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Los restaurantes latinoamericanos en Nueva York experimentan un crecimiento paralelo al crecimiento de la comunidad, pero simultáneamente enfrentan serios retos, no solo incorporándose al sistema administrativo local, además asumiendo una función de liderazgo empresarial, comunitario y cultural.
Los restaurantes son centros de promoción de la cultura de una comunidad y de una nación en diferentes aspectos, a través de sus productos, de sus platos típicos, de la música y arte que exhiben, de la hospitalidad, pero sobretodo son la muestra del crecimiento y empoderamiento financiero de la comunidad latina, capaz de generar fuentes de empleo y de pagar impuestos.
Cuando los propietarios de los restaurantes comprenden el rol cultural, social y empresarial que cumplen, saben que pueden convertirse en líderes de una comunidad, no solo apoyando los eventos de las diferentes agrupaciones, pero ejerciendo una función educativa, organizativa y de integración.
No cabe duda que la comunidad latinoamericana desde hace muchas décadas atrás, ha sido parte de la industria de restaurantes neoyorquinos inicialmente como mano de obra y lentamente ha logrado ser parte de la misma como propietarios de restaurantes de cocina europea o estadounidense.
En las últimas décadas ha habido un importante surgimiento de restaurantes con cocina y menús latinos, pero dependiendo de su ubicación, incluso de las relaciones intergubernamentales, enfrentan retos en la adquisición de productos, mano de obra calificada, pero el reto principal es definitivamente el elevado precio de las rentas, que limitan el crecimiento y el mantenimiento de los restaurantes latinos. En este aspecto la responsabilidad recae directamente en el Consejo de la Ciudad que hasta la fecha no ha tomado las riendas en la regulación de rentas comerciales que se encuentran por las nubes y han provocado el cierre de innumerables negocios, incluyendo un gran número de restaurantes, cuyos dueños se han visto obligados a venderlos o cerrarlos.
El inadecuado funcionamiento del sistema de control por parte del Departamento de Salud, que con su mal aplicada calificación por letras ejerce una muy desigual clasificación de los restaurantes, promueve cierto tipo de discriminación y que han provocado las quejas repetidas de propietarios de restaurantes, que exigen a la ciudad cambios y reestructuración, no ha recibido ninguna respuesta y ante todo ninguna acción efectiva por parte de la Alcaldía.
El asunto de las licencias para la venta de licor es un asunto que lo administra la autoridad estatal y en ese sentido también existen serios cuestionamientos, ya que esta es una de las primeras dificultades que enfrentan los restaurantes cuando inician sus operaciones.
A nivel interno un permanente proceso de entrenamiento se dificulta por la movilidad del personal de base, incorporación a las necesidades y requerimientos de una clientela muy diversa, que varia por áreas.
En medio de un ambiente complejo la función de los restaurantes latinos cumple un rol primordial en la promoción de una buena imagen de la comunidad latinoamericana, que sobrepasa el aspecto culinario. Los restaurantes latinoamericanos son en una primera instancia, centros de promoción de la cultura y la idiosincracia de nuestra comunidad y por lo tanto merecen respaldo total, pero a la vez deben mantener un nivel apropiado de funcionamiento.


























