
Por Rafael Loaiza Bigott
Desde que comenzó la maldición de los hermanos Castro algunos cubanos han logrado escapar de las garras del dictador. Todos sabemos que en Miami la comunidad cubana ha crecido como en ningún otro lugar del planeta (fuera de Cuba, claro está). Y como es normal, se han generado diferentes posturas con respecto a la política internacional y las relaciones bilaterales o multilaterales que pueda tener cualquier país con el gobierno de los Castro.
Desde hace más de cincuenta años, no se ha hecho lo suficiente por neutralizar este gobierno. De hecho, la estrategia que se implementó fue la de cerrar todas las puertas comerciales y así fomentar el bloqueo económico para que la economía de la isla implosionara hasta un punto propio de ciencia ficción apocalíptica. Durante muchos años, se pensó que al bloquear la isla, se le estaba haciendo un daño al gobierno castrista y que dicho bloqueo generaría la muerte del modelo comunista implementado por los Castro. De esa forma, muchos de los cubanos que están viviendo fuera de Cuba, reaccionaban enfurecidos cada vez que algún gobierno “ayudaba” o trataba de fomentar el desbloqueo o cualquier acto simple para fomentar el comercio internacional con la isla.
Muchos autores de los más respetados y de los más improvisados han manifestado que cualquier relación con la isla fortalecería a los Castro. Mientras algunos cubanos dentro de la isla estaban gritando desesperados por el hambre y la opresión, algunos cubanos fuera de la isla gritaban en contra del régimen mientras engullían los más variados alimentos y bebidas que adquirían en sus Seven Eleven. Lo más preocupante es que aplauden el bloqueo mientras sus compatriotas y familiares siguen hambrientos caminando descalzos por las brasas vivas del infierno.
Otros autores más “Obamistas” están tratando de desarrollar tesis afirmando que las fuerzas del mercado perjudicarán a los Castro y fortalecerán a la sociedad y a la futura democracia de Cuba. Ya que la inyección de tanto capital mundial servirá para financiar a los grupos de oposición en la isla. El mercado puede tener muchas consecuencias positivas y algunas otras negativas, sin embargo, en la condición de Cuba, las fuerzas del mercado y todos sus productos generarán sentimientos encontrados en las nuevas generaciones que no están acostumbrados a ver los anaqueles llenos. El adoctrinamiento masivo de más de 4 décadas poco a poco se acabará. Los castristas que quedan en la isla serán seducidos por los beneficios del mercado. Al final de este viaje, todos queremos prosperidad y bienestar. Lo importante es que circulen suficientes productos y servicios de primera necesidad y de segunda también. Que vengan todos los extranjeros a gastar sus dólares en la isla para que el Castrismo muera y no vuelva a resucitar.
Todos debemos rechazar categóricamente cualquier gobierno que no respete y fortalezca los indicadores democráticos. Pero no es coherente vivir fuera de una crisis y criticar una política comercial nueva que pudiese generar cambios socioeconómicos tan positivamente radicales para la isla. De hecho, a mi humilde parecer es un verdadero acto de egoísmo. Además, es emitir una conclusión partiendo de una premisa equivocada que viola un principio epistemológico. No se puede comparar algo que existió con algo que nunca ha existido. Es decir, no se puede concluir que la apertura comercial en pleno siglo XXI va a fortalecer a los dictadores Castro ni tampoco creer que el embargo perpetuo va a perjudicar a los Castro.
Si creemos que la nueva apertura comercial es un fin en si mismo, entonces perdimos todos. Es por esto que debemos ver la nueva condición como un medio que generará otro fin. Como el derrocamiento de los Castro, por ejemplo.


























