
En la actualidad, la violencia se ha convertido en el mayor problema tanto para las autoridades, las organizaciones contra la violencia y el Departamento de policía. Cada día, el Departamento de Policía de Nueva York emite reportes sobre la creciente violencia en la ciudad Nueva York, esto realmente es preocupante porque podría convertirse en una ciudad insegura.
La violencia es un problema de alto impacto social y económico, aparece o se acrecienta, como una respuesta a la frustración social que viven los jóvenes neoyorquinos en la actualidad. El aumento de la violencia, puede ser también consecuencia del descontento político que tienen los jóvenes hacia las autoridades de la ciudad, al no aclarar de manera especifica las reformas presupuestarias recientemente aprobadas.
Además de la crisis sanitaria del COVID-19, que de por sí, ha afectado considerablemente la ciudad de Nueva York y su economía. En las últimas semanas hemos conocido un cúmulo de información aparentemente desvinculada respecto de la evolución del desempleo juvenil y cifras que dan cuenta de un aumento de la delincuencia y de la victimización en la ciudadanía.
Las organizaciones que apoya a los jóvenes y sus comunidades en la búsqueda de oportunidades y movilidad económica manifiestan que el alcalde Bill de Blasio, no tiene un plan real para los jóvenes que más lo necesitan, ni tampoco crea soluciones que rompan con esas barreras, principalmente en las comunidades afroamericanas y latinas.
La forma tradicional de combatir la delincuencia no es con mayor gasto público en seguridad ciudadana, sin embargo, está ampliamente documentada la relación existente entre economía y delitos. Así, el creciente problema de delincuencia que afecta la ciudad de Nueva York, no se solucionaría solo con más funcionarios de seguridad ciudadana en las calles.

Si bien ambos temas -economía y delincuencia- parecen estar desvinculados, no lo están. Un bajo crecimiento y un mayor desempleo se asocian con un aumento de los delitos y eso es precisamente lo que estamos viendo hoy en día en la ciudad de Nueva York.
Las oportunidades de estudio y empleo son primero que todo, los factores que pueden evitar el inicio de niños y jóvenes en la delincuencia.
Reducir los niveles de delincuencia no pasa solo por un mayor gasto público en seguridad ciudadana, sino requiere fundamentalmente retomar el crecimiento y con ello volver a generar oportunidades de empleos, especialmente en la población joven más vulnerable.
El desempleo genera pobreza y la pobreza, a su vez, produce inseguridad económica y social. Es un proceso cíclico concatenado, pero factible de romper.
Para ello existen alternativas de solución, que conllevan voluntad y acción vigorosa de las autoridades pública de la ciudad de Nueva York para tomar medidas económicas adecuadas a nuestra realidad, potenciando la generación de empleos y encarar con coraje la desigualdad de oportunidades y las discriminaciones de tipo económico.
Sin embargo, mientras la delincuencia, la inseguridad y la violencia sean encaradas con medidas paliativas no se llegará al objetivo de garantizar el derecho de seguridad de los neoyorquinos.



























