EDITORIAL
Esta semana en la ciudad de Nueva York fuimos testigos de un fallo judicial que vulnera los derechos de las personas no ciudadanas. La Corte Suprema del Condado de Richmond anuló la ley Nuestra Ciudad, Nuestro Voto (Ley Local 11-2022), que otorgaba a los neoyorquinos con estatus legal permanente o autorización de trabajo el derecho a votar en las elecciones municipales.
La aprobación de esta legislación que había sido calificada como histórica después de su entrada en vigor provocó enormes desafíos legales por parte de los republicanos que presentaron una demanda en los tribunales de la ciudad. Una demanda que omite los procesos democráticos de la ciudad.
La importancia de convertir a la ciudad en un modelo ejemplar y legítimo en el que todos se sientan representados está directamente relacionado con la capacidad de las instituciones políticas y sociales para, por un lado, articular y agregar intereses y, por otro, regular y resolver los conflictos entre ellos.
Quizás algunos se cuestionen ¿Por qué los no ciudadanos deberían tener ese privilegio que solo un ciudadano estadounidense tiene? Los argumentos de que una persona con tarjeta verde, permiso de trabajo, beneficiario de DACA o TPS, podrían ser muchos.
Solo por mencionar algunos, estas más de 800.000 personas que se hubieran beneficiado con esta legislación y quieren tener voz en las funciones de nuestra ciudad, pagan millones de dólares de impuestos cada año, habitan un espacio común y están inmersos en los problemas sociopolíticos de sus comunidades o barrios.
Al referirnos a estos procesos electorales, nos remontamos a uno de los términos más antiguos como es la Democracia. Sin embargo, el fallo de la Corte significa que a estas personas no se les permite tener ese derecho a participar de manera libre en elegir a sus representantes.
Bajo esta nueva perspectiva de la ley “nuestra ciudad, nuestro voto”, el voto de los residentes permanentes en la ciudad de Nueva York la hubiera convertido en una pieza fundamental de su sistema democrático. Aunque es muy importante tener en cuenta que, democracia es mucho más que el simple ejercicio de votar.
La importancia de este modelo ejemplar y legítimo en el que todos se sientan representados es que está directamente relacionado con la capacidad de las instituciones políticas y sociales para, por un lado, articular y agregar intereses y, por otro, regular y resolver los conflictos entre ellos.
La ciudad de Nueva York está dejando a miles de neoyorquinos en las sombras sin que participen en la democracia local. Los republicanos que se apuntaron una victoria al ganar esta demanda están dejando sin voz a quienes por muchos años han construido su vida en la ciudad e invirtiendo en sus comunidades.
Los políticos neoyorquinos no deben permitir que los abogados que van a apelar la decisión del juez trabajen de manera independiente. Es necesario, si es posible, realizar una declaración conjunta en apoyo a esta apelación.
Al no realizar ninguna acción ante esta decisión del Juez, miles de neoyorquinos se verán privados de sus derechos, a pesar de haber sacado adelante esta ciudad, siendo trabajadores esenciales durante una pandemia mortal.
La legislación aprobada el año pasado y que entró en vigor en enero de este año representa una oportunidad para remediar la contradicción entre llamar esenciales a tantos trabajadores inmigrantes, pedirles que arriesguen sus vidas para mantener la ciudad en marcha, mientras se les niega una voz en el gobierno local que toma decisiones vitales sobre su vive.
Los inmigrantes neoyorquinos forman parte de quienes han construido esta ciudad, pero la decisión del Juez de Staten Island es un revés para nuestra visión de una sociedad democrática Luchar por incluir estas voces en el proceso electoral es una responsabilidad que las autoridades políticas no deben eludir.
Es necesario continuar organizando y abogando por los neoyorquinos que desproporcionadamente sus voces no se toman en cuenta.
Las autoridades deben asegurarse de que estas personas tengan un futuro justo, equitativo y verdaderamente representativo, para que elijan a sus representantes y se guíen por los valores e ideales por los que por décadas han luchado como comunidad.
Este fenómeno democrático de participación ciudadana refleja la nueva mirada y la visión política de una ciudad que va más allá del acto de adhesión hacia un liderazgo, sino más bien, en un intercambio valórico en donde los electores buscan construir y reforzar su identidad en sus deseos, sus miedos, sus necesidades, y que los políticos, sin duda, están dispuesto a satisfacer en mayor medida.
Permitir que los residentes permanentes y las personas que poseen permiso de trabajo puedan votar, eleva los niveles democráticos, donde los candidatos no solo se enfocarán en algún sector de la población, sino que escucharán las necesidades de la población que paga sus impuestos, y financian los servicios de las instituciones.



























