Por Karina Borodnikoff
IMPACTO
Internet cambió la forma de hacer política y las actividades llevadas adelante por los servicios de inteligencia.
Pocos días atrás, Hillary Clinton tuvo que salir a dar explicaciones por haber utilizado su cuenta de correo electrónico personal, para temas gubernamentales y privados. Esto viola una ley federal que prohíbe tener en actividad cuentas de emails personales, cuando se ocupa un cargo oficial.
Hillary fue descubierta luego de un trabajo llevado adelante por el comité legislativo, que investiga los ataques terroristas de Libia, en el año 2012. Pero obtener esta información no es algo que sucede de casualidad. Para encontrar hay que buscar y, para buscar, hay que contar con determinados “permisos” y conocimientos. La red se ha convertido en una fuente de información sin precedentes. Hay expertos y nuevas disciplinas que se abocan de lleno a descubrir patrones, tendencias e información sensible. Desde la prevención de actos terroristas, hasta las estrategias políticas, están sujetas a la información que se saca en limpio de las grandes bases de datos, creadas por estos expertos.
El avance de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación, la invención de Internet y de la WWW, permite la acumulación de grandes cantidades de datos, que circulan a través de múltiples plataformas: ordenadores, tablets, dispositivos móviles, GPS, sensores digitales, equipos industriales, entre muchos otros. Big Data es el término que se utiliza para describir estos enormes volúmenes de datos, que existen en Internet y la posibilidad de obtener información mediante su procesamiento.
El gobierno de los Estados Unidos, junto a los servicios de inteligencia, trabajan en el desarrollo de sofisticados software que puedan procesar esta información y clasificarla en distintas bases de datos. Información que recopilan a través de sus sistemas de vigilancia y clasifican para elaborar amplios perfiles sociales y personales de ciudadanos de todo el mundo.
Expertos en minería de datos, científicos de la computación, matemáticos y analistas de inteligencia, trabajan con programas complejos que cruzan datos a gran escala. GPS que permiten rastrear ubicaciones geográficas, satélites, actividad en las redes sociales, llamadas telefónicas, cuentas bancarias, registro de votantes, actividad comercial. Todo tipo de fuentes que suministren información, para elaborar perfiles de ciudadanos que le permiten predecir conductas, establecer riesgos, detectar actividades sospechosas, narcotráfico, espionaje, posibles filtraciones de secretos de estado y alertar sobre personas que encajan con conductas terroristas. Esta es la forma más moderna de espionaje: un gran banco de metadatos, sofisticados software y expertos que confeccionan esquemas complejos de conexiones sociales y gráficos a gran escala.
Para finales de la década del ochenta, sólo el uno por ciento de la información del mundo era en formato digital. El noventa y nueve por ciento correspondía al formato analógico.
Hoy, en el año 2015, la proporción se invirtió de manera radical: el noventa y nueve por ciento es digital y el uno por ciento es analógica.
Esto no significa que producimos menos información analógica, ya que aún crece en un siete por ciento anual, aproximadamente. Pero la información digital lo hace en una proporción inmensamente mayor, en el mismo período de tiempo.
Científicos de la Universidad de Berkeley, California, realizaron una investigación para medir el Big Data y así estimar la cantidad de información disponible a nivel global:
Desde comienzos de la historia de la humanidad hasta el año 2002, la cantidad de información creada equivalía a un total de 5 mil millones de gigabytes de información. (El bit es la unidad mínima de información que se utiliza en informática). En el 2011, la misma cantidad de información era creada cada 48 horas y en el 2013, cada 10 minutos.
La cantidad de datos que circula sigue creciendo de manera exponencial y el número cambia de manera dramática.
La comunicación se ha acelerado de manera sin precedentes, gracias al formato digital, en donde la información puede ser transmitida en tiempo real, lo que equivale a la velocidad de la luz.
El sistema digitado para la elección presidencial es un potente ejemplo de la utilización matemática del universo de datos de los votantes, que circulan por diversas plataformas y son utilizados de manera estratégica.
Si lo que se necesita es quórum político, por ejemplo, el software, los algoritmos matemáticos, las bases de datos y la gente indicada, son suficientes para este objetivo. El comité de campaña electoral del actual presidente, Barack Obama, utilizó lo que se conoce como el “targeted marketing” (marketing personalizado).
En la campaña presidencial, para lograr el segundo mandato de Barack Obama, contrataron aproximadamente 40 ingenieros informáticos, provenientes de compañías como Google, Twitter, Facebook, Craigslist y de otras empresas expertas en tecnología, para identificar a los votantes que aún estaban indecisos.
Crearon perfiles de 16 millones de votantes, clasificados según diversas características y parámetros. Obtuvieron la información de múltiples bases de datos e hicieron un seguimiento sistemático en las redes sociales. Extrajeron sus gustos, preferencias, ideologías y les dijeron lo que querían escuchar. Lograron influenciar positivamente, en favor de Obama, en el 80% de aquellos votantes indecisos.
El principal estratega de la campaña de Obama, Jim Messina, explicó que la utilización de un potente motor digital, que permitió analizar, cruzar información y clasificarla, fue clave para elaborar perfiles de votantes, establecer su localización geográfica y delinear estrategias para llegar a ellos a través de diferentes plataformas. Aspectos determinantes del triunfo de Obama.
Messina recibió consejos del presidente de Google, Eric Schmidt, entre los que se destaca: “No necesitás a políticos, lo que necesitás es gente inteligente a la que le vas a dibujar lo que querés y ellos te lo van a construir”.




























