La culpa no es del chancho: Donald Trump camino a la Casa Blanca

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Por Karina Borodnikoff

 

Un sujeto tan mediocre y sin contenido, como Donald Trump, jamás sería de interés para mis columnas del diario, si no fuera porque hay un sector importante de la población estadounidense que lo quiere como Presidente.

Quizás, sí podría ser interesante para mi enorme curiosidad respecto a temas vinculados con las neurociencias, lo que me llevaría a intentar averiguar por qué su cerebro, constantemente, parece estar atravesando por un extraño proceso que no le permite hablar y pensar al mismo tiempo. Entonces, tal vez, descubra que esto, que a mi se me presenta como una falla de su función biológica, no sea una rareza. Pero habría que preguntarle a algún especialista en neurología y, por ahora, no es el tema que nos convoca. Lo que sí resulta objeto de análisis es que alguien con tan pocas luces, como Trump, sea precandidato a presidente de los Estados Unidos.

Hace pocos días, logró una victoria contundente en el estado de New Hampshire, apelando al miedo y con propuestas reduccionistas y simplificadas -aunque a la altura de su capacidad intelectual- para temas complejos como la inmigración, el terrorismo y la posible vuelta de una recesión económica.

New Hampshire no es un buen termómetro para medir la intención de voto a nivel nacional, pero sí lanza una alerta y la necesidad de interpelar a cierto sector de la ciudadanía. ¿Por qué elegir a un candidato tan agresivo, que está más cerca de ser una caricatura que un político?

Trump es rústico para expresar ideas que atrasan. Su debilitada capacidad de análisis le hace creer que los inmigrantes son enemigos. Propone "combatirlos" con la construcción de un muro fronterizo y poniendo fin al derecho constitucional de la ciudadanía para los hijos -nacidos en los Estados Unidos- de inmigrantes viviendo en este país sin autorización legal.

"Tienen que irse (...) Lo que ellos están haciendo es tener bebés. Y, de repente, nadie sabe... el bebé está aquí". Su xenofobia es tal, que ni siquiera puede plantear su candidatura a la Casa Blanca en términos de estrategia polítia. Los millones de inmigrantes que residen en el país, en los últimos años se han convertido en un electorado clave para llegar a la presidencia. Pero Trump, vencido por el odio, no puede analizar, filtrar y fundamentar lo que dice. Simplemente, habla y ataca.

Más animal que político, dice cosas como: "Es asqueroso lo que le está pasando a nuestro país", cuando se refiere a los inmigrantes y, acto seguido, los acusa de ser violadores de mujeres. Trump es portador de una ideología fascista, digna de todo repudio, que pone en evidencia su enorme ignorancia. Su falta de lucidez lo lleva a clasificar a las personas con características distintivas de "razas" que son transmitidas genéticamente, y niega toda cultura. Su pensamiento está más alineado a los regímenes totalitarios del pasado, que a la democracia y al republicanismo.

Trump, defensor de las técnicas de tortura más aberrantes, es realmente intolerable. "Regresaría el 'submarino´. Y regresaría a cosas mucho peores que el submarino" (técnica que consiste en sumergir a la persona en agua, hasta que llega al límite de su capacidad para mantenerse sin respirar). Otras técnicas de tortura, que seducen a Trump, son el aislamiento, la privación del sueño, la rehidratación rectal, y todo tipo de amenazas psicológicas. Trump sueña con poder descargar su furia existencial con todas estas prácticas. No son opiniones que expresa en ámbitos privados. Estas ideas son los caballitos de batalla con los que se presenta en los actos públicos y gana votos.

La tortura, que implica inflingir daños físicos y mentales, ocasionar en las personas un sufrimiento severo y extremo, que muchas veces lleva a la muerte o a la muerte en vida, parece no ser suficiente para desalentar a parte del electorado.

Racista y misógino confeso, Trump arremetió también contra las mujeres, calificándolas de "perras", "gordas", "animales repugnantes" y "cerdos". Palabras que no deberían ser peyorativas, si no fuera porque salen de la boca, devenida en cloaca, de este sujeto tan autorreferencial.

El punto -y el problema- no es que Donald Trump exista en la arena política de los Estados Unidos, sino que haya gente que no sólo está dispuesta a votarlo, sino que, muchos, se han convertido en fervientes seguidores de este sujeto que está a la derecha de toda derecha. Hoy, Trump, es el favorito de los candidatos republicanos a la presidencia.

¿Quiénes quieren que Trump sea presidente? ¿Qué es lo que motiva a estas personas para creer que es la mejor opción para presidir el país en el que viven? Para querer embarcarse en este, por ahora, simulacro de suicidio ciudadano colectivo. Por un momento, consideré que el mejor término para definir este estado agónico de conciencia social era "eutanasia". Pero esta palabra refiere a una muerte digna, y la dignidad es un oxímoron cuando se la tipea en tan cerca de "Trump".

Este hombre podría ser, simplemente, un triste empresario tan digno de lástima, como de rechazo - y no pasar de allí. Pero es precandidato a presidente de los Estados Unidos y tiene entidad porque se la han concedido. Se quedó con New Hampshire porque lo votaron. Una vez más, la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer.

 

 

 

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