Mes de la Herencia por descubrir

EDITORIAL

La celebración nacional del Mes de la Herencia Hispana es una ocasión de gran celebración pero ante todo de reflexión sobre la herencia de esta gran comunidad de casi cincuenta y siete millones de corazones latinoamericanos que laten en todos los estados de la Unión Americana.

La comunidad latinoamericana se vio beneficiada durante la presidencia del republicano Ronald Reagan, quien no solo otorgó una histórica amnistía a millones de inmigrantes facilitando su incorporación legal a esta nación. También estableció por ley la celebración que iniciamos en medio de retos gigantescos y obstáculos enormes por el clima de intolerancia racial y menosprecio de la fuerza inmigrante.

Sin embargo el mayor obstáculo para el desarrollo de la comunidad hispana es la falta de unión y de un liderazgo unificado efectivo, ello tienen muy en el fondo un problema original y es el que los hispanos no han logrado aún reconocer su propia identidad.

La diversidad cultural, étnica, nacional, racial, incluso idiomática, regional, etc., etc., etc., mal asimilada, se convierte en un laberinto de muros entre los hispanos, que por el contrario deberían asimilar la diversidad que poseen y que es parte de su naturaleza y por ende de su idiosincrasia, como una gran ventaja que equivale a un equipo nacional de futbol a nivel genético el cual poseen en su ADN.

Se supone que se celebra la herencia hispana cuando existe un gran desconocimiento de las raíces históricas y culturales. No importa las dimensiones físicas de los países de origen, en cada uno de ellos existe una variedad infinita de matices culturales y de expresiones que resulta difícil que aún habiendo nacido en ese lugar, uno pueda conocer absolutamente todo sobre la historia y la cultura.

Sin embargo, al reflexionar sobre la herencia hispana, se está mutilando en un cincuenta por ciento la esencia de la identidad de los hispanos, unificados por uno de los idiomas más ricos y hermosos que existen en la faz de la tierra, como es el Castellano. La comprensión de la dualidad genético-cultural es una tarea por el momento inconclusa. Los hispanos, herederos de una lengua y costumbres hispánicas, somos primordial y genéticamente americanos con una lengua, cultura y religión europeas.

Potencias culturales como Argentina al Sur y México al Norte de la linea imaginaria que divide al planeta, tienen profundas raíces en su riqueza humana, en sus talentos, en las grandes obras materiales e intelectuales que han construido a través de la historia, sin embargo no solo que hace falta una mayor investigación y promoción de esos aportes, hace falta un sentido de valoración e incluso afecto, para lograr una apertura intelectual y emocional que permita una integración por lo menos en términos de conocimiento para fomentar el respeto mutuo, base fundamental del apoyo mutuo real y efectivo.

Los retos de los hispanos actualmente son gigantescos, por un lado el problema de la identidad aún no descubierta o probablemente no deseada, temida, por ignorancia de su gran valor, por otro lado el rechazo de los grupos supremacistas, que no respetan el estatus legal de aquellos inmigrantes ya naturalizados estadounidenses inclusive, peor aún de los que no tienen estatus migratorio pero adicionalmente los gravísimos problemas de corrupción e impunidad en los países de origen.

Durante las celebraciones cívicas, culturales, es común escuchar que “nos sentimos orgullosos de ser mexicanos, peruanos, argentinos, ecuatorianos, colombianos, chilenos, bolivianos, guatemaltecos, hondureños, paraguayos, uruguayos, venezolanos, etc., etc.,” pero qué hacemos en realidad para mantener ese orgullo, cuando muchas veces somos nosotros quienes importamos una serie de anti-valores como el compadrazgo, el palanqueo inmerecido, la improvisación profesional, el soborno, el chantaje, el encubrimiento, la complicidad, una codicia desmedida que deshumaniza y deforma una conciencia íntegra.

Lo más grave es que el amor a la tierra de origen se utiliza en muchas ocasiones como un escudo ante el rechazo de una sociedad racista, pero en la practica no solo que no se hace nada por la patria natal, independientemente de enviar dinero o ayuda a la propia familia, lo grave es el silencio cobarde y cómplice ante una corrupción nacional que se extiende hasta estos lares.

Retos hay muchos, el flagelo de la desigualdad social, la concentración de la riqueza en manos d pocos, el desempleo, el narcotráfico, la corrupción, la impunidad, pero los latinos, independientemente de su situación legal, han demostrado desde un principio su gran valor, al renunciar al mundo en el que nacieron y crecieron para abrirse campo en una sociedad brutalmente competitiva y discriminatoria. Los hispanos en Nueva York, han demostrado que cuando se proponen pueden conquistarlo todo. Esperemos con fe que ese valor probado se fortalezca, que no se pierdan los valores de la familia, el respeto por los mayores, el respeto a la vida, a la naturaleza, mantener las cosas que nos gustan, como la música, los deportes, o la comida no es un mérito.

Que en este Mes de la Herencia Hispana que inicia, los hispano-hablantes abramos nuestras mentes y corazones para aceptar nuestra diversidad genética, para valorar las raíces nativas que también son parte de nuestro ser y su filosofía tan sencilla y profunda, de integridad, respeto a todo ser humano y a toda forma de vida, amor a la naturaleza y mantenimiento inclaudicable del honor, la dignidad y la integridad.

Somos la raza cósmica y debemos comenzar por conocer bien cual es nuestra herencia, para continuar el camino con entereza y decisión.

Compartir
[fbcomments]