
La conquista española en América se estableció con Hernán Cortés en México y Francisco Pizarro en el Perú, luego vinieron capitanes implacables bajo órdenes e los virreyes.
Con ellos se desató el tráfico de esclavos negros y la extinción de muchas etnias autóctonas.
De la misma forma, ocurrió en Estados Unidos sin españoles como mercaderes de esclavos, pero sí con ingleses, portugueses, holandeses, entre otros, como intermediarios para poblar de negros esclavizados las plantaciones del sur de Estados Unidos.
Con el razonamiento “purista” de los que hoy levantan su dedo acusador contra el navegante italiano Cristóbal Colón, ¿deberíamos rotular como “racistas” todas las películas y libros sobre la conquista del oeste donde todos los “buenos” son blancos y los “malos”, indios? ¿Sería justo satanizar a todos los actores que se “prestaron” para esta “infamia” de entretenimiento? ¡Esto es ridículo! A este paso podrían estar en la picota destacados políticos y militares estadounidenses de la Primera y Segunda Guerra Mundial, guerras de Corea y Vietnam, incluyendo Irak y Afganistán.
Con similar criterio que Cristóbal Colon fue un “genocida” de los indígenas, entraríamos en el terreno de ver completamente negativas todas las intervenciones estadounidenses que han causado muchas bajas civiles en guerras muy complejas.
Dicha posición es absurda. En este marco, suena sensata la posición del gobernador Andrew Cuomo al respecto: celebremos ‘Columbus Day” e ‘Indigenous Day” el mismo día, pero pasemos la página de la historia del pasado. Dejemos lo pasado en el pasado, lo que pasó, pasó.


























