Lucha contra la corrupción

La comunidad internacional lamentablemente ya se ha acostumbrado a las noticias diarias sobre casos de corrupción prácticamente alrededor del planeta entero. En esta ola malévola que contamina como una peste a casi todas las esferas de la sociedad, no se salva nadie.

Los casos de corrupción están a la orden del día entre estadistas y funcionarios gubernamentales al más alto nivel. En Latinoamérica casos de corrupción de presidentes, vicepresidentes, cancilleres, ministros, asambleístas, congresistas, concejales, gobernadores, incluso sus familiares y allegados, están prácticamente en los encabezados diarios de periódicos y noticieros.

Últimamente el sonado caso de las principales autoridades en Guatemala, la investigación en curso al canciller ecuatoriano por el famoso caso de la “narco valija diplomática”, las investigaciones similares al Presidente de la Asamblea de Venezuela por vínculos con el narcotráfico, el caso del hijo de la Presidente de Chile, la compra de jueces, autoridades e incluso de la policía, en todos los países del continente, ya son una historia que parece no tener fin.

En Estados Unidos el asunto no es ajeno y en los últimos meses han caído peces gordos. En medio del desalentador panorama existe la esperanza, de la gran mayoría, de que paulatinamente se instaure la integridad, fundamentalmente entre los servidores públicos. Pero como dice el refrán popular, el tango se baila entre dos, nadie puede realizar actos indebidos si existe alguien que no los encubra, que los exponga a la luz pública y ante todo que no participe de ellos. Incluso el silencio se vuelve corrupto, porque demuestra una complicidad cobarde y una pobreza moral.

La responsabilidad de parar la corrupción no es función exclusiva de los gobiernos, es una responsabilidad compartida con los medios de comunicación, los empleados públicos, maestros y padres de familia. La comunidad es corresponsable de la corrupción imperante, no solo por importar las deficiencias culturales heredadas y mantenidas durante siglos, la coima, el adulo, el palanqueo, el compadrazgo, el oportunismo, la farsa, pero además por alimentar diariamente una creciente ola de mediocridad, en la cual se improvisan oficios, conocimientos y destrezas, dando paso a la construcción e instauración de lo improvisado y del oportunismo arribista.

El futuro es de los latinos, dicen muchos. ¿Está realmente la comunidad latina preparada para afrontar el reto con integridad, dignidad y conocimientos?

Se encuentra en formación una Corte Internacional Anticorrupción. Ojalá se establezca sólidamente, fundada en principios que apunten a mantenerla íntegra, pensando en el futuro que toda la sociedad desea para los niños y jóvenes del ahora. Un futuro positivo, de paz, justicia, tolerancia, progreso y bienestar. Mientras tanto la lucha contra la corrupción se la libra diariamente dentro y fuera del hogar.

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