La prevención de la violencia domestica y de genero es responsabilidad de todos

EDITORIAL

La violencia de género es un término general utilizado para capturar cualquier tipo de violencia que tenga sus raíces en la explotación de relaciones de poder desiguales entre géneros. Esto puede incluir normas de género y expectativas de roles específicos de una sociedad, así como desequilibrios de poder situacional y desigualdades.

La violencia doméstica y de género, es un tema en el que las autoridades de la ciudad de Nueva York no pueden hacer la vista a un lado, porque es un mal con réplicas que nos afecta a todos, ya que es un comportamiento violento o agresivo dentro del hogar, típicamente involucrando el abuso de un cónyuge o pareja.

La violencia doméstica es un comportamiento abusivo que ocurre entre miembros de la familia o parejas íntimas. Las parejas íntimas incluyen a su esposo / esposa o novio / novia actual o anterior, la madre / padre de su hijo o una pareja con la que vive o solía vivir.

El maltrato puede tomar la forma de abuso físico, sexual, psicológico, emocional o económico. Y los niños de las víctimas enfrentan estas mismas realidades con frecuencia.

Cualquier persona puede ser víctima del abuso. La violencia doméstica puede sucederle a hombres o mujeres de todas las edades. Afecta a personas de todos los niveles de ingresos y educación.

La violencia no se relaciona con la edad, el estado civil, la riqueza o posición social, todos podemos ser víctimas de violencia, ya que proviene de cualquier sector social. Cada incidente de violencia doméstica y de género debe ser atendido con rigurosidad en tiempo y forma porque viola los derechos de un individuo y afecta significativamente la seguridad, la salud y la calidad de vida de quien la padece.

Por tal motivo, deben existir medidas necesarias con políticas que proporcionen el apoyo a las víctimas de violencia doméstica y de género que necesitan estar seguras y sanas.

Por ejemplo, viviendas seguras y estables, ya que muchas de las víctimas abandonan sus hogares donde sufren estos abusos. Ayudar a estas personas en ese estado representa una misión loable.

La mayoría de los ciudadanos neoyorquinos expuestos a estas situaciones peligrosas, son los más vulnerables de la ciudad, pues es a ellos a quienes principalmente hay que mostrarles todo tipo de herramientas de ayuda.

Por lo tanto, es fundamental equipar a cada víctima con recursos que pueden ofrecer algo de consuelo y estabilidad durante un momento increíblemente difícil.

Apoyar a las sobrevivientes de violencia doméstica y de género requiere una consideración cuidadosa de sus necesidades más urgentes y las mejores maneras de satisfacerlas. Así, no es de obviar que la violencia doméstica es una de las formas de violencia de género que se presenta en el ámbito doméstico, el objetivo es el mismo de ejercer control y dominio sobre la mujer para conservar o aumentar el poder del hombre en la relación.

Por todo ello, este es un problema que debe ser abordado de manera integral, dándoles participación a todos los profesionales e instituciones de la ciudad que puedan aportar algo a su solución actual y a su erradicación en el futuro.

Se han determinado tres momentos críticos en que se puede acrecentar el riesgo: cuando la mujer toma la decisión de separarse y se lo dice a su pareja, cuando se ha interpuesto la primera denuncia por malos tratos y cuando se solicita medidas de protección.

Sin embargo, ninguna mujer neoyorquina que esté padeciendo este mal debe de sentirse restringida a solicitar ayuda a las autoridades o instituciones de la ciudad, ya que este es un problema en espiral que cada vez va aumentando, y en muchas ocasiones terminan con la muerte.

Porque, como mencionamos anteriormente, las consecuencias de la violencia doméstica son siempre un daño en la salud física, psicológica y social de la mujer, un menoscabo en sus derechos humanos y un riesgo para la vida

En estos casos se debe de mantener una estricta confidencialidad, brindando información sólo a las entidades de la ciudad relacionadas con la protección de la mujer.

De ahí la urgencia de continuar con esfuerzos en apoyo financieros de las organizaciones dedicadas que brindan atención a las víctimas, los sobrevivientes y las familias. Financiamientos que ayudarán a compensar los desafíos fiscales que los programas de ayuda han experimentado en los últimos años para extender el importante trabajo que realizan.

Por último, es imperativo no dejar de atender los casos de las mujeres negras e hispanas, quienes se han visto afectadas de manera desproporcionada por los homicidios de parejas íntimas.

Estos casos a menudo se encuentran entre los más desgarradores y también los más desafiantes legalmente. Las autoridades de nuestra ciudad deben siempre centrarse en ampliar el apoyo a las víctimas de delitos, que con demasiada frecuencia no reciben los servicios necesarios a pesar de que el tema de la violencia doméstica y de género es un problema de salud pública.

Apoyar a las sobrevivientes de violencia doméstica y de género requiere, además, una consideración cuidadosa de sus necesidades más urgentes y las mejores formas de satisfacerlas.

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