Nos toca aceptar el desafío: reabran las escuelas

Nos toca aceptar el desafío reabran las escuelas.
El desafío nos desgarra, ambos, padres e hijos enfrentaremos el peligro fuera de nuestras casas, ambos debemos dejar el temor atrás y no llevarlos en nuestras mochilas junto a los libros.

No será fácil, tememos, tememos por la salud de nuestros hijos, tememos por nuestra salud. El temor se acrecienta por lo que las autoridades no entregan soluciones claras, las autoridades de nuestra escuela, la del barrio, desconcertadas, sin directivas claras de sus superiores, sin el dinero para implementar medidas, no logran darnos confianza.

A nosotros, los padres nos toca aceptar el desafío, por el bien de nuestros hijos. Su educación necesita que se encuentren con otros niños, que regresen a la vida social, que aprendan el uno del otro, que aprendan que no están solos, que les den la oportunidad de sentirse parte de este mundo, respetados en sus gustos, en sus diferencias, escuchados, sí, escuchados en sus intereses, en sus preguntas. Que sientan que tienen un lugar en esta sociedad.

Tememos enviarlos a las escuelas y a la vez necesitamos enviarlos, por ellos, por nosotros. Sin las escuelas donde dejar a nuestros hijos, sin los centros de cuidado infantil donde dejar a los más pequeños, somos millones, el 30% de la fuerza de trabajo, según la investigadora McKinsey, que no podremos regresar a ocupar nuestros puestos.

Por la economía, por nosotros, es decir por ellos, nuestros hijos, para poner comida sobre la mesa, necesitamos que las escuelas abran sus puertas.

El desafío nos desgarra, ambos, padres e hijos enfrentaremos el peligro fuera de nuestras casas, ambos debemos dejar el temor atrás y no llevarlos en nuestras mochilas junto a los libros o en nuestras cajas de herramientas o maletines junto a un desatornillador o un lápiz o un laptop, ambos debemos confiar, uno para aprender, el otro para poder poner su mente en el trabajo y ser productivo.

Ambos necesitamos confiar, y hoy, las autoridades educacionales, por lo que no tienen una voz preponderante, no nos dan confianza y temblamos al enfrentar el desafío. Y sin embargo sabemos que tenemos que enfrentarlo, que no tenemos los medios económicos para evitarlo, que no disponemos de una coraza dorada.

Hoy, los padres nos desgarramos, vacilamos, esperamos medidas claras que nos den confianza, medidas claras que nos permitan planificar nuestras vidas, sí, planificar nuestras vidas por lo que, sépalo el gobernante allá lejos en la Casa Blanca, tenemos una vida por delante, tenemos el derecho a planificarla, tenemos el deber de proteger a nuestros hijos y ello pasa por su salud mental, por su educación, por una alimentación decente y equilibrada, ello pasa por que no nos vean temblando de temor al darles un beso cuando cruzan el umbral de la puerta para entrar en lo que debería ser un templo de enseñanza.

Antes fue el temor a las armas de guerra, a las balas destrozando sus cuerpos, hoy es el temor a un virus invisible, a un enemigo tanto o más poderoso.

Hay que reabrir, pero sobre todo hay que inspirar confianza, hay que lograr que veamos las escuelas no como un enemigo potencial, un peligro escondido.

No se trata de reabrir edificios sino de abrir la mente, de abrir el sistema educacional en su totalidad, de reflexionar sobre qué, cómo y para qué estaremos enseñando, de ser capaces de dejar atrás viejos sistemas de enseñanza que entrenaba a nuestros hijos para exámenes estatales, no para pensar; para servir, no para crear.

Se trata también de darnos a los padres el lugar y el rol que nos corresponde en la enseñanza de nuestros hijos, y aunque parezca orgullo, sin nosotros la enseñanza jamás será completa, o todos mejoramos o regresaremos al pasado y a una enseñanza mediocre. Y sí, si nos entregan las herramientas podemos ser parte de la ecuación y contribuir a la enseñanza.

Nada deberá ser igual. No aceptaremos más escuelas de primera y de segunda clase, pedimos igualdad de oportunidades, pedimos se respete el derecho a la vida de nuestros hijos y ello implica el derecho a una vida plena durante su vida, la de ellos y la de sus hijos.

Al reabrir las escuelas, piensen en que la pandemia puede volver a golpearnos y ustedes nos regresarán a nuestros hijos a las casas y nos dirán que deberemos enseñar a distancia, como lo hicimos antes, pero olvidan que para ese antes ni ustedes ni nosotros estábamos preparados y perdimos meses de aprendizaje y ello hay que reconocerlo. Cerrar los ojos a la realidad no conduce a nada. En su combate contra el coronavirus Trump cierra los ojos a la realidad y ya sabemos a dónde eso conduce: muertes, millones de contagiados, desconfianza en las instituciones y en los políticos.

Piensen que en todas las soluciones que nos proponen: más días, menos días, más horas, menos horas, mañana o tarde, enseñanza mixta, presencial y a distancia, nosotros, los padres, debemos ser incluidos en la responsabilidad de su educación, pero para ello necesitaremos ayuda, ayuda para crear ese momento maravilloso en que padres e hijos aprendemos.

Todos tenemos que aprender en estos momentos de duda, de temor y desafío, todos debemos cambiar nuestra forma de pensar. Estamos viviendo un momento especial, hoy podemos abrir las escuelas y cambiar el sistema educacional y en él los padres tomar el lugar que nos corresponde como garantes del futuro de nuestros hijos.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en Nueva Jersey.

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