Un gran desfile para una gran ciudad

EDITORIAL

La ciudad de Nueva York es cuna y escenario de algunos de los más grandes, más antiguos y más famosos desfiles del mundo entero.

Desde desfiles nacionales, cívicos, religiosos, culturales, étnicos, son parte de la agenda anual de la gran metrópoli, que vibra al ritmo de su diversidad.

Si bien cada uno de los desfiles tiene su encanto, su objetivo y proyección, el del Día de Acción de Gracias es probablemente el más querido de las familias, por los sentimientos de alegría, inocencia, candor y belleza que promueve. La realización de un evento de la magnitud y excelente organización como la de este desfile, conlleva grandes esfuerzos, muchos trabajo, decidida participación, que probablemente cuando lo admiramos, ya sea en persona o por televisión, pueden pasar inadvertidos o subvalorados.

Actualmente la ruta es de más de dos millas y en ella participan más de 8.000 personas, incluyendo empleados de Macy's, sus familias, celebridades, atletas, payasos y grupos de baile, que promueven la alegría y magia navideñas. El Desfile también presenta las mejores bandas de marcha de los Estados Unidos y es una importante forma para promover el turismo en la ciudad, desde otros puntos de la nación.

El minucioso proceso de crear las fantásticas carrozas, que deben tener no más de doce y medio pies de alto y ocho pies de ancho, para poder viajar desde Nueva Jersey hasta Manhattan, a través del túnel Lincoln, son verdaderas obras de arte y maravillas de ingeniería, porque en su mayoría, no solo son lindas, perfectas, coloridas, además son animadas, con partes y accesorios que se mueven y en ellas viajan las celebridades y artistas. Cada carro alegórico que participa, es diseñado y construido por increíbles artistas, que incluyen carpinteros, pintores, animadores, escultores, fabricantes de metal, electricistas, diseñadores de paisajes y vestuario. Este año el desfile cuenta con cinco nuevas carrozas, todas ellas auspiciadas por grandes firmas estadounidenses en las cuales no existe una presencia de los grandes empresarios latinoamericanos.

La cantidad de participantes, la diversidad de sus responsabilidades y tareas, la participación de grupos organizados a nivel nacional que llegan desde lejanos estados de la Unión Americana, la musicalización del evento, su transmisión televisiva, el diseño, elaboración, transportación, inflado y participación de los globos gigantescos por calles llenas de rascacielos, con millones de espectadores, condiciones variables del clima, asuntos importantes de seguridad, manejo del tránsito en una de las urbes más congestionadas del planeta, entre otras cosas de una muy larga lista, son esfuerzos inmensurables que merecen todo el respeto y admiración.

La ciudad ha sabido reciprocar este trabajo con su lealtad a la tienda Macy’s, organizadora de este realmente magno evento que se destaca por su impecable organización y que de una u otra forma trata de demostrar su respeto hacia sus consumidores latinos.

Durante más de nueve décadas, el Desfile del Día de Acción de Gracias de Macy's ha marcado el inicio oficial de la temporada navideña, de incalculable importancia para la economía de la ciudad, que se resiste a sucumbir al temor de la violencia y el terrorismo, a pesar de ser la ciudad más golpeada por el mayor atentado de la historia en 9/11. Esta es la muestra del espíritu inmigrante que es la esencia de Nueva York, ese espíritu que ha impulsado y continúa impulsando a millones a abandonarlo todo y cruzar océanos y desiertos para comenzar una nueva vida, para progresar, para aprender y crecer material, espiritual e intelectualmente.

Si bien la llegada de Santa Claus concluye el desfile, iniciando oficialmente la temporada navideña en la Ciudad de Nueva York, esta debe ser una oportunidad de recordar, promover y enorgullecerse de las buenas tradiciones de cada lugar al que pertenecen originariamente los habitantes de esta metrópoli.

La diversidad es una riqueza, una fortaleza, una ventaja y con el Desfile del Día de Acción de Gracias, se abre una temporada de gran espiritualidad en la cual más que nunca es importante reflexionar sobre valores superiores como la tolerancia, el respeto, el valor e importancia de toda vida en el planeta y la gran responsabilidad de protegerlo, de preservarlo y de salvarlo de su destrucción.

El Día de Acción de Gracias, en que usualmente pasa desapercibido el incalculable aporte de las tribus aborígenes de América, quienes celebraban a la naturaleza por su abundancia y generosidad dándole gracias, miles de años antes de la llegada de los peregrinos ingleses, es una oportunidad para reconocer y valorar las raíces profundas que nos hermanan y que nos unen al continente más rico en recursos del planeta.

Que este Día de Acción de Gracias, que inicia con un maravilloso desfile dedicado a los niños de edad y a los niños que viven en los recovecos de los corazones adultos, sea una oportunidad para agradecer a la Energía Creadora a la que llamamos Dios en sus diferentes manifestaciones de vida, vegetal, animal y humana, sin importar su lugar de origen, su color, su forma.

¡Feliz Día de Acción de Gracias!

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