No me vendan la guerra

Con todo respeto señor presidente, no me venda la guerra. Quizás uno de los logros de su gobierno, y que requería valentía, fue salir de Afganistán. Cierto, la forma de hacerlo fue catastrófica, pero se salió y se puso término a una guerra inútil que nunca debió comenzar.

Hoy, enfermo, y me temo, pensando en alejar el fantasma de la edad rondando sobre un posible intento de presentarse a su relección batiendo el récord de ser el presidente más viejo en la historia de los Estados Unidos, intenta aparecer como el guerrero, aparecer como el escudo protector de las vidas de los norteamericanos, y apretando un botón, en un juego de niños envía a la distancia un dron para eliminar a un terrorista en Afganistán.

Sabían donde estaba, y no estamos hablando de Osama bin Laden, estamos hablando de un cómplice de hace 21 años, y de que quizás pudo haber sido neutralizado de otra forma, pero usted necesitaba un golpe de propaganda, ser visto como el superhéroe en defensa de nuestras vidas.

“Justicia se ha hecho”, clamó usted señor presidente, “no importa el tiempo transcurrido”, declaró usted, señor presidente.

Justicia exijo yo por los crímenes cometidos, pero para mí, señor presidente justicia es llevar a los responsables frente a la justicia, darles las garantías que a nosotros nos negaron, de lo contrario, la diferencia entre unos y otros no existe.

No torturo por lo que conozco la tortura, yo también fui torturado, no violo derechos por lo que los míos fueron violados.

Si la motivación fuera electoral, señor presidente, recuerde: un dron no aleja el calendario, un muerto no rejuvenece, jugar con fuego quema.

No creo en un ángel vengador que se arroga el derecho de matar; cuántas veces no escuchamos esa frase en el pasado. Eliminamos en defensa de los nuestros y los nuestros, la mayor parte de las veces, son nuestros intereses. Cuánta arrogancia oímos en el pasado al escuchar el discurso de aquellos que intentaron imponer una forma de vida, una forma de gobierno.

Quizás, señor presidente, sea el momento de pensar en forma diferente, de preguntarse por qué una guerra comenzada hace 25 años continúa, o puede reavivarse.

Quizás sea el momento de retirarse y permitir que una nueva generación tome el bastón de mando, una generación que sueñe con la paz y no con la guerra, una generación que vea la justicia con renovados y no cansados ojos.

Con todo respeto, señor presidente, no me venda la guerra, es peligroso, más aún cuando vivimos tiempos peligrosos. Lo fue en el pasado, lo es ahora, jamás votaré por un presidente joven o anciano que me ofrezca la guerra, y esa es mi forma de hacer justicia y de soñar con otro futuro.

Con todo respeto, señor presidente.

 

* Escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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