Inauguración Desconcertante

¡Algo muy grato ha sucedido! Primero, lo muy “concertante”. El nuevo equipo gobernante, en su sitio oficial, ha restablecido la página internética del español, misteriosamente abolida por su predecesor.

¡Y Jennifer López recitó en castellano, por histórica vez primera, el juramento a la bandera! Al fin, palabras en español.

Son señales muy favorables al idioma nuestro y a quienes lo hablamos y apreciamos. ¡Albricias! Ahora, lo desconcertante. No se preocupen, nos abstendremos de indiscretos
comentarios políticos, aparte de reconocer un hecho innegable: ha salido el país, y su
gran componente hispano, de una crisis que hacía peligrar su tradicional sistema
democrático a base de tres poderes justamente equilibrados —los consabidos ejecutivo,
legislativo y judicial—.

Sólo observaremos algunos detalles inusitados.

Primero, el presidente electo se denominó “Junior”, aditamento imprevisto e
históricamente desconocido en su persona. Nos preguntamos si el nuevo magistrado
quería parecer más joven.

Pero más en serio, pocos saben que ese apéndice al nombre no se le aplica a un personaje famoso cuando el pariente homónimo no lo es (lo mismo sucede con el dislate “Martin Luther King, ‘Jr.’”)

Otro detalle insólito es lo de “Dr. Jill Biden”. No le discutimos el merecimiento
de haberse doctorado, pero honradamente no hemos tenido noticia de semejante
tratamiento oficial para ninguna otra primera dama (¡ni caballero!) en la historia, por
muy ilustrado que fuese su portador.

Aspecto de interés cultural fue la declamación poética de Amanda Gorman,
simpática jovencita de color.

En la perspectiva histórica, únicamente el insigne Robert Frost (cuando Kennedy), más un casi desconocido poeta homosexual cubano- norteamericano (al tomar posesión Obama), han intervenido en una ceremonia inaugural.

En conclusión, si no convencieron mucho el valor literario del verso ni el talento interpretativo, celebremos el aporte artístico.

En cuanto al juicio político incoado al anterior primer magistrado —y aparte de
opiniones sobre su procedencia— el documento acusador adolece de un flagrante y
bilingüe defecto de redacción, cuya traducción es igualmente errónea: “crímenes altos y
faltas leves” (así han traducido “high crimes and misdemeanors”). Nada de eso, señores:

con todo respeto, la redacción original no califica el tipo de infracción, sino el nivel al
que se comete, o sea: “delitos cometidos a alto nivel”. O sea, que para encausar a un
presidente debe alegarse simplemente el haber “cometido delitos graves” (no
“crímenes”, por favor); lo de “faltas leves” (“misdemeanors”) es un curioso intento
abarcador de los redactores de antaño, puesto que el congreso difícilmente enjuiciaría a
un gobernante por transgresiones minúsculas.

La publicidad pecadora. La marca automotriz Cadillac ha confeccionado
una consigna que francamente desconcierta, por no decir que aperpleja.

Aunque no se crea, reza así: “Nunca dejes de llegar” (transliteración del original “Never stop arriving”). Una gestión investigadora nos ha revelado que la empresa pretende destacar el incesante esfuerzo innovador suyo —y no se refiere a algún empeño del cliente, como implica la versión hispana—.

Es decir que este lema, flojo en inglés para empezar, es en castellano un total desbarajuste. ¿Qué les parecería, señores publicitarios, “Siempre a la vanguardia”, “Avanzando siempre”, o “Innovaciones sin cesar”? ¿O está demasiado claro?

¡Concertémonos en lo diáfano, positivo y favorable para el futuro del país y de la lengua española, que nada tienen de “júnior”!

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