México, la gota que derramó el vaso. Un llamado a la solidaridad internacional.

Por Ximena Hidalgo-Ayala

 

Los medios de información en castellano a nivel nacional tienen, gracias al secuestro de los cuarenta y tres estudiantes normalistas en el estado de Guerrero al suroeste de México, un tema de trabajo, el cual ha sido utilizado indiscriminadamente sin comprender las consecuencias que conlleva su manipulación.

Más allá del escándalo y la conmoción que un hecho criminal el cual produce indignación no solo en la comunidad local, nacional e internacional, dentro de un contexto más amplio tiene matices que superan al nacionalismo maniqueo excluyente, al morbo social, a la incapacidad periodística de generar trabajos investigativos y a la cobertura de los hechos desde la limitada perspectiva del escándalo de crónica roja.

A nivel de Latinoamérica existen numerosos casos de masacres, asesinatos en masa, secuestros, desapariciones innumerables, ejecuciones siniestras, pero esta situación no es exclusiva de un país al cual en los últimos años la prensa estadounidense se ha dedicado a iluminar los aspectos más negativos. Será esta una estrategia para acentuar las diferencias y abrir brechas culturales, económicas y sociales con el “hermano mayor” de los hispanos?

La situación de México debe examinarse desde una perspectiva más amplia, como un fenómeno sintomático de una realidad compartida a nivel continental y mundial. En esta medida los esfuerzos deben ser compartidos. Los 43 estudiantes son la gota que derramó el vaso en un proceso de descomposición social. Son solo una muestra de lo que sucede en Latinoamérica, en el creciente y desmedido poder de la corrupción, de la impunidad, del estrés emocional colectivo, del temor institucionalizado, la permanente violación a los Derechos Humanos, la persecución y asesinato a periodistas y activistas ecológicos.

Los estudiantes en la historia de la humanidad, junto a obreros e intelectuales son quienes han cambiado las estructuras y el rumbo de los pueblos. Con fundamentos históricos el famoso Fernand Braudel reconocido como el padre de la Historia Moderna denominó al movimiento desatado tras la masacre en Tlatelolco-México, “Revolución cultural de 1968” caracterizado por convulsionar los tres principales espacios de recreación de la cultura: la familia, los medios de comunicación y la escuela.

La matanza de Tlatelolco en 1968, los desaparecidos y asesinados en la Plaza de Mayo en Argentina en 1969, el asesinato de los 600 estudiantes en el Estadio Nacional de Santiago de Chile el 11 de septiembre de 1973, el cual todavía continúa abierto para lograr el castigo de los implicados, entre ellos Pedro Barrientos Núñez, asesino del compositor y maestro universitario Victor Jara, el cual reside en Estados Unidos y cuya extradición fue solicitada por la Corte Suprema de Chile en enero del 2013 sin encontrar respuesta hasta ahora. Victor Jara, en cuyo honor se nombró al estadio, fue acribillado junto a decenas de estudiantes chilenos y de diferentes países incluidos el profesor universitario Sócrates Ponce Pacheco y los estudiantes Felipe Campos Carrillo y Fredy Torres Villalba, ecuatorianos. Las masacres no conocidas, las ocultas y las que nunca se descubrirán.

La protesta como derecho de los individuos y los pueblos para expresar su inconformidad ha sido liderada por los estudiantes, simbolizados ahora por los 43 normalistas mexicanos.

Que esta sea la oportunidad de reflexionar sobre la protesta estudiantil continental y del mundo. Que sea un llamado a la solidaridad con causas justas en beneficio de la humanidad toda, solidaridad con los estudiantes venezolanos que exigen un cambio de sistema de gobierno y respeto a las libertades civiles, solidaridad con los estudiantes ecuatorianos que protestan por la explotación de la reserva ecológica Yasuní en la amazonía sudamericana. Solidaridad con los estudiantes soñadores en Estados Unidos para que logren estabilidad permanente y la unificación de sus familias.

Y como escribió el compositor argentino León Gieco durante la etapa de la represión: “Solo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”.

 

 

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