EDITORIAL
Como lo demuestra la evidencia histórica, el territorio de lo que actualmente es Estados Unidos, ha recibido inmigrantes desde hace por lo menos once mil años. Todos los ciudadanos americanos tienen raíces inmigrantes.
En la historia de Estados Unidos, la inmigración nunca ha sido un proceso que ha tenido un recibimiento incondicional e inmediato. Todos los grupos de nuevos inmigrantes han sido rechazados por los inmigrantes ya establecidos.
Por ejemplo, la oleada inmigrante procedente de Irlanda y Alemania entre 1815 y 1860 fue duramente repelida y atacada por los entonces llamados “nativistas” y como lo expresó el presidente John F. Kennedy, descendiente directo de inmigrantes, “los irlandeses fueron los primeros en enfrentar la discriminación y el rechazo”.
Cuando en 1890 se incrementó el sentimiento anti inmigrante, -que se convirtió en un movimiento fuerte con muchos simpatizantes-, incluso líderes obreros como Samuel Gompers, siendo él mismo inmigrante, se opuso a la nueva oleada de gente llegada de fuera, aduciendo que por ofrecer su trabajo a cambio de salarios muchos más bajos, iban a afectar el trabajo de los miembros de su sindicato. Entonces se aducía incluso que italianos, judíos o esclavos libertos, eran mental y físicamente inferiores a los europeos que habían llegado antes. El racismo fue frontal, entonces la discriminación se convirtió en un asunto de política nacional y promovió el desarrollo de leyes para combatirla.
La situación provocada por la presencia de más de cien mil nuevos inmigrantes en la ciudad de Nueva York, se evidencia ampliamente en toda la ciudad, desde el sistema de transporte público, calles, lugares turísticos, barrios de todos los condados, la nueva realidad migrante de la ciudad ha provocado un estado de malestar generalizado.
Gracias a las leyes municipales, que ya no castigan a quien hace sus necesidades en lugares públicos, toda la ciudad se ha convertido en un servicio sanitario, con calles, almacenes, etc. emanando olores desagradables. Los usuarios del tren han reportado como los nuevos migrantes hacen sus necesidades entre los vagones cuando el tren está en movimiento y decenas de mujeres con niños pequeños continúan vendiendo dulces de vagón en vagón, mientras las calles de barrios populares están inundadas de vendedores ambulantes sin licencia. Igualmente la prostitución se ha incrementado en locales dedicados a la venta de alcohol, restaurantes que en las noches se convierten en night clubs.
Sí, las historias de inmigrantes son increíbles, al igual que las dificultades y grandes obstaculos que han enfrentado para llegar a Estados Unidos, pero se ha desarrollado paralelamente una estructura fuera de la ley, para promover la emigración a cambio de cuantiosas sumas, que dejan a los inmigrantes endeudados, en peligro de extorsión y en una situación de perpetua esclavitud financiera.
Los migrantes están unificados por el deseo de cambio, pero sobre todo por el anhelo de libertad. No vienen porque quieren abandonar a su patria, llegan empujados por la realidad que viven sus países de origen. Son víctimas de la corrupción y de las redes del crimen organizado internacional aliadas a los poderes gubernativos en Latinoamérica, los nuevos inmigrantes buscan fuentes de empleo, mejores pagas salariales, educación, pero sobre todo buscan paz, tranquilidad y seguridad.
Estados Unidos es una nación con extensiones territoriales abundantes, grandes espacios, desiertos, valles y lugares donde deberían iniciar nuevos proyectos y nuevas posibilidades laborales en diferentes áreas, para asimilar la fuerza de trabajo que ha llegado.
Los niños inmigrantes son un tesoro, un potencial humano único e increíble, que puede ser modelado con los valores de libertad, respeto a los derechos humanos, tolerancia y democracia, que hacen a Estados Unidos líder a nivel mundial. Muchos de los pequeños nuevos migrantes tienen talentos inimaginables y pueden ser educados para desarrollarlos en ciencias, tecnología, medicina, seguridad cibernética. La historia demuestra los aportes de latinoamericanos notables en todas las áreas de la ciencia, artes, educación, cultura, política, deportes, etc.
Los beneficios de la migración para el crecimiento económico son innegables, en 2015, la contribución de los migrantes al PIB mundial fue de aproximadamente 6,7 billones de dólares equivalentes al 9,4% del PIB mundial. Pero los beneficios de aportaciones de trabajo, contrastan con lo que en marzo de 2023 el alcalde en rueda de prensa informó: “gastamos más de $650 millones de julio a febrero, un número astronómico y se estima que este próximo año fiscal será de $4.2 mil millones. Todos los servicios de la ciudad se verán afectados.”
Las autoridades locales solicitan al gobierno federal tomar medidas para implementar una estrategia de compresión en la frontera y vías rápidas para autorizaciones de trabajo a quienes buscan asilo y más fondos federales, pero no se ha presentado un informe público sobre el manejo de todos los fondos recibidos.
Para las autoridades la crisis migratoria se ha convertido en un asunto económico o político, dejando de lado su esencia, que es lo humano.
Nueva York es una ciudad multicultural, que valora la diversidad y aún cuando no estaba preparada para esta oleada migratoria, sabrá asimilarla y guiada por un buen liderazgo, visionario y optimista, sabrá utilizar todo el nuevo potencial humano a su favor, como lo ha hecho durante siglos.


























