
Por Ximena Hidalgo-Ayala
En el mes de celebración de las mujeres, cuando conmemoramos las luchas por derechos fundamentales, además de toda la parafernalia festiva, los eventos muchas veces organizados para respaldar la demagogia política o para redondear los ingresos económicos, la reflexión sobre el rol de la mujer latina en el mejoramiento de la sociedad continúa produciendo varios retos, en muy diversas direcciones.
Entre “las latinas”, como generalmente nos colocan el membrete a las mujeres mestizas hispano-parlantes, existen innumerables mujeres que de cuenta propia, por vocación, por convicción y por principios, realizan una muy importante labor de mantenimiento de las raíces culturales, como parte de su identidad. Hay un gran trabajo que realizar para reconocerlas, identificar los elementos en común para apoyarnos mutuamente y complementar proyectos de beneficio social.
El gran reto para las mestizas inicia con el trabajo por causas y valores superiores, se extiende por el voluntariado con las organizaciones de base sin fines politiqueros ni de beneficio individual y se proyecta a los países de origen.
En ese sentido, el trabajo de las mujeres latinoamericanas como miembros de la comunidad, en la cual los sectores más vulnerables son los niños, ancianos y mascotas, presenta grandes retos. La lucha contra la violencia comienza en el hogar, con el tiempo, dedicación, cariño balanceado con saludable disciplina, que las madres, hermanas, tías, sobrinas comparten con los más pequeños de la casa.
Las mujeres no podemos esperar que termine la violencia contra nosotras, cuando continuamos criando y educando generaciones que están siendo expuestas, desde temprana edad a violencia visual, verbal, auditiva, emocional. El silencio es una forma de respeto a cada ser humano. Las mujeres latinas tenemos una voz fuerte, pero también debemos comprender que el silencio es importante, especialmente para demostrar respeto por espacios compartidos, como el autobús, los trenes, lugares de reunión.
El silencio en el hogar promueve la meditación, el auto análisis, la espiritualidad. La mujer debe desarrollar una importante capacidad de reconocer cuando debe hacer escuchar su voz y cuando debe ser promotora de paz, de respeto, de diálogo, expresando esa ternura innata de ser diseñada por la naturaleza para albergar y prolongar la vida humana en el planeta. Igualmente el respeto hacia los demás, inculcando en los niños el respeto a los animales y extendiendo ese respeto a observaciones que guíen a sus comunidades de origen.
La CBS transmitió hace poco un documental sobre la crueldad y explotación a los animales en los circos latinoamericanos, como parte de un informe sobre el rescate de treinta y tres leones africanos que volvieron a su hábitat en un santuario en Sudáfrica, al cual no se podrán reincorporar totalmente, porque sus colmillos y garras les fueron mutilados por latinos.
Como ser humano una tristeza tan grande mirar la crueldad contra criaturas tan hermosas y lamentablemente en peligro de extinción, que los niños del futuro no van a poder conocer personalmente a no ser que sean ejemplares disecados de museo. Como latinoamericana enormemente avergonzada de la falta de civilidad, caridad y misericordia, pero sobretodo de respeto a la vida, al ver que la mayoría de los circos de los cuales fueron rescatados los leones estaban en Colombia, Bolivia y Perú, en donde cámaras ocultas y voluntarios de la organización Animal Defenders International, dirigida por los esposos Tim Phillips y Jan Creamer, destapaban la terrible crueldad contra los animales y luchaban con las autoridades locales para rescatarlos.
Las mujeres latinas tenemos muchos retos, entre ellos ser promotoras de la no violencia en cualquier parte y en cualquier forma, incluyendo los países en donde Dios escogió que naciéramos, por respeto a la vida, al futuro y porque debemos promover que termine esa imagen de salvajismo que continuamos proyectando los latinos.



























