EDITORIAL

A pocos días de que finalice el año, y aún con las caravanas de centenares de miles de inmigrantes atravesando Centroamérica y México para llegar a Estados Unidos, y con el masivo éxodo de venezolanos cruzando Suramérica, la migración marcó, sin duda alguna, la agenda política y el drama humano este 2022 en Nueva York.

Es más que sabido que lo que marcó este año que está por fenecer fue el tema de la inmigración, no solo porque aumentó el récord del flujo de inmigrantes llegando a la ciudad, viajando para encontrar una oportunidad que su patria les niega, si no, porque, aunque se han logrado cambios significativos, hay muchos que viven en condiciones precarias.

La crisis generada por la marcha de los inmigrantes centroamericanos y sudamericanos es una crisis humanitaria cuyos héroes son ellos, los inmigrantes. ¿Cuán grave no será la realidad que viven que los lleva a emprender el camino a este país, a sabiendas de los peligros, los desafíos e inclemencias que conlleva su decisión?

Las razones de fondo que los motiva son sabidas: pobreza, falta de empleo, falta de los Derechos Humanos básicos, crimen organizado, narcotráfico, y líderes políticos y económicos insensibles en extremo.

Sin embargo, una vez que los inmigrantes se encuentran en suelo neoyorquino, los desafíos a los que se enfrentan los inmigrantes son innumerables: inquilinos desalojados, falta de educación, incumplimiento de leyes de protección a inmigrantes documentados e indocumentados y un sinnúmero más. Pero siempre se mantiene la esperanza de que el nuevo año sea mejor, pero al mismo tiempo, la certeza clara de que habrá colinas más altas que escalar y obstáculos más duros que superar.

Ese es el sentir que comparten varios activistas e inmigrantes hispanos de esta ciudad, quienes desde diferentes frentes de acción llevan años luchando para que trabajadores, familias y comunidades vulnerables de los cinco condados puedan tener vidas más dignas, donde la justicia, la igualdad y el acceso a más oportunidades estén rigiendo el camino.

Y más allá del deseo de todos de que finalmente se pueda terminar con la pandemia del COVID-19, que tanto han sentido en carne propia los inmigrantes de la Gran Manzana, y que quede en los anaqueles como un mal recuerdo, los grandes anhelos que muchos esperan recaen en que se dé luz verde a varias legislaciones que beneficien a este sector tan golpeado.

La aprobación de proyectos de ley a nivel municipal, estatal y federal, más allá de los buenos deseos y las buenas vibras, parece ser la meta del 2023.

Uno de los gremios que espera grandes cambios que brinde mejores resultados, y por lo que no bajarán la guardia, son los Deliveristas Unidos, quienes esperan que el próximo año se aprueben leyes que mejoren sus ingresos y a la vez brindar mayores protecciones para que las aplicaciones asuman mayor responsabilidad.

Los inmigrantes son la columna vertebral de la ciudad de Nueva York, donde más de un tercio de la población nació en el extranjero y la mitad de todos los pobladores hablan un idioma que no es el inglés, es importante que se cumplan también demandas como acceso a educación con maestros bilingües, ya que esto facilita tanto al maestro como al alumno.

La movilidad estudiantil representa un reto para las comunidades que reciben a los estudiantes y requiere que haya recursos destinados para ayudar a estos nuevos estudiantes a adaptarse a su nuevo ambiente.

Otro aspecto importante, y es un tema de igualdad, es lo que se ha hecho siempre con resistencia estable: el derecho al voto del inmigrante.

Como parte funcional e influyente en esta ciudad, el ciudadano inmigrante debe estar inmerso en este proceso de integración social en la búsqueda de una verdadera democracia representativa.

La exclusión de los inmigrantes residentes de los derechos políticos comporta problemas para un proceso de integración, al menos desde tres puntos de vista: pragmático, normativo y simbólico.

El primero es pragmático. Si se priva de los derechos políticos a los inmigrantes residentes sus necesidades, anhelos y propuestas no cuentan en el ámbito institucional.

La negación de los derechos políticos a estas personas que viven en esta ciudad desde hace años, trabajando, formando familias y pagando sus impuestos, contradice los valores básicos de la democracia neoyorquina.

En un mundo tan globalizado como el de este país y esta ciudad, el derecho al voto de los inmigrantes ya no debería ser un tema del que deberíamos estar tratando.

Siempre la ruta del inmigrante ha sido peligrosa pero más ahora que encuentran renovados obstáculos en el camino y la muerte es también signo de la migración, como lo hemos visto especialmente a diario con la muerte que parece rondar a esa esforzada comunidad.

Es preciso, al finalizar el año, expresar a todos y cada uno de los migrantes que al ayudar a sus familias ayudan a todo el país, un enorme agradecimiento y reconocer el fruto de su esfuerzo y dedicación.

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