EDITORIAL
La gran metrópoli ya vive los días extra ajetreados de la temporada, en la que los negocios de diferente tipo, alimentos, turismo, transporte, hotelería, aerolíneas, atracciones, etc., etc., realizan las mayores ventas del año.
Sin embargo esta continúa siendo una celebración exclusivista, ya que las atracciones más promocionadas continúan siendo las de Manhattan, marginando a los otros cuatros condados de la ciudad.
Es una obligación de las autoridades locales y más aún de los oficiales electos en cada condado, promover la inclusión en esta gran temporada de comercio, que ayuda a balancear el presupuesto de todo el año en innumerables negocios.
Las agrupaciones comunitarias y grupos de base tienen no solo el reto, si no la gran oportunidad de rescatar, promover e incluso instaurar programas y proyectos para promover el acercamiento de los turistas a sus respectivos barrios.
En el panorama general de lo que actualmente ofrece la ciudad, es muy poca la presencia de la cultura latinoamericana y la gran pregunta es si acaso la comunidad no está recatando y promoviendo lo mejor de ella o existe una extensión del racismo a este tipo de celebraciones.
Si uno revisa las ofertas turísticas en Internet uno descubre que importantes organizaciones culturales latinoamericanas son totalmente inexistentes, se mantiene el monopolio cultural de los grandes museos y no aparecen por ningún lado entidades como El Museo del Barrio, que cuenta con apoyo de los oficiales electos, pero que parece no ofrecer atractivos suficientemente fuertes para los turistas.
Otra organización inexistente es la Sociedad Hispánica, que no parece tener apoyo ni siquiera de la misma comunidad latinoamericana de sus alrededores y habría que preguntarse seriamente a qué se debe esta situación.
No existe una sola buena gran biblioteca latinoamericana que sea un atractivo para turistas que prefieren el enfoque cultural, la biblioteca del Instituto Cervantes, nombrada en honor al gran escritor argentino Jorge Luis Borges, no se da abasto ni tiene la capacidad física de albergar más libros y al tiempo que rechaza donaciones, también realiza donaciones para deshacerse de libros que ya no tiene en donde colocar.
Organizaciones como la Sociedad de las Américas, que cuenta con un presupuesto importante financiado en parte por la diligencia activa de sus directivos que consiguen millonarias donaciones, no cumple una verdadera función cultural que no sea la presentación de fastuosas actividades culturales que requieren grandes presupuestos, pero que ha sido incapaz de lograr crear una buena biblioteca para la promoción de la cultura de las Américas en Nueva York y su edificio está fundamentalmente ocupado con oficinas para sus empleados y salones para recibir a jefes de estado y políticos que a la larga resultan estar involucrados en escándalos por corrupción.
La presencia de la latinidad a nivel cultural continúan prácticamente excluida y relegada a los condados satélite de Manhattan, pero ello no significa que la comunidad latina deba quedar excluida de la gran actividad navideña que genera los mayores ingresos a la ciudad de Nueva York.
La cultura latinoamericana vibra en cada barrio, a donde de alguna manera es importante promover la llegada de los turistas. Nueva York es mucho más que Manhattan y es fundamental que se unifiquen y fortalezcan los esfuerzos para promover turísticamente todos los condados de la ciudad.
Para ello es necesario comenzar por una mejora de estos barrios, con mayoría latina, pero no en espera de la asistencia gubernamental, sino desde las raíces, inculcando a sus habitantes mejores hábitos de vida, mayores esfuerzos por mantenerlos limpios de basura, promover el reciclaje que casi ningún negocio de comida hispana realiza, muy lamentablemente.
Es fundamental promover la cordialidad, la hospitalidad, el conocimiento de la historia de cada barrio, el rescate de los valores históricos y de los valores culturales. Los jóvenes indocumentados conocidos como sonadores puede ser clave en esto, siendo un importante puente lingüístico entre culturas, necesitan conocer más los valores de sus raíces culturales, para transmitirlos y promoverlos entre la comunidad anglo.
Las empresas necesitan un mayor compromiso de reciprocidad con la sociedad y la comunidad. La filantropía entre las empresas latinas es mínima, casi inexistente.
Los medios de comunicación necesitan una mayor independencia para no mezclar los intereses de sus grandes clientes con sus objetivos periodísticos de servicio social, humanitario y comunitario, que deben responder a valores y no a conveniencias ni a la adulación a sus clientes.
La Navidad, debe ser rescatada ademas como una etapa de profunda reflexión sobre la necesidad de paz, de misericordia, de respeto y tolerancia, una época de espiritualidad, que sin dejar de lado la oportunidad de crecer económicamente promueva los valores desde una perspectiva no de víctimas, si no de promotores de valores, que se demuestren en el diario vivir, en el respeto a la naturaleza a través del reciclaje, al rechazo a toda forma de violencia y crueldad con los animales, con los niños, con los ancianos.
Los latinos debemos reflexionar mucho durante Navidad, para reconocer que hemos sido históricamente comunidades que han discriminado a sus indigenas, a sus negros, que han abusado de sus animales, que no realizan reciclaje, que no promueven la limpieza de los barrios.
Hay mucho sobre que reflexionar, pero sobretodo para actuar y hacer de esta una hermosa celebración de paz, amor, hermandad, justicia y sobretodo de esperanza.


























