Incompatibilidad económico-planetaria

Industrias y política Vs medioambiente y humanos

Karina Borodnikoff

 

El informe advierte que el deterioro medioambiental “impone una carga doble de privación en las familias y comunidades más pobres del planeta. La mitad de todos los casos de desnutrición del mundo se debe a factores medioambientales, como la contaminación del agua y la escasez de alimentos producto de las sequías”

Buenos Aires.- El último informe dado a conocer por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alerta sobre el avance del deterioro medioambiental y sus consecuencias sobre los sectores más vulnerables y desprotegidos de la población mundial, además de los daños causados a nivel planetario en general.

A pesar de las iniciativas generadas desde la ONU para concientizar, los datos relevados ponen en evidencia que la calidad de vida y bienestar para los habitantes del planeta no es compatible con el avance industrial y con el sistema económico hegemónico.

Las proyecciones del “Informe sobre el Desarrollo Humano de 2011”, titulado “Sostenibilidad y equidad: Un mejor futuro para todos” (Título más acorde a una novela de ciencia ficción, que al reflejo de la realidad) dejó en claro que la contaminación y degradación medioambiental generan más retrocesos y daños en los países más pobres y profundizan las desigualdades, con todo lo que esto implica en regiones donde la mortandad, la hambruna y las enfermedades son la norma y no la excepción.

El análisis (una vez más solo aceptable desde lo discursivo) indica la necesidad de alcanzar la sostenibilidad medioambiental de manera más justa y eficaz. La única forma sería abordando “las desigualdades en acceso a salud, educación, ingresos y por razón de género, en conjunto con las medidas que se aplican en todo el mundo para impulsar la producción de energía y la protección de los ecosistemas”.

La brecha entre la redacción de informes, los diagnósticos discursivos y los acontecimientos en el plano de lo real es cada vez más amplia. La sostenibilidad y justicia social, son terminologías que solo aparecen juntas en el plano teórico. El deterioro del planeta va en aumento, la distribución del ingreso empeoró y, por supuesto, el sector privado más poderoso sigue marcando la agenda de los gobiernos.

El informe advierte que el deterioro medioambiental “impone una carga doble de privación en las familias y comunidades más pobres del planeta. La mitad de todos los casos de desnutrición del mundo se debe a factores medioambientales, como la contaminación del agua y la escasez de alimentos producto de las sequías”

Esta realidad perpetúa el círculo vicioso entre daño ecológico y pobreza, a lo que se le deben sumar todo los otros factores que influyen sobre las insostenibles condiciones de vida, tales como la desidia, los abusos, la trata de personas, los condicionantes económicos, las epidemias, la falta de acceso a cualquier tipo de educación que pueda dar un poco de luz a las tremendas desigualdades sobre las que se elaboran tantos informes, como si de alguna manera, admitirlo en papel, lavara culpas y paliara tanta injusticia social.

La aceptación generalizada del curso que tomó el planeta hace que ciertas noticias que deberían causar estupor, indignación y protestas impostergables en la mayoría de la población mundial, solo sean denunciadas por grupos y organizaciones que pelean a diario pero cuyo reducido número, en un contexto general, no alcanza para poner freno a los abusos sistemáticos.

Más del 24 % de las tierras ya están dañadas por la utilización insostenible y la explotación demencial que se realizó sobre ellas. La basura electrónica viene a sumarse a todos los factores contaminantes que forman parte del universo de tóxicos enemigos de la humanidad pero que, en una especie de relación enfermiza que no podemos abandonar, seguimos avalando, ya sea desde la indiferencia, la ignorancia, los negociados, las estafas discursivas,  el miedo … el silencio; tan aliado de la destrucción medioambiental, como los gases de efecto invernadero, la complicidad de los gobiernos y las corporaciones deshumanizadas que avanzan a cualquier costo.

Este reporte de las Naciones Unidas ha logrado pulir su discurso de manera excepcional. Ahora, la población mundial y todos aquellos que monitoreamos de cerca su accionar exigimos que las palabras se transformen en trabajo de campo. Que en la práctica se refleje el siguiente texto elaborado por las Naciones Unidas en el reporte en cuestión…al que denominan:

Algunas cuestiones clave”:

El desarrollo humano tiene que ver con la expansión de las libertades y las capacidades de las personas para llevar el tipo de vida que valoran y tienen razones para valorar. Ambas nociones —libertades y capacidades— son más amplias que la de las necesidades básicas. En otras palabras, se trata de ampliar las opciones. Para llevar una “buena vida” se requieren fines y estos fines pueden ser valiosos no solo en sí mismos, sino también como medios. Por ejemplo, podemos valorar la biodiversidad, o la belleza natural, independientemente de si aportan o no a nuestro nivel de vida.

El desarrollo humano pone a las personas desfavorecidas en el centro de su atención. Incluimos en este grupo a las futuras generaciones, quienes deberán enfrentar las peores consecuencias de las actividades que llevamos a cabo hoy. Nos inquieta no solo lo que ocurrirá en promedio, o en el escenario más probable, sino también en los casos menos factibles, pero aún posibles, en particular cuando los acontecimientos son catastróficos para las personas pobres y vulnerables.

Los debates sobre el significado de la sostenibilidad ambiental se centran a menudo en dilucidar si el capital fabricado por los seres humanos puede reemplazar los recursos naturales, es decir, si el ingenio humano podrá atenuar la escasez de los recursos, como sucedía en el pasado. Desconocemos si eso será posible en el futuro y, en vista del riesgo de llegar a una situación catastrófica, nos inclinamos a favor de preservar los activos naturales básicos y el flujo de servicios ecológicos asociados. Además, esta perspectiva es coherente con los enfoques de desarrollo basados en los derechos humanos. El desarrollo sostenible implica la expansión de las libertades fundamentales de las actuales generaciones mientras realizamos esfuerzos razonables para evitar el riesgo de comprometer gravemente las libertades de las futuras generaciones. Un aspecto fundamental de esta idea es la deliberación pública razonada, que también es esencial para definir los riesgos que la sociedad está dispuesta a aceptar.

En la búsqueda de sostenibilidad y equidad, no es necesario que siempre se refuercen mutuamente. De hecho, en muchas instancias habrá que hacer concesiones recíprocas. Por ejemplo, las medidas para mejorar el medioambiente pueden tener efectos adversos en la equidad si restringen el crecimiento económico de los países en desarrollo. El Informe ilustra los posibles impactos conjuntos de las políticas, al tiempo que reconoce que los efectos no suceden siempre ni en todas las circunstancias, destacando que el contexto es de enorme importancia

 

 

 

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