SACANDO PUNTA

Por Armando Bermúdez
IMPACTO LATINO
NUEVA YORK LO CREO
Si Frankestein fue creado en un laboratorio por Victor Frankestein en la obra de la escritora Mary Shelley, Donald Trump fue creado en el ‘laboratorio’ de la vida real por decenas de políticos (mayormente demócratas) que por décadas aplaudían sus inversiones con exoneraciones impositivas (tax abatements).
Así fue la historia cuando se hicieron retoques reconstructivos o renovación del hotel adyacente a la estación Grand Central, que se le cedió si se le garantizaba 40 años de ‘tax abatements’.
Al final, Trump pagaría impuestos como cualquier vecino que iba a un motel de la Octava venida, según recuerda el analista de New Republic Tom Robbins citando al entonces jefe de la Junta de Convenciones & Visitantes de la ciudad.
Por supuesto, el entonces alcalde Ed Koch, posó exhausto de alegría cuando Trump adquirió el edificio Bonwit Teller (donde hoy está su torre), cuyos pisos albergaban lujosos salones y tiendas, hermosas esculturas art deco que el Museo de Arte Metropolitano deseaba tenerlas en sus centros de exhibición.
Pero Trump ordenó traerlas abajo, después que se había comprometido a cederlas. Todo por dos semanas de “apuro” en avanzar en la construcción de su torre.
Era 1980, época en que liberales y conservadores estaban alineados y alienados por Donald Trump que, a las buenas y a las malas, aparecía como un magnate de éxito.
En esa misma época Trump prestó un avión a Puerto Rico para que llevara ayuda luego de un huracán, pero nadie conoce cuánto dedujo de sus impuestos: porque hasta hoy no se sabe de sus declaraciones completas ante el IRS.
Esto sucedía mientras la ciudad vivía la explosión de la prostitución y narcotráfico, cuya avenida principal era la Calle 42.
Trump tenía en sus bolsillos a políticos de la ciudad y de Albany: ir a sus fiestas y comprar una mesa pro relección de cualquier político clave arreglaba todo. Así que, a llorar al parque, el nuevo Frankestein es culpa de todos.


























