La dialéctica del cambio: dudas y certezas

George Floyd
¿Cuál hubiera sido la reacción en los Estados Unidos si hubiera sido un negro, Georges Floyd, quien durante 8 minutos cuarenta y seis segundos hubiera estado aplastando con su rodilla el cuello de un ciudadano blanco, Derek Chauvin, hasta quitarle la vida?

¿Qué hubiera pasado si alguien no hubiera filmado el asesinato de George Floyd?

¿Qué hubiera pasado si la pandemia no nos hubiera expuesto al temor de la muerte?

¿Fue el miedo a la muerte lo que nos hizo perder el miedo a enfrentarla al tomar conciencia de
que esta busca sus víctimas más allá de nosotros mismos?

¿Qué hubiera pasado si el temor al contagio nos hubiera silenciado?

¿Hay que dudar de los que guardaron silencio y que hoy parecen cotorras?

¿Qué hubiera pasado si no nos hubiéramos confrontado con la insensatez del presidente?

¿Qué hubiera pasado si América no hubiera cambiado con la rapidez de un rayo en su percepción de la injusticia racial y social?

¿Pasará la emoción y regresará el olvido?

¿Ha pasado el peligro del Covid-19?

¿Dominamos la pandemia?

¿El acercarnos a tener una vacuna significa que ya estamos a salvo?

¿ Están quienes nos gobiernan velando por nuestra salud?

¿ Borrarán las manifestaciones siglos de racismo?

¿Basta con sacar los símbolos?

¿Qué nos asegura que los cambios serán reales?

¿Quiénes continúan defendiendo el statu quo de la policía?

¿Cuál es la responsabilidad de Trump y cuál la de Mitch McConnell?
¿Cuál es la responsabilidad de los legisladores?

¿Cómo convertir el voto en arma de la democracia?
¿Cómo lograr que la presión transforme nuestro mundo, nuestra realidad, nuestro entorno y la mentalidad de América?

Certezas

Si no se hubiera filmado el asesinato de George Floyd, (ojos que no ven corazón que no siente), Black Lives Matter hubiera seguido como algo distante, el asesinato de negros y latinos hubiera seguido produciendo rechazo, un rechazo distante por un corto periodo de tiempo, pero no resultados concretos. Seguiríamos siendo minoría invisible.

No hemos derrotado la pandemia, pero hemos tomado conciencia de cómo afecta a otros y de que la forma y la responsabilidad de enfrentarla son colectivas.

No hemos derrotado la pandemia, pero la pandemia derrotó la verdad, se ocultó en la Casa
Blanca. No en el bunker, en los twitter del presidente, en su negacionismo de la ciencia, en el ocultar las cifras y el peligro para regresar a un baño de aplausos tan necesarios a su ego.

América sintió vergüenza, vergüenza de haber callado, vergüenza de un gobernante que se burla del dolor, y en su insensatez, arrastra al gobierno.

Vergüenza de un presidente que convirtió la Casa Blanca en la expresión de lo inhumano, del racismo, pero sobretodo de la incompetencia e irracionalidad.

La pandemia y la violencia institucional nos dejaron claro el valor de la vida humana en los
Estados Unidos, a mayor color menor valor. George Floyd: 20 dólares.

Cuando una protesta se transforma en movimiento pasa por sobre las excusas, las palabras de compasión, y se materializa en actos.

Cuando pedimos que se bajen los fondos a la policía, se pide control civil sobre ella, se pide una policía distinta, no solamente que sea “más fácil” llevarlos a juicio cuando violan nuestros derechos, ese más fácil es volver a darles impunidad.

No se pide que no haya una policía, se pide que haya una policía al servicio de todos, una policía bajo control donde el racismo, la violencia contra el débil no sea posible.

Si un policía viola la ley hay que llevarlo a juicio, hay que separarlo del cuerpo policial, hay que terminar con la falsa fraternidad, hay que terminar con la farsa del “fue en cumplimiento del deber”, olvidando que su deber es proteger las vidas, todas las vidas, no quitarlas. Hay que desarrollar una política de prevención del crimen, no una de castigo.

Cierto que hay que combatir el crimen, pero combatir el crimen donde esté. Pongámonos en los zapatos del otro.

¿Cuál hubiera sido la reacción en los Estados Unidos si hubiera sido un negro, Georges Floyd, quien durante 8 minutos cuarenta y seis segundos hubiera estado aplastando con su rodilla el cuello de un ciudadano blanco, Derek Chauvin, hasta quitarle la vida?
Si no hay leyes que garanticen el cambio, cualquier cuerpo policíaco que tengamos terminará siendo lo mismo: se castigará la falta de oportunidades, se castigará al que vive en el mundo de la pobreza, ese submundo de los Estados Unidos, el país más rico del mundo.

No me cabe la menor duda de que lograremos un cambio en las leyes, que avanzaremos en el camino hacia disminuir la injusticia social y económica, que haremos retroceder el racismo, pero las verdaderas causas de la desigualdad e injusticia, las raíces de la cólera seguirán por mucho tiempo.

Se trata de cambiar también la forma de pensar, de lograr que no se piense en privilegios o
prebendas y se piense en derechos, se trata de eliminar la compasión en la mirada y cambiarla por indignación, se trata de cambiar siglos de educación para educar a nuestros hijos en nuevos valores, se trata no de botar una estatua, se trata de borrar la supuesta supremacía de unos sobre otros.

Se trata de cambiar el mundo.

Y si las dudas y las certezas se unen podremos hacerlo, no será fácil, pero podremos hacerlo, tendremos otros muertos, pero podremos hacerlo, nos arrastrarán por el suelo, pero podremos hacerlo, intentarán borrar nuestros votos, intentarán apropiarse del nombre de George Floyd y transformarlo en estatua y no en movimiento, pero no lo lograrán.

Intentarán regresar al pasado, pero ya es muy tarde, el mundo está cambiando.

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