Nueva York mantiene la esperanza

EDITORIAL

Después de haber superado una crisis que la convirtió en epicentro continental de la pandemia del Covid-19, - con veinte mil fallecidos y un veinte por ciento de su población infectada-, la ciudad de Nueva York se mantiene parcialmente activa y confiada en que para el otoño le será posible disfrutar de una apertura al cien por ciento.

Si bien los casos de contagios y fallecimientos se dispararon después de las celebraciones del Día de Acción de Gracias, la segunda ola de coronavirus no ha llegado a colapsar el sistema hospitalario, el cual con la primera desconcertante experiencia se ha fortalecido.

Adicionalmente y a pesar de quejas que nunca van a faltar, los trabajadores de la salud son una prioridad en el proceso de vacunación.

La vacuna trajo esperanza, el conocimiento sobre el funcionamiento y vías de transmisión del virus han permitido que los neoyorquinos desarrollen mayor confianza, pero el factor principal es fundamentalmente, la necesidad de continuar funcionando, produciendo y trabajando para sobrevivir, como sea y en lo que sea, hasta el retorno a la normalidad.

Por ahora todas las actividades de asistencia masiva, tanto a nivel de espectáculos musicales, deportivos, eventos públicos como desfiles y grandes concentraciones, se mantienen prohibidas, pero industrias importantes para la ciudad como la construcción, nunca han dejado de funcionar, al igual que el transporte público, que no han parado en ningún momento, solo para limpieza en horarios de madrugada.

Un sector muy golpeado continúa siendo el de los restaurantes y negocios de comida, que cuenta con una lista de miles de cierres permanentes. Los que han sobrevivido han debido invertir en re adecuaciones obligatorias y se mantienen al borde del abismo, con la esperanza de una pronta reapertura del servicio al interior.

Las posibilidades de reapertura se mantienen congeladas, debido a la falta de apoyo de los propios habitantes, muchos de los cuales han optado por no hacer caso a las recomendaciones y viajar durante los feriados, confiados en las precauciones personales de uso de mascarillas, distanciamiento e higiene permanente de las manos, pero corriendo el riesgo de ser víctima incluso de un virus más agresivo.

Un asunto grave en la ciudad es el de las fiestas clandestinas, que hasta la fecha las autoridades locales ni estatales no promueven su eliminación con incentivos de denuncias anónimas y recompensas.

Como resultado de las celebraciones las autoridades anticipan un repunte de contagios para los primeros meses del año, lo cual comprueba, como lo ha hecho rotundamente el Covid-19, que el bienestar general depende de la decisión individual.

La preocupación principal, además de sobrellevar y vencer la pandemia, es sin duda alguna la del pago de las rentas, sean residenciales o comerciales, es un factor alarmante, que por el momento tiene un paliativo, pero que debería ser una fabulosa oportunidad para que el liderazgo político de la ciudad demuestre su compromiso con los habitantes y realice una reforma a las rentas, particularmente comerciales, que han sido la principal causa de la
bancarrota y cierre de negocios.

Esta pandemia puede ser la mejor justificación de los políticos ante sus donantes millonarios del sector de los bienes raíces, para regular el exagerado valor de rentas, que no ha resistido el impacto de la pandemia.

Inquilinos y pequeños propietarios, necesitarán ayuda extra  por parte del gobierno o se producirá una crisis social de proporciones dantescas, que agrave entre otros la latente y creciente crisis de los mendigos.

El problema de los mendigos no es únicamente humanitario o de salud mental, es ante todo un tema de salud pública, ya que en medio de una pandemia en la cual la higiene es el principal recurso de combate, los mendigos se han convertido en difusores del virus, debido a sus condiciones, que no les permite mantener la higiene requerida.

Expertos en salud pública afirman que hay una necesidad urgente de acelerar la vacunación, para acelerar el fin de la epidemia de Nueva York, antes de que los hospitales se saturen o la nueva variante más contagiosa del virus haga estragos.

El Dr. Ronald Scott Braithwaite, profesor de N.Y.U. Grossman School of Medicine, quien es asesor de la ciudad en el manejo de la epidemia, indicó que, de acuerdo al análisis de su equipo, una vez que se vacune entre el diez y el veinte por ciento de la ciudad, el porcentaje de nuevos casos comenzaría a disminuir.

Los expertos indican que el uso de mascarilla y el distanciamiento social han logrado mantener lento el nivel de contagios y la mayoría de neoyorquinos comprenden que es la medida más eficiente de luchar contra este enemigo invisible, que cual personaje de película, hasta la fecha es indestructible.

El problema es que la ciudad de Nueva York es el objetivo y puerto de llegada de habitantes de todo el planeta y esa es una posibilidad de riesgo permanente, con la cual se debe aprender a convivir permanentemente.

El próximo alcalde y todas las autoridades que se elegirán en noviembre, deberán lidiar con las repercusiones de la pandemia, en una ciudad ya acosada por una creciente desigualdad de ingresos, una economía local severamente dañada y el siempre latente riesgo de un ataque terrorista.

El reto más grande será combatir la pandemia, la pobreza, la violencia, con una elevada capacidad creativa, práctica pero ante todo efectiva.

Mientras tanto Nueva York, al igual que su símbolo internacional, la estatua de la Libertad, mantiene elevada la antorcha de la esperanza, para continuar siendo, la capital del mundo.

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