EDITORIAL
Los neoyorquinos viven la época navideña enfrentando una serie de retos. Todos los residentes y visitantes de la ciudad, que como versa el refrán “nunca duerme”, enfrentan retos diarios en términos de movilización, que va desde la transportación pública con varios problemas de eficiencia en cuanto a capacidad, rapidez, limpieza y seguridad, así como los problemas para los transeúntes, con calles cada vez más atestadas por vendedores ambulantes, mendigos y un tráfico vehicular que contamina a nivel de ruido y polución.
La Navidad en Nueva York es famosa a nivel internacional por muchas razones, desde las atracciones turísticas, los famosos lugares de la ciudad con espectáculos mundiales, las tiendas de los diseñadores más famosos, los centros comerciales, todo decorado en forma espectacular, desde casas particulares, calles, parques, tiendas, etc., Nueva York está diseñada para que la Navidad sea la temporada de mayores ventas de la ilusión, la alegría y la más increíble diversidad de mercadería.
La comunidad latina de la ciudad, así como los visitantes, independientemente de la espiritualidad que se supone es el fundamento de estas celebraciones, deben analiza y reflexionar sobre aspectos muy actuales, como la contaminación. En una ciudad donde se generan toneladas de desperdicios diarios, donde se consumen cantidades inmensurables de energía, se gastan millones en objetos que no son de primera necesidad y donde cada día se sienten más las diferencias socio-económicas, las posibilidades de cambio positivo, son múltiples.
Fundamentados en los principios de un estilo de vida más natural, menos contaminado en términos de productos alimenticios, de respeto a la producción artesanal, la comunidad latinoamericana de Nueva York tiene las bases para presentar una propuesta propia, una serie de opciones que vayan desde la preparación y consumo de alimentos menos procesados, mayor reciclaje, hasta el consumo y adquisición por ejemplo de juguetes artesanales.
En un ambiente en donde se reciben frecuentemente noticias sobre el impacto del plástico en el ambiente, así como los daños incluso irreversibles en la salud de los niños, por el uso de juguetes plásticos en cuya fabricación se utilizan químicos nocivos, es posible rescatar varias tradiciones que además de ser más económicas, pueden representar una forma de apoyo a la producción sustentable de las comunidades, tanto en los países de origen como aquí. Así los oficiales electos, que tanta publicidad realizan de la entrega de juguetes plásticos de fabricación china, podrían entregar muñecas de trapo elaboradas por mujeres de escasos recursos, por mujeres encarceladas, juguetes de madera elaborados por personas con problemas mentales. Existen infinitas posibilidades para hacer un cambio positivo sustancial.
Los latinoamericanos deben alegrarse no solo de representar un número en el panorama nacional de Estados Unidos, si no de representar un motor de cambio en la forma de vida, una más saludable, una más respetuosa con el medio ambiente, una más solidaria con las comunidades de aquí y de allá.
Nos enorgullecemos de tantos negocios de comida latina por toda la ciudad y los propietarios de los negocios, que aportan tanto al crear fuentes de empleo, que esperamos sean no solo respetuosos de las leyes laborales y de protección de sus trabajadores, siendo además conscientes del poder que poseen para promover el desarrollo de la agricultura sustentable y saludable, del consumo de productos de buena calidad, cuya demanda al incrementarse podrá lograr la reducción de los precios, del reciclaje, tanto de sus empleados como de sus clientes, de promover el no desperdicio de plástico y otros materiales. Tienen el respaldo en la medida que sepan ocupar un liderazgo fundamentado en las grandes oportunidades que tienen de hacer un cambio positivo y de impactar la estructura de esta sociedad, en términos constructivos y con vista hacia el futuro.
Los medios de comunicación jamás se libran de su responsabilidad como amplificadores de la verdad o de la mentira, de lo vano o de lo trascendente. Se puede ser agente de cambio generando a la vez recursos. La sociedad busca calidad, necesita calidad, necesita compromiso con valores no solo de tolerancia, de respeto al planeta, a la vida, a los derechos humanos, a la originalidad y no al plagio, al profesionalismo y no a la improvisación.
Los latinoamericanos de Nueva York tienen además la posibilidad de convertirse en agentes de cambio en los países de origen, pero no de cambio negativo, llevando allá todo lo sintético, todos los productos de plástico fabricados en China, si no en cuanto a valores en detalles pequeños como el respeto a las mascotas o el reciclaje. Valorando y promoviendo la forma de vida natural de las culturas latinoamericanas en sus hábitos alimenticios, descartando el consumo de comida chatarra, observando hábitos alimenticios saludables y en un aspecto más contundente, rechazando la corrupción, dejando de importarla del tercer mundo, en práctica como el compadrazgo, la “mordida”, la adulación, el palanqueo, la improvisación, el figureo.
Navidad es mucho más que una época de vitrinas hermosas y regalos, es una oportunidad de reflexionar sobre el mundo que queremos y podemos construir, como individuos y como comunidad, ubicándonos en el tiempo en que vivimos y en el lugar donde estamos, sin romper la conexión con las raíces culturales y la identidad.
Navidad es tiempo de renacer, en los anhelos, esperanzas, pero sobretodo acciones positivas y constructivas.
Que esta Navidad en Nueva York, desde donde agradecemos la oportunidad de vivir en una sociedad mundial y convivir bajo reglas y bendiciones similares, independientemente de quienes somos, en nuestro origen, raza, idioma, creencia, etc., que tengamos la solidaridad y el coraje de vivir diariamente para construir un mejor mundo para los que vendrán.
Feliz Navidad 2018!


























