En mi vida he dado luchas titánicas, muchas de ellas sabiendo que estaría en el campo perdedor, pero nunca dejé de darlas, por eso de esa terrible necesidad de sentirme humano, de luchar contra la injusticia, de desear un mundo mejor, más justo para mi hija, para mi hijo, para los míos, aquellos que sufren en el mundo.
Hoy me siento impotente, pareciera que el mundo hiciera caso omiso de las pestes, de la guerra, del terrorismo --el de Estado y el de pequeños grupos de fanáticos--, pareciera que no podemos vivir en paz, respetar al “otro”, ese “otro” con el cual hacemos gárgaras, para luego despreciarlo, olvidarlo, asesinarlo.
Nos declaramos amigos, y sin embargo damos armas al amigo para que parta en guerra, damos armas al amigo para que mate al otro, no para que se defienda, para que nos compre armas --la guerra siempre es un buen negocio--, la paz cuesta caro, y más encima cuesta mantenerla, hay que reconstruir y apagar el hambre. La paz es una utopía para perdedores, es una palabra vacía para permitirnos sentirnos humanos.
Llevamos años declarándonos paladines de la “democracia”, y sin embargo, creamos las condiciones para el advenimiento de dictaduras, autocracias, populismos.
Adoramos, en secreta secta, la desigualdad, esa que nos permite vivir bien a costa del “otro” ese “otro” que alimenta nuestra riqueza, pero no merece vivir junto a “nosotros”, los “otros” esos del privilegio, los de cuna, los con techo, con futuro, un futuro anclado en el pasado de nuestros antepasados, puesto que para cada “otro” hay “otro”.
Hoy me desperté aterrado, era un judío en un kibutz, era un palestino en Gaza, era un ser humano aterrado frente a la barbarie. No podía clamar al cielo puesto que del cielo llovía muerte, no podía cerrar la puerta puesto que esta se había perdido entre las ruinas de mi casa.
Hoy fui judío y fui palestino, hoy fui el “otro”, el ocupante y el ocupado, hoy doy una nueva batalla, inútil batalla, pedí auxilio, me ofrecen armas, no palabras.
Hoy me levanté aterrorizado, triste e impotente ser humano.
* Escritor, poeta, dramaturgo y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.


























