Mes de la ¿Historia Negra?

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Por Ximena Hidalgo-Ayala

 

Los colores fueron probablemente uno de los primeros referentes que utilizó el ser humano para clasificar. Los cambios de la luz durante las horas del día, los cambios en los paisajes durante las estaciones, es algo comprensible, lógico, natural, pero es algo extremadamente básico y en este momento de tecnología, ciencia y comunicaciones, es algo primitivo.

El Mes de la Historia Negra corresponde a la traducción textual de “Black History Month”, la celebración en los Estados Unidos del mes en que se recuerdan las contribuciones de la comunidad africana nacida en esta parte del continente.

Celebración establecida a principios del siglo pasado por Carter Woodson, un notable historiador que gracias a su preparación y nivel académico comprendió el vacío y desigualdad en los estudios que sobre este grupo étnico existían en ese momento.

En una etapa de marcado racismo solo un talento y dedicación de muy elevado nivel, hicieron posible que Woodson, negro hijo de esclavos, pudiera acceder no solo al sistema educativo, sino a los más prestigiosos centros académicos a nivel nacional e internacional. Estudió en la Universidad de Chicago y obtuvo su PhD en Historia en Harvard, siendo el segundo afroamericano en realizar lo que para ese momento fue realmente una hazaña.

Carter Woodson aportó en forma fundamental, incrementando los estudios sobre la historia de una parte de la sociedad estadounidense y eso nos llama a reflexionar sobre la necesidad de realizar un ajuste similar con otros sectores, que aún en la actualidad se encuentran en franca desventaja, entre ellos las tribus nativo-americanas y los mestizo-americanos.

La clasificación de las personas por el color, en este punto de la civilización y de la globalización, realmente no tiene lógica. Los colores no determinan ni la nacionalidad, ni el nivel académico o económico y peor aún el ideológico o espiritual. Tampoco son un referente geográfico, justificación que pudo tener algún sentido durante la etapa inicial de la invasión europea a América, hace más de cinco siglos, cuando los contrastes en el color de la piel era marcados.

Primeramente no todos los africanos son negros, así como no todos los asiáticos son amarillos, ni todos los europeos son blancos. Egipto es parte del continente africano y aún cuando hay teorías de que hubo reyes negros, el termino general de su población no “encaja en este color”, aún cuando son de piel oscura. Los hindúes son del Asia y por ser asiáticos no significa que sean “amarillos”. En la comprensión general de una persona al referirse a la raza amarilla, uno no se imagine a un hindú o pakistaní, por ejemplo.

La historia no debe clasificarse por colores y si de eso se trata ¿con qué color celebramos a la comunidad mestiza conocida como latina? Lo lógico sería con los del arcoiris, pero ese símbolo,- milenariamente utilizado por los nativo americanos del continente -, lo usurparon los grupos gay durante los inicios de sus luchas a nivel nacional.

Los erróneamente llamados latinos o hispanos, que en realidad somos mestizos de América, genética y culturalmente estamos tan mezclados y tenemos rasgos tan variados, no solo dentro de cada país, incluso en cada familia existen contrastes que expresan una diversidad y por ende una riqueza genética, histórica y cultural, que aún no la hemos comprendido ni valorado.

El solo hecho de colocar membretes a las personas o tratar de encasillarlas por el color de su piel, es racismo. Incluso en ciudades como Nueva York, en donde se producen las más increíbles mezclas étnicas, existe racismo, pero no solo por parte de algunos “blancos”, nadie puede negar que los “negros” y los “amarillos” son racistas y en sumo grado.

Ojalá los colores dejen de ser usados como estandartes de batallas políticas, cuando existen conflictos globales más grandes e importantes, en donde la verdadera lucha es de las fuerzas oscuras del mal vs. las fuerzas de la luz, la verdad, la libertad, la paz y la justicia.

Los seres humanos tenemos el mismo número de huesos y órganos en el cuerpo, pero si algo nos hace diferentes es el nivel en el proceso de desarrollo espiritual y cognitivo, valores como la integridad, honestidad, los buenos modales, cortesía, cordialidad, solidaridad, son realmente los que hacen la diferencia entre las personas.

Nadie escoge ni la raza, ni la madre ni la patria, pero los seres humanos tenemos la posibilidad de escoger algo muy simple: hacer el bien o hacer el mal. ¡Eso hace una gran diferencia!

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