El aumento sostenido en el tiempo del nivel general de precios de bienes y servicios de una economía, es lo que se entiende como inflación. No se refiere a cambios permanentes en los productos, sino a las fluctuaciones estacionales en la disponibilidad y costos que pueden afectar el precio de estos.
Cuando sube y se desmadra la inflación, la situación genera una cadena de presiones económicas que recaen, principalmente, en los hogares más vulnerables, ¿por qué? El dinero rinde menos.
Si hay menos productos disponibles, irremediablemente estos aumentarán sus precios y, así, se generará la necesidad de mayor cantidad de dinero para adquirirlos. Esto afectará directamente a quienes menos tienen, pues los productos más caros golpearán fuertemente su presupuesto.
Chile está viviendo una crisis histórica. El estallido social y la pandemia por Covid 19, detonó un trance profundo de la economía real: cerca de 2 millones y medio de ciudadanos tienen problemas de desempleo parcial o están sin actividad.
En los últimos años los gobiernos chilenos han utilizado el criterio de la focalización de los recursos, concentrándose en los hogares más vulnerables. Sin embargo, el criterio de la suficiencia, es decir, cuánto se necesita para vivir en el país, no ha estado en la discusión pública en las últimas décadas.
La mediana de los ingresos que generaban los hogares a fines del 2019, era de 683 mil pesos o menos. Solo un 20% de los ciudadanos recibía más de 1 millón 410 mil pesos. Según la encuesta Presupuestos Familiares para un hogar promedio, este último monto es el gasto mínimo para satisfacer las necesidades básicas de un hogar de tres a cuatro personas, aproximadamente.
Esa es la realidad y la distancia que existe entre la necesidad de los hogares y el contexto que están viviendo actualmente los chilenos y chilenas.
Este mes, el sueldo un ciudadano en Chile rinde 4,5% menos que hace unos meses atrás. Con el mismo dinero, hoy compran menos cosas.
Una situación que se proyecta hacia un 5,7% a fines del 2021. Una pésima noticia en mayor medida para quienes se ven obligados a gastar todo su dinero en consumo básico.
El Banco Central ya hizo esos ajustes: subió la tasa de interés, incrementando
el costo de todos los créditos hipotecarios, de consumo, tarjetas bancarias, de
tiendas comerciales y los avances en efectivo.
Mario Marcel, Presidente del Banco Central en Chile, explica que “hay presiones inflacionarias en la economía que son importantes. El ajuste no es un frenazo, es ir retirando un impulso extraordinariamente expansivo que ha tenido la política monetaria hasta ahora y, por lo tanto, contribuye a un “aterrizaje” mucho más suave de la economía”.
Señala que lo complicado sería dejar que las presiones inflacionarias suban y luego haya que hacer un aumento mucho más brusco de las tasas de interés. El panorama no es alentador.
En un mundo de “voluntad” política desmesurada permite ignorar una regla básica: inundar la economía de billetes hace que los precios suban y se genere un efecto de fantasía y de esplendor económico.
Una especie de momento ilusorio en donde la apariencia juega un papel primordial. Llegan los bonos, llegan los retiros de fondos de las AFPs, llegan los préstamos costo cero.
Las personas se agolpean en las tiendas, pagan deudas, compran lo que no pudieron antes, un “veranito de San Juan” en la economía chilena.
Un cuarto retiro de los fondos de pensiones, sumado al IFE, tendrá un impacto grande y muy persistente. El Banco Central ya subió la tasa de interés al doble para controlar la incipiente ola inflacionaria.
Cuando Chile estaba frente a una grave recesión y el gobierno, totalmente desvinculado de la realidad del país, se negaba a entregar ayuda social suficiente, el primer retiro de fondos fue urgente y necesario.
Hoy, con más de 80 mil millones de dólares inyectados a la economía entre el IFE y los tres 10% previos, un cuarto retiro es una inmensa irresponsabilidad, que generará un crecimiento fantasioso y catastrófico.
Chile hoy tiene un gasto fiscal hipertrofiado, el fondo de estabilización vacío, demandas sociales urgentes y la necesidad de reformas que no resisten más aplazamientos.
“El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Según esta idea vinculada a la Teoría del Caos, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, puede generar un efecto considerable a mediano y corto plazo. Perfecta analogía para la economía del Chile de hoy.
El país lleva años curando la herida de la inflación. Requiere que sus líderes tengan fuerza de voluntad para detener ese proceso que se va ampliando y que puede generar el caos desde la quimera, como un efecto mariposa.


























