Ineficiencia al desnudo

 

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Las ciudades, como las naciones durante su evolución funcionan como un ser humano. Nacen y van evolucionando durante el tiempo de acuerdo a sus necesidades y capacidades. La ciudad de Nueva York, con todo su potencial humano, cultural y financiero, no es la excepción.

Sin embargo, en lugar de continuar un progreso sostenido, los últimos años hemos sentido un incómodo retroceso, que sin buscar culpables, tiene a los oficiales electos como responsables a nivel legal y moral.

Con propuestas de reforma a las regulaciones,- para disminuir las detenciones por crímenes menores-, lideradas por el Consejo de la Ciudad y su vocera de origen puertorriqueño, ya no sabemos ni queremos imager a los niveles de peligrosidad a los que llegará la ciudad de Nueva York, que sin haber entrado aún en vigor las mencionadas reformas, se encuentra agobiada por una serie de problemas que se incrementan día a día.

Fue necesario un proceso para que Nueva York se recupere del huracán Sandy que le impactó en el 2012, pero la moraleja dice que ”a los grandes árboles no les derriba una tormenta, sino las pequeñas termitas que carcomen cada segundo”.

En lo que va del año, los indices de criminalidad aumentan y se puede apreciar con las noticias diarias sobre asaltos en calles, trenes e incluso al interior de las viviendas, balas perdidas y tiroteos, drogas naturales y las sintéticas, cuya distribución masiva ha alcanzado niveles nunca antes vistos.

El problema de la mendicidad que debido a la mala administración del sistema específicamente diseñado para su protección, sobrevive en las calles y que ahora con el consumo de drogas es parte de una ola de violencia adicional que ha  provocado ya algunas víctimas.

A todo esto se añaden los problemas de salud e higiene de la ciudad, agrabados con el brote de la Legionaria y ahora incluso con la confirmación de la primera víctima del virus del Nilo, hasta problemas de tecnología han surgido, como el uso indebido de los drones, que en el caso de la Ciudad de Nueva York no tienen ninguna regulación para su funcionamiento.

Al panorama caótico se suma ahora una situación que venía cocinándose desde hace ya algún tiempo, con su centro en el mundialmente famoso Times Square, en donde nos hemos acostumbrado de alguna manera a escuchar reportes sobre peleas entre los disfrazados de superhéroes y personajes infantiles, que acosan a los turistas o que se pelean entre sí por las propinas y las fotos. Ahora finalmente la prensa y las mismas autoridades, como la Presidente del Condado, han puesto sobre el tapete el problema de las mujeres desnudas que se han llegado a contabilizar hasta en 40, dirigidas en su práctica solicitar dinero por fotografiarse con los turistas por negociantes de sus atributos que se autodenominan “artistas”.

Todo inició con el famoso cowboy guitarrista que llegó a ser visto como parte de la “idiosincracia neoyorquina” porque además es anglo y que fue objeto de reportajes de matiz pintoresco. Pero el ejemplo del cowboy no se hizo esperar, luego aparecieron las mujeres vaqueras, a mucha “honra” hispanas, que se unieron con bikini y guitarra al espectáculo.

El fenómeno del desnudo en Times Square finalmente ha rebasado los límites con este escuadrón de mujeres en diminutas tangas y sin brasieres, es decir topless según el termino inglés, que lo único que han sido es,  “la gota que derramó el vaso”.

Esta situación lejos de sorprende a los neoyorquinos, graduados en el diario campo de batalla de la agitación, ha sido censurada por turistas que no están acostumbrados y que desconocen que en Nueva York el topless no es ilegal “siempre y cuando sea parte de un espectáculo o programa”.

Esta no es una situación de hipocresía o falta de civilización, realmente los neoyorquinos aprecian la diferencia y el impulso que logró el área, luego del arduo trabajo del Alcalde Rudolph Giuliani, quien limpió el sector antes clasificado como zona roja por la prostitución y las tiendas de objetos sexuales.

Los cambios de Giuliani estuvieron respaldados por el marco legal y en ese sentido, todos estos problemas que se han ido acumulando en el tiempo que lleva Bill De Blasio al frente de la alcaldía, son solamente un síntoma de la ineficiencia en la planificación fundamentada en la innovación del marco legal, que es sobre el cual funciona la ciudad, una ciudad en constante cambio que requiere, por lo tanto un constante proceso de adaptación e innovación.

Más allá de los desnudos senos de las mujeres pintadas se encuentra la profunda necesidad de reestructuración tendiendo a garantizar la seguridad y bienestar de propios y extraños, un reto para todos los miembros del cabildo, encabezados por el burgomaestre.

 

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