EDITORIAL

La educación es una herramienta fundamental de protección de la dignidad humana. Es preciso reconocer que los derechos humanos adquieren aún mayor sentido cuando su cumplimiento está amenazado.

Por ejemplo, cuando las personas están obligadas a huir para escapar a un conflicto armado o a la persecución, o simplemente emigran para mejorar su situación socioeconómica. En su país de llegada, su situación educativa puede ser incierta.

Para las personas que se encuentran en condición de refugiados en la ciudad de Nueva York, la educación es el mejor modo de convertirse en miembros de pleno derecho de la sociedad neoyorquina.

Los trabajadores inmigrantes en la Ciudad, en la mayoría de los casos, buscan que sus hijos se beneficien intelectual y socialmente de la escuela donde adquieren conocimientos sobre esta sociedad que integran.

La ciudad de Nueva York atraviesa un cambio demográfico que se está expandiendo en las escuelas de los 5 condados a medida que miles de inmigrantes llegan con sus hijos, lo que los convertirá en unos años en la fuerza laboral de la ciudad, sobre todo en esa búsqueda de reducir las brechas de la desigualdad racial y económica.

Los solicitantes de asilo que aguardan una decisión sobre su futuro necesitan cursos básicos de lengua; por lo tanto, la educación, se convierte en una herramienta fundamental durante este proceso.

Como muchos padres inmigrantes que han llegado en los últimos meses a la ciudad, su mayor objetivo es brindarle una mejor calidad educativa. Estos padres consideran que inscribir a sus hijos en las escuelas les brindará un mejor futuro, lo que ayudará además, a romper ese ciclo educativo, donde los padres posiblemente no tuvieron la oportunidad de acceder a la escuela.

Para los inmigrantes indocumentados de la Gran Manzana, el acceso a una educación básica aporta una cierta estabilidad y, aunque no representa una apariencia de normalidad en sus vidas, en cierta medida aumenta su autoestima.

El derecho a la educación debería ser una obligación para todos, se debería, pues, dar acceso a servicios y a recursos financieros para que nadie se vea privado de competencias escolares básicas, por hablar sólo del mínimo indispensable.

Ahora bien, la situación educativa de los solicitantes de asilo y de los refugiados en los campamentos de acogida provisionales situados en varios sitios de la ciudad, representa un importante desafío.

Por lo tanto, la ciudad se encuentra tiene un reto, ya que, si se les niega a estos niños una educación básica de calidad, podría perderse toda una generación.

La educación para todos, sin discriminación alguna, está garantizada por el derecho internacional de los derechos humanos. El principio de no discriminación se aplica a todos aquellos que están en edad escolar y residen en el territorio de un Estado, incluidos los no ciudadanos, e independientemente de su situación jurídica.

Por consiguiente, los inmigrantes de la ciudad de Nueva York que se encuentran en situación irregular o indocumentados pueden invocar el derecho a la educación.

Pero, por otra parte, los recién llegados tienen un legítimo interés en convertirse en miembros de pleno derecho de la sociedad, mediante su participación y su inclusión progresiva. Y en esto la educación desempeña un papel fundamental.

La distribución de los recursos financieros de la ciudad de Nueva York, está en la obligación —como modelo de ciudad santuario — de respetar al mismo tiempo los derechos humanos de los que se encuentran en condición de refugiados y brindarles asistencia y protección.

Es algo obvio que algunos refugiados se quedarán probablemente de forma permanente porque les es imposible volver a su país de origen. Por lo tanto, es indispensable que, conjuntamente las autoridades locales, estatales y federales anticipen y diseñen políticas de educación que estén culturalmente adaptadas a fin de que los interesados puedan estar integrados y tener acceso al mercado de trabajo.

Los maestros también tienen un importante desafío, porque cuando los niños llegan a un salón de clase, no tienen las mismas habilidades de lenguaje con el idioma inglés, lo que representa para los maestros tener esa visión de inclusión y crear un entorno natural entre estudiantes recién llegados y los que ya están dentro del sistema.

El lenguaje sin duda alguna conecta la escuela, el hogar y el entorno. Y mantener una buena comunicación entre todos es muy importante. Las aulas donde los maestros celebran los idiomas y las culturas de los estudiantes inmigrantes de manera significativa brindan un espacio seguro para que los niños crezcan.

Ante todo, debe encontrarse un equilibrio entre las necesidades de los niños inmigrantes y el tratamiento diferencial de los ciudadanos y los no ciudadanos en cuanto al acceso a la educación.

Es imperativa la enseñanza de la lengua desde el momento de la llegada para una mejor adaptación social.

Es importante que los derechos de los inmigrantes a la educación sean ampliamente reconocidos como derechos humanos inalienables y no solo como simples metas que deben alcanzarse a través de medidas políticas.

Las autoridades educativas de la ciudad de Nueva York, en conjunto con la administración del alcalde Adams —para quien la educación debe ser una prioridad— deben tener conciencia de ello y actuar en consecuencia.

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