
Luego de tres años de haberse refugiado en una iglesia en Massachusetts, la guatemalteca María Macario ha logrado un permiso de las autoridades migratorias que le permitirá estar en el país por un año sin miedo a ser deportada.
"Estoy muy alegre porque ha sido muy largo el camino pero mi bendición es grande", dijo Macario desde la iglesia donde aún vive hasta encontrar un nuevo hogar que compartir con sus tres hijos nacidos en EE.UU.
"No quiero regresar a ese apartamento, me trae muchos recuerdos", dijo la madre, que lamentó que desde que entró en santuario en la iglesia su esposo y uno de sus hijos fueron deportados.
Aunque abraza esta oportunidad de poder salir del templo, indicó que añorará poder reunirse con su esposo y su hijo.
Macario, que llegó a Massachusetts en 1994 para encontrarse con su esposo, que había llegado tres años antes, está agradecida con todos los que le ayudaron durante los tres años en que ha vivido en la iglesia First Parish, en Bedford.
Recordó que la orden de deportación que cambió sus vidas llegó cuando acudieron a una corte en un proceso para solicitar la residencia permanente.
De acuerdo con la mujer, vivían bajo asilo que había logrado su esposo para ambos y tenían permiso de trabajo.
"En el 2000 me dieron mi permiso de trabajo", recordó y agregó que luego de siete años de su esposo con ese permiso el abogado le sugirió que solicitara su residencia.
En 2009 acudieron a una cita ante el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en la que salió a relucir que su esposo había sido arrestado por conducir sin carné y borracho.
"En lugar de la residencia nos dieron una orden de deportación" que lucharon desde entonces hasta que en 2015 ordenaron a su marido que comprara un pasaje y saliera del país.
"Ahí empezó el desastre con mi familia", dijo al recordar que un año después ocurrió lo mismo con su hijo.
Después fue su turno y ICE le ordenó a la guatemalteca que saliera del país. "Yo lloraba por mis hijos, no quería irme y dejarlos", afirmó.
Macario recordó el día antes de regresar a su país le refirieron con una abogada que le dio la alternativa del santuario, donde ha estado desde el 5 de enero del 2018.
La inmigrante, que está luchando un nuevo caso de asilo al margen del de su marido, aseguró que estar tres años tan alejada de su familia han sido una "pesadilla".
Durante la pandemia uno de sus hijos estuvo 8 meses en la iglesia con su madre y el pequeño hace un año está con ella.
"La abogada me consiguió parar la deportación durante un año, pero qué pasará después", se preguntó la guatemalteca, que espera comenzar a trabajar y confiada en que bajo la nueva administración su esposo e hijo puedan regresar y estar juntos nuevamente y abrazar a sus nietos.
La guatemalteca María Macario es una de lo más de 70 inmigrantes que se refugiaron durante la Administración de Donald Trump en iglesias, considerados sitios libres de la intervención de las autoridades migratorias.
Otro guatemalteco, Lucio Pérez, dejó el sábado una iglesia santuario en Amherst, también en Massachusetts, donde vivió más de tres años luego de que se le negara una suspensión de deportación bajo la administración Trump y se le ordenara salir del país en el que vive desde 1999, cuando tenía 17 años. EFE News


























