La masacre de Paris el viernes pasado es solo una manifestación de un gran conflicto global que enfrenta la humanidad entera, en el cual la prepotencia e intolerancia de grupos extremistas pretende imponer su forma de pensar y vivir al resto de la humanidad.
El tema religioso es en sí delicado y la mejor manera de asumirlo es desde la perspectiva de la tolerancia, el respeto y buscando puntos compartidos entre los cuales elevados valores como el respeto a la vida, a la dignidad humana y a la libertad, sean pilares fundamentales del desarrollo de la humanidad entera, sin importar su ubicación geográfica e incluso su tendencia política, raza, religión o condición intelectual o económica.
Noticias sobre derrivamiento de aviones, bombas que matan a civiles inocentes, migraciones masivas en busca de paz y seguridad, son el pan cotidiano de los medios de información. El mundo ha demostrado su repudio a la masacre en Paris y un periodista mexicano ha manifestado que más muertos que en París se encuentran en las fosas comunes que diariamente se descubren en esta nación norteamericana del continente.
Las circunstancias si bien son diferentes, ya que en el caso de Paris se trata de un crimen perpetrado desde el exterior por grupos radicales, en el caso de México el incremento de muertes es resultado de la propia estructura del país y cabe puntualizar las diferencias, pero los conflictos están ahí latentes, amenazantes, aterradores y la comunidad internacional, particularmente los medios, tienen la obligación de reflexionar sobre ellos y sobre la responsabilidad global compartida sobre su remedio, al igual que en el pasado temas de impacto global fueron la esclavitud, la segregación política contra la mujer, que si bien son parte de grandes procesos, algunos de los cuales aún no han culminado, es fundamental que se reflexionan y se traten en forma cotidiana y con seriedad, en diferentes ambientes de reflexión a nivel individual, familiar, académico, educativo, empresarial, gubernamental.
Estados Unidos debe comprender, como lo hizo durante la Guerra Fría, que su liderazgo debe iniciar en el propio hemisferio, en su propia región, cómo no respaldar a los países latinoamericanos, no únicamente con convenios de cooperación, fundamentalmente en el trato que se da a la gente aquí, dentro de casa y esto se refiere, no solo a abrir las puertas de par en par para recibir al lumpen continental. significa ante todo mantener la soberanía de una nación que es y continúa siendo el anhelo de los inmigrantes del mundo entero, con todas las fallas que pueda tener como estructura humana, pero que brinda una serie de garantías que no se encuentran en otras latitudes.
Apoyar a los inmigrantes que ya se encuentran aquí, significa no solo exigirles el pago de impuestos, el aprender el lenguaje oficial de la nación y el manejo de cierta información sobre cívica, significa además exigir lealtad a los valores de Estados Unidos, expresados en su tolerancia, respeto a las libertades civiles, equidad laboral, igualdad de género, participación cívica, solidaridad, etc., etc.
La guerra por conquistar un mundo de mayor respeto y tolerancia para todos comienza aquí, dando prioridad a quienes con su talento, integridad y gratitud a esta nación, son realmente merecedores de llamarse americanos. Cada persona en este territorio que comprenda el valor de la libertad será un vocero y defensor de los valores americanos, entre los cuales es fundamental rescatar la paz, no como un oasis de inactividad, sino como una fuente de renovación e inspiración. Una cultura de violencia se apodera del mundo y Estados Unidos tiene la capacidad de recuperar su liderazgo mundial pero fundamentándolo en el gran talento humano, de trabajo, de intelecto y de espíritu con el cual ya cuenta, al interior de su propio territorio.


























