ENTREVISTA EXCLUSIVA

Celebrando 25 años de una historia de amor entre Nueva York y el flamenco, el Flamenco Festival, fundado por Miguel Marín, reunirá a más de ochenta artistas de renombre en el corazón de la ciudad.
Del 25 de febrero al 15 de marzo, veinte compañías tomarán algunos de los escenarios más icónicos de la costa este, como el Jazz at Lincoln Center, el Museo Guggenheim, el Museo Metropolitano de Arte, el Instituto Cervantes de Chicago, el Knight Concert Hall de Miami, el Berklee Performing Arts Center y más.
Entre los participantes principales se encuentran nombres clave como Manuel Liñán, Eva Yerbabuena, Sara Baras, Olga Pericet, Andrés Marín, entre otros. Tras iniciar esta misión en 2001, Marín creó el festival con el propósito de presentar tanto el flamenco tradicional como el contemporáneo, destacar a figuras reconocidas y emergentes, y situar al flamenco en el centro de la cultura internacional.
A lo largo de los años, el festival ha llegado a espacios emblemáticos de todo el mundo y se ha convertido en la mayor plataforma del flamenco, alcanzando a más de 1.6 millones de espectadores y exhibiendo el talento de más de 170 compañías.
En una entrevista exclusiva con Impacto Latino, Marín reflexionó sobre el significado del 25 aniversario y el camino que lo llevó a convertir el Flamenco Festival en una referencia global.
¿Qué fue lo que inicialmente te cautivó del flamenco?
-Realmente me enamoré del flamenco en Nueva York. Fue precisamente con unos artistas españoles que vivían en un bar, La Repompa de Málaga, que estaban allí trabajando con su familia. Me causó un impacto muy fuerte el ver el flamenco fuera de España y valorarlo de una forma distinta.
Inicialmente estudiaste economía en Sevilla antes de dedicarte a la gestión cultural en Nueva York. ¿Cómo se dio esa transición?
-El destino estaba marcado. Yo me fui a Kansas City a estudiar economía, y justo en la cola para matricularme, conocí a una española. Empezamos a hablar, le decía que era tan aburrida la economía. Vi una asignatura que era stage manager, sin saber absolutamente nada, y allí fue mi primer contacto con el mundo del teatro.
En Kansas City, había también un grupo de flamenco, Tamara McIntosh “La Garbancita”, y fue también un descubrimiento ver el amor y la pasión que hay por el flamenco en Estados Unidos. Ya cuando vine a Nueva York, hice un máster en Performing Arts en NYU, y allí ya fue cuando empecé a dedicarme profesionalmente a la gestión del flamenco.
¿Qué te inspiró a fundar el Flamenco Festival?
-Mientras estaba en la universidad, empecé a hacer prácticas con la compañía de flamenco, Vivo Carlota Santana. Empecé a traer artistas de España para trabajar con la compañía. Trabajé también con el World Music Institute. Pero, el problema era que Nueva York es tan grande, que no tenía tanto impacto.
Allí nació la idea de hacer un festival que refleje la diversidad y la riqueza que hay en el flamenco. En el 2001, surgió el primer festival. La idea era mostrar el flamenco más tradicional y étnico, más contemporáneo, y luego un espectáculo de música. Mi objetivo era que hubiera una repercusión en la visibilidad del flamenco. En ese primer año, ya tuvimos una página en el New York Times. Fue como una señal de que había allí un camino por recorrer.
¿Cuáles fueron los mayores desafíos en el camino?
-Yo creo que el desafío mayor era servir de puente entre la forma de trabajar en Estados Unidos y la forma de trabajar en España y en el flamenco. El mundo del flamenco está muy profesionalizado ahora, pero en aquella época, los artistas no tenían una estructura de gestión profesional.
Entonces, era crear ese puente, satisfacer las necesidades de los artistas, a la vez satisfacer lo que necesitaban los teatros, y suplir todo lo que los artistas no tenían la estructura para ofrecer. Además, al principio, había una idea del flamenco que era muy estereotipada, la parte más racial y étnica.
Pero, el flamenco ha evolucionado muchísimo en estos veinte años. Ha habido una explosión de creatividad en el flamenco, que ha permitido que hoy haya muchas visiones de flamenco, que sea atractivo para un público muy diverso.
¿Qué representa celebrar este aniversario para ti?
-Para nosotros, es una celebración no solamente del festival, sino también de esta larga y verdadera historia de amor entre el flamenco y la ciudad de Nueva York. Por ejemplo, ha sido muy bonito investigar cómo, ya en 1890, una de las grandes divas de la escena cultural de Nueva York era una bailaora flamenca, Carmencita, que llenó el Madison Square Garden.
Entonces, descubrí que el flamenco ya ha estado presente durante 140 años. Es muy importante el papel que ha desempeñado la ciudad de Nueva York en lo que es la evolución del flamenco.
¿Qué tiene el flamenco que conecta de manera tan profunda con públicos internacionales?
-Es la intensidad emocional que se produce esencial al flamenco. No cuentan una historia, sino que va sobre las emociones básicas del ser humano. Yo me quedo muy sorprendido cuando veo a alguien que no hable español, y está completamente emocionado viendo un espectáculo. No es un arte de entender, solamente tienes que estar abierto a sentir, también por cómo se construye.
Es esa conexión que se produce entre los músicos, el guitarrista, el cantaor y el bailaor. El público es parte de eso.
¿Qué legado te gustaría dejar con el Flamenco Festival?
-El público que viene al festival viene muy abierto, y no viene condicionado por unas ideas preconcebidas de lo que debe ser el flamenco. Me gusta esa idea que el legado sea que los artistas puedan expresarse de una forma completamente libre, de acuerdo a lo que su corazón les diga. Esto es lo que garantiza la evolución del arte, y que al final se convierte en una experiencia espiritual de conexión.






























