
Para el establishment político debería sonar a hipocresía celebrar Navidad con cánticos de noche de paz y amor, cuando se promueve la expulsión de inmigrantes y su división familiar.
Cuando desde la presidencia del país se desata entre gallos y medianoche -distinto a la Noche de Gallos- la cacería de padres y madres indocumentados, y se les separa sin misericordia de sus hijos y nietos. Resulta como si el sable de Herodes se volviera a desenvainar en búsqueda de los párvulos no deseados o que resultan un ‘peligro étnico’ para los conservadores dizque ‘compasivos’.
Es paradójico, porque lo cierto y real es que los latinos son el grupo más homogéneamente cristiano de Estados Unidos. Los latinos sean católicos o protestantes, le duela a Trump, Sessions o Bannon, son el actual motor espiritual de este país.
Los latinos son la llave clave para que Estados Unidos que crearon los fundadores del país continúe sustentándose en sus raíces occidentales y cristianas, y no olviden: estamos a un paso al sur del rio Bravo.
Una Navidad sin latinos, sin embargo, es imposible ocurra. Todo lo contrario, todas las navidades y fiestas cristianas estadounidenses tendrán cada año más que pase un sabor multi latino-estadounidense, multi asiático-estadounidense multi-árabe (cristiano) estadounidense.
El día en que nació El Redentor, debe ser con noche de paz y amor real, no noche de terror con agentes de la migra persiguiendo a padres indocumentados o amenazando a jóvenes ‘dreamers’ de DACA que llegaron siendo niños.
Una Navidad sin Latinos, aun echen a millones, no ocurrirá: la Navidad se impondrá a la pesadilla.


























