería otro factor imprescindible para atajar el problema, subraya el informe.

 

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