EDITORIAL
Las elecciones intermedias se celebrarán el próximo 8 de noviembre. En realidad, se trata de una tradición que tiene casi dos siglos de antigüedad, y que poco tiene que ver con el país que conocemos hoy.
A mediados del siglo XIX Estados Unidos era un país fundamentalmente agrícola, y los votantes —hombres blancos— debían desplazarse para ejercer su derecho al voto, cosa que hacían a través de caballos o carretas.
Pero no podían hacerlo durante los fines de semana debido a que estaban reservados para la práctica religiosa —los sábados para los judíos y los domingos para los cristianos—, y volver a casa los miércoles, el día del mercado. Así, solo quedaba viajar los lunes y votar los martes.
Por su lado, el mes de noviembre era un mes que encajaba muy bien debido a que la época de cosecha estaba terminando y lo peor del invierno aún no había llegado.
Las razones detrás de los martes de noviembre no encajan demasiado con la vida actual de la mayoría de los estadounidenses y, es por eso, que en los últimos años han surgido movimientos para cambiar el día, con el objetivo de aumentar así las cifras de participación electoral.
Principalmente la participación electoral que ha venido en aumento es el del voto latino, que se ha vuelto crucial en el rumbo te viene tomando el país por varios motivos.
La población latina en Nueva York está cada vez más en constante crecimiento y representa un porcentaje importante de la población neoyorquina. Por eso, los latinos juegan un papel fundamental en la decisión de las próximas elecciones intermedias.
En ese sentido, el voto latino es de suma importancia, por eso es indispensable que cada latino en Nueva York ejerza su pleno derecho para asistir a las urnas electorales. De esa manera crece en cada uno el debido ejercicio de reclamar los derechos a los que cada latino tiene.
Por lo tanto, Nueva York como ciudad pionera de compromiso que responde a las necesidades de grandes cantidades de ciudadanos inmigrantes que año con año llegan a esta ciudad en busca de mejores condiciones de vida, las elecciones se convierten en ese proceso democrático que podría dar un giro a los temas de interés para la comunidad latina.
Sobre todo, asuntos como la economía, el empleo y la educación han sido de prioridad para los votantes hispanos, y, por último, pero no menos importante, el interminable tema de las políticas de inmigración.
En años recientes hemos empezado cómo en la ciudad se prioriza el acceso a la salud, a la educación y los sistemas de refugio, aunque últimamente se ha visto un poco debilitado debido al colapso que tiene la ciudad por la afluencia de inmigrantes llegando de otros estados.
Cada latino debe considerar la participación política como un espejo donde se verán reflejados. Al momento de estar frente a las boletas se debe reflexionar sobre la decisión que está a punto de tomar, porque periódicamente estas decisiones darán respuesta a quiénes son, hacia dónde van, y sus proyecciones que tienen como ciudadanos.
Esta elección podría tener una trascendencia adicional para la comunidad latina, la de marcar un cambio relevante en la percepción de la importancia política de los latinos, ya reconocidos como la primera minoría demográfica del país al desplazar a la afroamericana.
De ahí que sea importante para una comunidad que por muchos años se ha visto marginalizada y excluida de la política, estar representada por líderes que ellos mismos eligieron, ya que al participar del ejercicio cívico-democrático deciden el rumbo del tipo de política que estará presente durante los próximos años.
Así que, los latinos como ciudadanos que contribuyen al dinamismo económico de la ciudad de Nueva York con el pago de impuestos, y otras actividades, deben darse un momento para revisar la plataforma y elegir el candidato que representará sus derechos y sean ellos mismos, quienes decidan qué rumbo tomará la ciudad y el estado de Nueva York.
Así que es importante al momento de elegir a nuestras autoridades, sean de origen latino o de cualquier origen étnico; los latinos como comunidad tienen que ser capaces de verificar y analizar los proyectos políticos, los candidatos y sin duda, el beneficio ciudadano como sociedad.
Así, pues, el voto latino tiene como propósito adherirse a una causa, una propuesta épica, un grito, una demanda, que represente y que lo incluye en un propósito como seres que vivimos en comunidad.
Después de la difícil situación que hemos pasado como comunidad por la crisis sanitaria del COVID-19 y la incertidumbre crisis socioeconómica que atravesamos.
Los latinos en estas elecciones de 2022 nos vamos a enfrentar a diversas alternativas políticas que nos presenten los candidatos a gobernador y vicegobernador y otros cargos políticos federales y estatales, pero necesitamos certezas para determinar qué es lo que realmente nos importa, que necesitamos para ir construyendo identidad y qué es desechable.
Es falso que el electorado latino de hoy en día se adhiera a promesas porque cualquier candidato puede ofrecer lo mismo. Es falso también, que el electorado latino se adhiera a razones, planes, o programas convenientes sólo a sus propios intereses, cualquiera puede realizar promesas de esta índole y no cumplirlas.
El electorado latino en cambio se adhiere a una causa, una propuesta épica, un grito, una demanda, que representa y que lo incluye en un propósito como seres que vivimos en comunidad.
Es casi similar cuando los latinos en 2021 nos unimos en una sola causa, al exigir la aprobación del Fondo de Trabajadores Excluidos, como ese grito unificado guiado por distintas organizaciones logró que se convirtiera en ley.


























