ENTREVISTA EXCLUSIVA

Gustavo Gac-Artigas, un reconocido intelectual radicado en Nueva Jersey, literato de profesión, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y sobreviviente del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en su natal Chile.
En medio de innumerables conmemoraciones por los cincuenta años de ese hecho, que marcó la historia del país andinoamericano, es un privilegio conocer su testimonio, sobre uno de los capítulos más impactantes de la historia latinoamericana, que marcó la vida de miles de personas.

Cuando ocurrió el golpe en 1973, Gustavo Gac-Artigas militaba en uno de los partidos de Unidad Popular, la coalición que llevó al poder al presidente Salvador Allende. Formaba parte de una dirección clandestina como encargado de propaganda. Fue encarcelado por sus actividades como director del grupo Teatro Experimental del Cobre y por ser públicamente opositor a un eventual golpe.

En varias ocasiones trató de retornar a Chile, sin embargo en el momento de despedirse del exilio en París, Pinochet publicó una lista de cinco mil chilenos, que no podrían regresar por considerarse "peligrosos para la seguridad del Estado".

Cuando terminó la dictadura pensó retornar, pero sus dos hijos estudiaron, están casados y tienen sus familias aquí.

Varios sucesos antecedieron al 9/11, entre ellos el Tanquetazo, del 29 de junio que dejó decenas de heridos y veintidós fallecidos. Posteriormente, el 27 de julio asesinaron al edecán naval del presidente Allende. Esos hechos ¿no encendieron las alarmas sobre lo que venía?
- Sabíamos que nuestro gobierno despertaba fuerte oposición al interior por parte de quienes temían perder privilegios, por aquellos que fueron presa de una campaña del terror, "enviarán a nuestros hijos a Rusia", "nos quitarán las casas", etc. campaña que hizo mella entre aquellos que no tenían casas, ni nada que perder. Campaña orquestada por la prensa de derecha, El Mercurio, pero sobre todo, oposición apoyada por el gobierno de Estados Unidos, a través de la CIA.
Éramos un mal ejemplo y podía ser contagioso, éramos el país donde por primera vez, un presidente socialista llegó al poder por la vía electoral en la historia, no de Chile, del mundo.
El asesinato del Gral. Schneider, comandante en jefe del ejército, días antes de que Allende asumiera (1970), fue una primera campanada de hasta dónde estaban dispuestos a llegar para recuperar el poder.
El Tanquetazo, fue un ensayo general, no tenía posibilidad de éxito, estaba destinado a conocer nuestra capacidad de respuesta al golpe, observar nuestra movilización y cómo funcionaban nuestras conexiones, las medidas que tomaríamos, cómo ocuparíamos los centros de trabajo, cómo estableceríamos una cadena nacional de radios amigas, etc. Personalmente me tocó hacerme cargo de la radio El Libertador, en Rancagua, unirla a la cadena nacional en espera de instrucciones, retransmitir los comunicados emanados desde el palacio de gobierno.
En la tarde el Tanquetazo estaba dominado, Pinochet dirigió las fuerzas leales para sofocarlo, el Gral. Prats, -hasta ahí comandante en jefe del ejército-, leal, democrático, renunció y nombraron a Pinochet como jefe del ejército y comandante de las fuerzas armadas. Prats fue asesinado en Argentina por agentes de la dictadura.
El Tanquetazo fue un éxito para los golpistas, para nosotros actuó como una venda que nos impidió ver la debilidad de nuestras fuerzas y el exceso de confianza al enfrentarse con un enemigo interno apoyado y financiado por un poderoso enemigo externo, Estados Unidos.
Hace poco fue asesinado en Ecuador Fernando Villavicencio, líder que con sus denuncias incomodó a mafias políticas locales y regionales. ¿Encontraría similitudes con Allende? ¿Cuál fue el caso en Chile con el asesinato de Allende como líder de un proyecto politico-social?
- Es difícil establecer comparaciones entre uno u otro líder popular asesinado, no quiero decir que haya más o menos importancia, su proyección es diferente dependiendo de las circunstancias, del momento político que se vive.
Un asesinato, es un asesinato y su objetivo es el mismo: sacar del camino a un reformista, a alguien que quiere hacer justicia social, que se opone a la corrupción, que amenaza los privilegios de una casta dirigente, un líder que más allá de las fronteras, -hoy como ayer-, representa una amenaza para las grandes corporaciones, para los intereses de una economía manejada por el mercado.
Similitud, en el fondo las razones son siempre las mismas.
Con el pasar del tiempo, el ejemplo de esos líderes asesinados juega en la conciencia de sus pueblos, la alimenta, la mantiene vigilante, siempre y cuando nos cuidemos de que su historia y luchas, no sean distorsionadas, de que el negacionismo no logre reescribir la historia a su favor.
El ejemplo de Allende traspasó fronteras, su dignidad, el último discurso el 11 de septiembre de 1973, llamando a que no nos dejáramos matar, a no resistir cuando ya no era posible hacerlo, a conservar nuestras vidas para la lucha que se avecinaba; visionario cuando en medio del dolor, del humo de las bombas, desde una Moneda en llamas predice que más temprano que tarde, las grandes alamedas se abrirán para dar paso al hombre libre.
Salvador Allende, en un gesto supremo prefirió la muerte al exilio, se quitó la vida, el gatillo fue accionado por la política externa de Estados Unidos, por la derecha recalcitrante chilena. Su ejemplo va más allá de nosotros los chilenos, es una luz y esperanza en la lucha de los olvidados.
80% de la población chilena pertenecen a nuevas generaciones, sin memoria clara de lo que pasó con el golpe y el 41% de jóvenes ha declarado saber poco o nada de la etapa que inició en 1973. ¿Qué les diría a esos jóvenes sobre lo que pasó ese 9/11, cuando aún no nacían o eran muy pequeños o que simplemente, han perdido el interés?
- Que la historia no debe olvidarse, el olvido se maneja, algunos para olvidar el dolor y el dolor no se olvida, algunos para esconder su responsabilidad, algunos para cerrar camino a los sueños.
Los medios de comunicación son en parte responsables. No se trata de vivir en el pasado, pero se trata de aprender de él para construir el presente y futuro, ese Chile social con el que soñamos en el gobierno de Allende, ese Chile social y más justo con el que se sueña hoy.
Los que vivimos el horror estamos desapareciendo, nuestra voz no. Tenemos el deber de hablar, no es fácil, pues regresan las pesadillas, debemos reconocer errores y no es fácil, nos regresa a tiempos de humildad. No se trata de revivir el pasado, de vivir en el pasado, se trata de no olvidar, de que ese nunca más, sea un nunca más, de que los muertos no hayan muerto en vano, que los desaparecidos no desaparezcan de la memoria.
No son los jóvenes responsables del olvido, de no saber, de la falta de interés en la historia, son aquellos que les informan en los salones de clase, que les siguen enseñando héroes de papel y no héroes de carne y hueso, los sin nombre que dieron su vida para que ellos vivan en democracia.
Es responsabilidad de todos que la historia no sea pasado sino presente y futuro, herramienta de cambio y justicia.
Hay dictaduras de derecha, de izquierda, militares y civiles. Como víctima directa de la dictadura, ¿qué opina sobre los regímenes con tintes dictatoriales que continúan floreciendo en América Latina?
- Estamos en desacuerdo, no hay dictaduras de derecha o de izquierda, hay dictaduras. La violación de los derechos humanos es la misma, el intentar imponer una forma de pensar por la fuerza y no escuchar al otro, es el mismo en todas ellas.
Toda dictadura se reclama por el bien del pueblo, niega a su pueblo el derecho a disentir, se disfraza hasta que aparece su verdadera intención: perpetuarse en el poder, dominar al individuo, permitir la corrupción y finalmente intenta dominar un pueblo, olvidando los derechos del individuo.
Después de medio siglo ¿cuál es su apreciación actual sobre este hecho histórico, qué fue lo positivo y negativo que le dejó?
- Tuve la fortuna de vivir ese momento, no me refiero al horror durante y tras el golpe, me refiero a ese momento de alegría de mi pueblo, a los miles marchando, cantando por las calles, a los muros vistiéndose de fiesta con murales gritando la esperanza; me refiero a las canciones que nos acompañaban para animarnos, a los libros saliendo a los puestos de venta de periódicos para ir a las manos de nuevos lectores, la literatura universal en manos de trabajadores, me refiero al teatro y entre ellos mi grupo, saliendo al campo, al sindicato, abriendo salas y cuando estas no se habrían, saliendo a la calle, esa calle, esos caminos donde nació y adonde regresaba.
Recuerdo la sonrisa en la cara de los niños chilenos, medio litro de leche para todos ellos les permitía sonreír. Recuerdo el horror y aprendí en carne propia que no tiene límites. Recuerdo la última vez que pisé mi tierra y la primera que pisé tierra extraña para continuar mi vida; cómo aprendí a reinventarme, a reconstruirme, aprendí ese eterno recomenzar, día a día recomenzar; que el amor puede caminar, durante cuarenta y cinco años, cantando en tu corazón, alimentando tu camino, que pasó a ser nuestro camino. En París conocí a mi esposa, madre de nuestros dos hijos.
Lo negativo, el dolor, el cincuenta años más tarde aún despertar gritando en las noches. Lo positivo, el no dejarme morir ahogado en lo amargo del pasado.
Un mensaje final.
- Es mi historia, pero es la historia de cientos de miles que sufrieron, no es personal, es desgraciadamente colectiva. No quiero que sufran o sientan compasión por nosotros, no se trata de entender el dolor ajeno, se trata de estar vigilantes para que ese dolor no se repita en nuestros pueblos, siempre hay algún individuo que se cree el Mesías, ser supremo destinado a dirigir los destinos de un país, cuando en realidad quiere construir un país a su servicio y de sus intereses.
Existen, a veces agazapados en las sombras o exhibiéndose en primer plano, aprovechando la cólera que provoca la injusticia, la falta de dinero, pero todas las veces ocultando sus verdaderas intenciones, como las ocultó Pinochet. Estemos vigilantes, la historia no se repite, pero la tentación y los aspirantes a autócratas existen.


























