
Dilema nuestro de cada día. Impacto de los misiles en Siria llegan a Miraflores
Algunos dictadores deben estar preocupados. Anteriormente, la impunidad y la lentitud de la justicia internacional servía como caldo de cultivo para sus atrocidades. Sin embargo, un enigmático Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica puede generar escenarios complejos en la geopolítica Latinoamericana.
Las intervenciones de Nikki Haley embajadora de los EEUU ante las Naciones Unidas a veces son una demostración del favoritismo y de la particular manera de hacer política. La manera de defender su decisión para mudar la embajada norteamericana a Jerusalén fue simplemente vergonzosa y también arrogante. Fue una actitud incoherente y egoísta afirmar que merecen el apoyo de la comunidad internacional porque son los mayores contribuyentes a las Naciones Unidas. El hecho de ser los mayores contribuyentes no le genera superioridad moral ni derechos adquiridos algunos. Así no bailamos Tango.
Sin embargo, el pronunciamiento que realizó después del ataque militar a las presuntas fábricas y depósitos de gases en Siria es respetable y casi admirable. Este mensaje puede ser una posible medicina para reducir la enfermedad que todavía sufren algunos países Latinoamericanos. Nikki Haley comentó que habían tomado la decisión de atacar los objetivos en Siria porque ya habían agotado las vías necesarias anteriormente. Explícitamente, la embajadora afirmó que se había intentado ayudar con el problema de la gobernabilidad en Siria utilizando los medios de la diplomacia; pero que no se había logrado nada. Posteriormente, argumentó que también habían intentado solventar la situación aplicando sanciones económicas contra el régimen dictatorial de Bashar al-Ásad pero que aún así no se había logrado ningún cambio radical en la compleja guerra civil que está destrozando una de las regiones más bellas del planeta que fungió como una cuna para las primeras civilizaciones de la humanidad.
Finalmente, Nikki Haley justificó que los ataques fueron la última alternativa posible. ¿Cómo habrán interpretado estas palabras los maquiavélicos funcionarios del terror que están en Miraflores y en la Habana? Ya en Venezuela hemos tenido bastantes congelamientos de las relaciones diplomáticas, también se han aplicado varias sanciones económicas para tratar de reducir el margen internacional de operaciones financieras. Poco a poco, se van agotando las alternativas frente al dictador Nicolás Maduro.
Por Rafael David Loaiza, abogado venezolano, escritor, ex profesor universitario de Derecho Constitucional y Economía Política. Autor de la novela “Infinia Catedral de Agua”, reside actualmente en Hamburgo-Alemania.


























