Hacerse de la vista gorda

EDITORIAL

En varios puntos sobre la avenida Roosevelt, en el condado de Queens, se mantienen latentes varios problemas que en los últimos meses se han acentuado con la llegada de la nueva oleada migratoria.

A la crisis de basura agudizada con y durante la pandemia del Covid y el incremento desmedido de ventas ambulantes no autorizadas, se ha añadido una nueva crisis, es la nueva guerra por ocupar un espacio en las aceras para nuevos vendedores informales. En medio de todo ello, surge una grave denuncia sobre el florecimiento de una red de extorsión, cuyas víctimas son los trabajadores más vulnerables de la ciudad, los inmigrantes latinos.

Los vendedores ya están instalados desde la pandemia en el 2020, han sentido el arribo de los nuevos inmigrantes que también quieren instalarse y ha provocado una nueva guerra. Nuevas iniciativas organizativas, como la creación de corporaciones podría llevar al establecimiento de demandas formales, eso tendrían que analizarse, lo que realmente importa es la calidad de vida de los neoyorquinos y las vías de desarrollo para los cientos de nuevos neoyorquinos a quienes la ciudad a viva voz da la bienvenida.

En los últimos días las autoridades municipales anunciaron el incremento de cámaras de vigilancia, para reducir el desecho de basura en lugares no autorizados. Pero el tema de las cámaras, -como informan los residentes y comerciantes de la avenida Roosevelt-, no son la solución. A lo largo de esta avenida ya hay muchas cámaras de seguridad, tanto de vigilancia pública como de seguridad privada y sin embargo, nadie hace nada para parar a los negocios y camiones que en altas horas de la noche, desechan su basura en lugares prohibidos por la ley, como esquinas y basureros públicos.

Ya hay cámaras pero nadie usa los videos para sancionar, no hay vigilancia para este asunto, al parecer de los residentes del área, nadie aplica las regulaciones existentes en la ciudad.

Se acentúan las quejas de residentes y comerciantes de la zona, que comprenden el sentimiento de solidaridad durante la pandemia y el cálculo de las autoridades que permitieron la instalación de cientos de vendedores informales, pero esta zona se ha convertido en un imán para quienquiera que desee vender mercadería o alimentos libremente, sin seguridad, sin ninguna responsabilidad, con licencias rentadas a precios exorbitantes e incluso que se desarrolle un sistema de extorsión, que añade más leña a una ya incontrolable hoguera que crece y devela serie de conflictos.

Por principio, -como afirma la mayoría de residentes de estos vecindarios-, los vendedores ambulantes no deberían estar ahí, por muchas razones: porque estan en vias peatonales y se ha restado espacio a cientos de transeúntes de una zona comercial y residencial, que necesita movilizarse en el transporte público que recorre la Ave. Roosevelt; porque es obligación de las autoridades vigilar las condiciones laborales de los trabajadores y los vendedores ambulantes, que, -como apuntan investigaciones especializadas-, están expuestos a muchos peligros para su salud; porque las ventas ambulantes proliferan en países en vías de desarrollo, pero no en países desarrollados que tienen bien planificado el funcionamiento de este tipo de negocios; porque las ventas ambulantes deben ser el inicio de emprendimientos que progresen y se conviertan en pequeños negocios y no se queden empantanados, entre otras razones.

Los negocios establecidos sienten una competencia desigual, que a estas alturas del proceso de recuperación, ya no tienen una justificación para mantener en las aceras a cientos de informales. Negocios de todo tipo, restaurantes, tiendas de diferente tipo de mercaderías, tiendas de mascotas, supermercados, tienen una competencia en los vendedores ambulantes que a pesar de sus esfuerzos, no tienen ayuda suficiente para mejorar sus emprendimientos y progresar a un nivel empresarial menos riesgoso, en comprar camiones, en conseguir un lugar protegido fijo, etc.

Los trabajadores informales se han establecido como un recurso que está debilitando a negocios locales de todo tipo. Sugerir a las autoridades que busquen lugares en donde crear mercados populares y reubicar a todos estos vendedores, es una opción que debería considerar la diversidad cultural, asegurándose que más personas sean incluidas y que se luche contra el monopolio.

Desde hace tiempo en la avenida Roosevelt hay muchos negocios que se han unido para rentar un local, porque las rentas son costosas, pero para pagar tres mil dólares mensuales por tener acceso para utilizar un espacio de la acera, -que es un espacio de la ciudad-, sería mejor que les asignen un lugar o paguen una renta por algo que dignifique su forma de ganarse la vida.

Muchos coinciden en que al parecer, los vendedores ambulantes están siendo utilizados por grupos e individuos inescrupulosos, que ven en ellos carne de cañón para fortalecer la demagogia y ven en el populismo, una forma de impulsar carreras y agendas, sin importarles las personas.

La pandemia se ha superado, ya no es mandatorio utilizar mascarillas, los negocios formales, -que son la base de la economía de los barrios-, necesitan revitalizarse y lo más grave es que la zona se ha convertido en un foco de conflictos, violencia, inseguridad, insalubridad, desorden y nadie hace nada. Los medios podemos enfocar las crisis y amplificar el clamor de las comunidades, pero solo los servidores públicos tienen el poder y la responsabilidad de solucionar los problemas.

Al parecer las autoridades de la ciudad, en lugar de ayudar a reducir esta serie de problemas de seguridad, higiene, paz y respeto a las leyes vigentes, continúan promoviendo la inmigracion de miles de nuevos seres humanos que al llegar no encuentran fuentes de empleo y cuando buscan opciones como vendedores ambulantes, se exponen a caer en las nuevas redes de extorsión, o a ser víctimas de las viejas y bien instauradas mafias de renta de licencias.

Lo que la ciudad y particularmente los residentes y empresarios, pequeños medianos y grandes de los barrios que enfrentan estos problemas en Queens desean ver, es al alcalde, a los comisionados, críticos consultores de política y oficiales electos que se retrataron recibiendo a los inmigrantes en las terminales de autobuses, visitar, caminar y hacer un recorrido por la avenida Roosevelt con Junction Boulevard y por la zona de Roosevelt con la calle 104.

Los votantes de esas zonas querían verlos caminar en medio de las ventas ambulantes, que acaparan el espacio peatonal de varias cuadras de esa importante vía. Ahí querían verlos pero sobre todo, conocer sobre qué medidas prácticas proponen y ejecutan, para mejorar el nivel de vida de los constituyentes, que son a final de cuentas a quienes por ley, deben rendir cuentas y fundamentalmente son quienes están legalmente capacitados para votar.

Los inmigrantes están abandonando sus países debido a la inseguridad provocada por la violencia, entre otros a las redes de extorsión, ¿permitirán las autoridades de la ciudad que estas se establezcan y operen libremente aquí?

No se vale hacerse de la vista gorda, la factura electoral también podría ser muy gorda, los neoyorquinos claman por un cambio radical.

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