En el aniversario de un intento de golpe de Estado el 6 de enero del 2021 saldrán a la luz pública los profetas de las dos caras de la democracia. Unos dirán: “la democracia está en peligro”, otros, “la democracia estaba en peligro y salimos a defenderla”.
Así, la discusión perderá el rumbo y nuevamente ocultará la realidad del país más allá de un aniversario, más allá de quién tiene la razón, más allá de los réditos políticos que se quieran obtener.
No, no se trata del 6 de enero. Ello va más allá de la responsabilidad de un jefe de Estado que, por ambición, propició un intento de golpe para permanecer en el poder, más allá del fanatismo de algunos, más allá del análisis miope que no quiere ver más allá, y ese más allá implica analizar más atrás, llegar a las causas que hacen que la democracia se haya debilitado y que los olvidados salgan a las calles a reclamar sus derechos.
La democracia está en peligro cuando los partidos políticos dejan de representar los intereses del país, para entrar al servicio de los intereses de una casta gobernante, del poder del dinero, de aquellos que los llevaron al poder para, ambos usufructuar de sus posiciones de privilegio.
La democracia está en peligro, cuando la salud se ve como un negocio y se deja en manos de consorcios multinacionales, cuando los seguros médicos se ven no como una protección del ciudadano sino como un negocio que llenará los bolsillos de los poderosos.
La democracia está en peligro cuando se muere hacinado en departamentos “sociales” llevados por el fuego o las inundaciones.
La democracia está en peligro cuando se piensa en reelecciones y no en soluciones a los problemas del país.
La democracia está en peligro cuando se impide el recambio generacional, el surgimiento de nuevas ideas y de nuevos líderes, una forma disimulada de autocracia.
La democracia está en peligro cuando los medios difunden una opinión sin entregar los elementos de reflexión para analizar los hechos y que sea el oyente o el lector quien se forme su propia opinión.
La democracia está en peligro cuando la elite nos lleva a discutir la superficie y no las causas de los problemas y la forma de solucionarlos.
La democracia está en peligro cuando a la violencia del sistema se opone la violencia del fanatismo.
La democracia entró en peligro no el 6 de enero del 2021, entró en peligro cuando la elite se encerró en sus privilegios poniendo en peligro la vida y el futuro de la mayoría, aquellos a los que les niegan sus derechos.
No, no fue ese 6 de enero que la democracia entró en peligro. Entró en peligro cuando se dejó de gobernar “para y por” el pueblo, y se comenzó a gobernar “por y para” una minoría.
* Escritor, poeta, director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.
EE.UU. afronta el vértigo de revivir el asalto al Capitolio de 2021



























