
Afortunadamente, no todos los ricos se le parecen a Donald Trump, allí están el ex alcalde Michael Bloomberg o Warren Buffett, entre otros.
Son decentes, altruistas, realmente caritativos (cuando las circunstancias lo ameritan) y no farsantes que nunca han hecho donativos reales o han usado parte de ellos en sus propios negocios.
Bloomberg hizo un retrato de Trump en el 2016: “Soy neoyorquino y reconozco a un estafador cuando veo a uno”.
Por supuesto, ser rico no es malo y no todos son iguales, pero es ‘peligroso’ que un club de‘ricos’ dirijan el país, porque se supone son de la misma catadura moral que quien los convocó.
Es peligroso que personajes con unos cuantos billetes apilados en los bolsillos y carteras, dirijan el país, porque en el futuro (si no es ahora mismo) lo usarán en su propio beneficio, sin ningún reparo.
Si siguen el libreto de su jefe, les interesará un comino no hacer público sus impuestos de estos años por décadas.
Claro, hasta que surja alguien con decencia mental en el Partido Republicano que les haga el pare a estas extrañas pirañas-garrapatas.
Hoy dicho partido tiene el espíritu complaciente del PRI de los 60 años en el poder.
O de los peronistas de la época kirshnerista o los fujimoristas de los 90’s.
Que Trump haya confesado tonta y eufemísticamente que le gusta tener gente rica en su gabinete, es para advertirnos: ¡Fuchi, a Uds. los no ricos, los quiero bien lejos, desaparezcan de mi vista!
Pero hay que vigilarlo, porque por esa conducta soberbia arruinó seis veces sus negocios y los llevó a la bancarrota.
Que Dios se compadezca de Estados Unidos de América y le devuelva la decencia. Aquí, la bancarrota no sirve.


























