
Si alguien pensó que el huracán ‘María’ no sería tan dañino por llevar el nombre de la madre de Jesús, se equivocó.
El huracán ‘María’ fue una desgracia y, aun mayor, cuando -después- se asoció al nombre de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América.
‘María’ y Donald, han sido la combinación más nefasta que ha tenido Puerto Rico desde que perdió su oportunidad para la independencia en 1898.
Luego que ‘María’ dejó a Puerto Rico vapuleado, destrozado e incomunicado a cada paso por donde atravesó, Trump le dio un responso, haciéndose de la ‘vista gorda’.
El fenómeno natural hizo su labor destructiva física, y el presidente, su renglón de socavamiento espiritual.
A Trump desde un inicio pareció le interesaba un comino la suerte de Puerto Rico. Era como si la desgracia hubiese ocurrido en Bangladesh, y no en un territorio asociado a Estados Unidos cuyos hombres y mujeres son ciudadanos estadounidenses.
Sus ‘tuits’ iniciales fueron prejuiciosos y ofensivos, destacando que Puerto Rico tenía “una gran deuda”, luego que su gente era ‘ociosa’.
En vez, de rápidamente llevar auxilio y desplegar a miles de soldados para que vayan en su ayuda, se trabó en un desagradable pico a pico con la alcaldesa de San Juan, Yulín Cruz.
Mientras tanto, la agente deambulaba desorientada y en estado de shock por los derruidos vecindarios boricuas. Como corolario, Trump fue a un torneo de golf en Jersey City, y la presea mayor del torneo se lo dedicó a las víctimas de los huracanes. ‘Solo en América’, como diría Don King.


























