Por Ximena Hidalgo-Ayala
IMPACTO LATIN NEWS
Cuando en los años ochenta llegaron a las costas de Florida alrededor de 125.000 inmigrantes cubanos como consecuencia de la apertura del puerto de Mariel en Cuba, Estados Unidos los acogiócon los brazos abiertos otorgándoles el estatus de exiliados y todas las garantías que ello implicó, a pesar de que entre ellos, según dicen los propios cubanos, Fidel infiltróa sus espías.
Quienes llegaron fueron en su mayoría adultos y entre las familias que emigraron multitudinariamente también hubo niños, que ahora con seguridad son parte no solo de la estructura socio-económica, sino también política de esta nación.
Imágenes de gran contraste nos presenta la historia cuando actualmente la nación y el mundo entero presencian un éxodo de niños centroamericanos que llegan a Estados Unidos, no únicamente por el peligro de la violencia, la explotación sexual y la pobreza a la que probablemente y monstruosamente deben haberse acostumbrado, sino porque la simple razón de que sus padres se encuentran en este país, luchando como lo han hecho desde hace siglos los inmigrantes de Europa, Asia y Africa.
El ser humano, como rey de la creación, a la cual ha llegado parcialmente a dominar, tiene la obligación de garantiza el mantenimiento de la vida en el planeta y proteger a las criaturas vulnerables, incluyendo a especies animales y vegetales, -muchas de las cuales ya han desaparecido de la faz de la tierra-, y su más sagrada obligación es con los seres humanos más vulnerables: los niños son una prioridad.
La Casa Blanca ha informado que la mayoría de estos pequeños inmigrantes en la frontera sur serán enviados de regreso y se ha enviado a la guardia nacional, como si se tratara de terroristas, para que saquen a los menores de territorio estadounidense.
No se trata exclusivamente de una crisis humanitaria en la frontera suroeste de la nación, es un a prueba pública sobre principios y coherencia con la doctrina y la postura internacional de Estados Unidos y de su cada vez más cuestionado liderazgo como paladín de causas humanitarias.
Es el momento de exigir que se cumplan los Derechos Universales del Niño, aprobados por la Organización de las Naciones Unidas en 1959 y firmada por Estados Unidos, en cuyo preámbulo consta que:
“Considerando que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento y que la necesidad de esa protección especial ha sido enunciada en la Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos del Niño y reconocida en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los convenios constitutivos de los organismos especializados y de organizaciones internacionales que se interesan en el bienestar del niño y que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle… e insta a los padres, a hombres y mujeres individualmente y a organizaciones particulares, autoridades locales y gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y luchen por su observancia con medidas legislativas”


























