No deshumanicemos a los trabajadores esenciales

EDITORIAL

Los trabajadores esenciales pasaron 21 días donde los viste llorar, reír, sufrir, retorcerse del dolor, aguantar hambre, sed, frío, incluso hasta burlas por los más incrédulos y bufones que decían que no “lograrían nada”, que su lucha y su huelga de hambre “era en vano”.

Llamaron la atención de todos los medios de comunicación a nivel local y nacional, su grito de “Cuomo escucha estamos en la lucha”, hizo eco en los legisladores estatales y en el gobernador Andrew Cuomo, que finalmente incluyeron en el presupuesto para el año fiscal 2022 a los trabajadores esenciales excluidos de todo tipo de ayuda económica federal.

Llegó el día 22, último día de huelga de hambre y fecha tope para la aprobación del
presupuesto. No sé cómo se enteraron, quizás a través de los medios de comunicación
o alguien directamente les hizo llegar la noticia.

Si, los trabajadores esenciales excluidos se hicieron escuchar, y los legisladores crearon un fondo de alivio económico de $2,1 mil millones, para el medio millón de trabajadores excluidos de Nueva York que no eran elegibles.

Los vimos saltar de emoción con efusivos abrazos, las postales que en esta
oportunidad representan llantos de felicidad, quedarán marcados en la historia de
Nueva York, porque los trabajadores excluidos ganaron un fondo, y “que el poder del
pueblo”, logró lo que muchos veían imposible.

A pesar de que no consiguieron lo que estaban pidiendo, crear un fondo de $3,5 mil
millones, muchos de los trabajadores y organizadores consideran que se logró una
victoria muy importante.

No es ajeno que la economía de este país, se ha solidificado sobre las manos de la
fuerza laboral inmigrante e indocumentada, que históricamente han sido excluidos,
viéndolos como una mercancía y mano de obra barata.

La pandemia del COVID-19 vino a exacerbar estas desigualdades, que de larga data han caracterizado a una de las ciudades más influyentes del mundo.

Este fondo de alivio económico, no hará millonario a estos trabajadores, sino que,
usarán ese dinero para pagar cuentas pendientes después de haberse quedado sin
empleo por más de un año y también, poder llevar alimento a sus hogares.

En todo trabajador inmigrante de algún rincón de la ciudad de Nueva York se ve el
reflejo de una ciudad que nunca para, sus rostros de cansancio que rebozan en alguna
ventana del bus o el tren que le aproxima a lo que todos ellos con orgullo llaman hogar.
“Aquí estamos y no nos vamos”, gritaron los huelguistas por más de 22 días.

“El fondo creado por este presupuesto contribuirá en gran medida a reconocer las
contribuciones vitales que nuestros neoyorquinos indocumentados han tenido en la
respuesta y recuperación de nuestro estado, y tengo la esperanza de que otros estados
comiencen a hacer lo mismo”, dijo la senadora estatal Jessica Ramos.

Las necesidades de una recuperación económica se encuentran latentes y los datos reflejados durante la recesión económica en Nueva York fueron evidentes.

Haciendo eco de ese sufrimiento económico en las familias de los inmigrantes que dejaron en sus países de origen, y en la que toda persona que deja atrás su país, siempre pasa por su mente el hecho inescrutable, indubitable e irremediable de enviar remesas.

La remesa es el último eslabón de la industria del desplazamiento. Para muchos es
dinero, cifras semanales, quincenales o mensuales, el código de la Western Union, la
fila del banco, o para ser más tecnológico y moderno, la aplicación de internet que te
cobra menos por envío.

Pero es más importante aún, la dimensión humana de la clase trabajadora, que, por obligación o designio, siempre es la más sufrida en todos los aspectos de la vida. Toda esa dimensión humana que hay alrededor de la remesa pasa desapercibida porque precisamente la industria del desplazamiento nos va alienando día a día. 

“Los trabajadores a los que se les negó el reconocimiento de su valor básico durante
más de un año celebran hoy una victoria que repercutirá en todo el estado y el país.
Este primer fondo brinda ayuda a una escala que se acerca a satisfacer las
necesidades de los trabajadores excluidos”, dijo Bianca Guerrero, coordinadora de la
coalición Fondo de Trabajadores Excluidos.

Nos deshumanizamos cuando olvidamos que estos trabajadores esenciales son
también el último eslabón de una cadena de trabajos precarios sobre los cuales recae
la responsabilidad que nunca asumirá ni el gobierno federal, estatal o local, siendo ellos
los principales responsables de los déficits fiscales por mal manejo del presupuesto y
las cuentas públicas que cargan, que, a la larga, podrían tener solución en el estado de
Nueva York con el cobro de impuestos a los multimillonarios.

Hablar de trabajadores esenciales inmigrantes e indocumentados, es hablar de las personas que sostienen al estado de Nueva York.

A veces me pregunto qué pasaría si por al menos 6 meses se fueran todos los inmigrantes. ¿Se estancará el trabajo de la construcción? ¿Dejarán de funcionar las fábricas? ¿Disminuirá la venta de cervezas o ron? ¿Quedarán los edificios de Queens, Bronx o Brooklyn vacíos?

En fin, son tantas preguntas que quizás no cabrían en este papel, pero lo más importante de todo esto, es ir poco a poco derribando las fronteras de la desigualdad y
la deshumanización hacia estas personas que día a día enfrentan una lucha diaria por
las calles de Nueva York.

Hablar de solidaridad y este diario vivir, es hacer ciertos los versos de Miguel Torga
que dicen:

«De un lado tierra, de otro lado tierra; De un lado gente, de otro lado gente;
Lados e hijos de la misma sierra, los mira el mismo cielo y los consiente.»

Inmigrantes celebran la "victoria" por fondo de ayuda en Nueva York

Compartir
[fbcomments]