Este domingo 19 de diciembre, Gabriel Boric Font, diputado independiente, se convirtió en el mandatario electo más joven de la historia de Chile, al vencer con una amplia ventaja al candidato José Antonio Kast. Boric, con 35 años, se impuso ante su contendor del Partido Republicano, con un 55,87% versus, 44,13%.

El presidente electo obtuvo más de 4,6 millones de votos, superando así el caudal que lograra el ex presidente Eduardo Frei, en 1993 (un poco más de 4 millones), y que lo convertían en el más votado. El gran mérito de Boric es que lo hizo a través del sufragio voluntario, en cambio, Frei, con voto obligatorio.

Fuera de todo pronóstico, la segunda vuelta electoral tuvo la mayor participación registrada hasta ahora; 8,3 millones de personas se desplazaron a los centros de votación, a pesar de los problemas de locomoción por falta de buses en muchas comunas del país, sobre todo en Santiago y Valparaíso, regiones donde Boric obtuvo en primera vuelta su más alta votación.

Tras los reclamos de los ciudadanos, el comando del presidente electo hizo un llamado al gobierno a entregar soluciones, considerando la situación extremadamente grave, por no ofrecer las condiciones mínimas para el proceso, solo el 50% de la totalidad de los buses se encontraban operativos, por lo que la oposición presentó una denuncia al Servel (Servicio Electoral de Chile).

Más tarde, desde el mismo comando se hizo un llamado a las personas, a organizar taxis y automóviles para trasladar a votantes.

En este escenario y en las acciones de segunda vuelta, la figura de Iskia Siches, médica y política chilena, fue fundamental como jefa de campaña. En esta tarea, Siches planteó recorrer todo el país recogiendo la voz de la gente; sus preocupaciones, miedos y anhelos de un nuevo Chile con distintas necesidades. Esta estrategia fue clave para el triunfo. Boric logró la empatía.

Así, el nuevo mandatario consiguió algo que ningún otro candidato en Chile había logrado desde el retorno a la democracia en 1990: revertir el resultado obtenido en la primera vuelta, momento en que obtuvo dos puntos menos que Kast.

La elección que concluyó el domingo selló el fin del predominio político que ejercieron en Chile, por 31 años, los dos grandes bloques de centro-izquierda y centro-derecha. Boric es el primer presidente electo en esta era chilena ajeno a ambos bloques, ya que es parte de Apruebo Dignidad, una alianza entre el Frente Amplio, una coalición de izquierda fundada en 2017, y el Partido Comunista.

Boric fue crítico del extremismo de Kast, vinculado directamente a las ideas de Pinochet, las que se evidenciaban en su programa de gobierno; pero, además, de la derecha y de Sebastián Piñera (actual presidente), principalmente, por la violación a los derechos humanos, el inadecuado manejo de la pandemia y la nula conciencia ecológica, en donde los intereses personales han priorizado, como en el proyecto Dominga.

No obstante, también ha sido crítico de la ex Concertación de centroizquierda que gobernó Chile entre 1990 y 2010, compuesta por el Partido Socialista y la Democracia Cristiana. Sin embargo, reconoce aciertos en el avance por una sociedad más justa.

En ese afán, su participación en el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, en noviembre de 2019, resultó primordial, no sólo porque se convocó a una Comisión Constituyente para la redacción de una Nueva Constitución Política, sino, también, porque significó la conciliación con grupos que desde siempre defendieron la Carta Magna creada en dictadura.

Esta decisión le valió críticas de su sector, incluso, la distancia de viejos amigos políticos.

Durante esta parte de la campaña, apoyado por Siches y el diputado Giorgio Jackson, el mensaje de una social democracia logró sintonizar con un amplio sector de la sociedad chilena desencantado con los partidos tradicionales.

Boric logró confirmar la aceptación de un nuevo conjunto de partidos que recuperan la confianza política y la posibilidad cierta de un cambio y transformación en el país.

Estas ideas sobre la igualdad, el bienestar y lo que ocurrió en la dictadura de Pinochet, eran temas de conversación habitual en su hogar.

El seno de una familia de clase media de la zona austral de Chile, con ascendencia croata y española, con un padre adherente a la democracia cristiana. Tal vez por esta influencia es que desde sus primeros años Boric comenzó a mostrar vocación política, cuestionando el centralismo del país y el individualismo.

En 2011, como estudiante de Derecho en la Universidad de Chile, en Santiago, surgió como uno de los líderes del movimiento estudiantil que se tomó las calles, demandando al Estado chileno por una educación digna, gratuita y de calidad, cuando Piñera ejercía como mandatario, en su primer período. Esas demandas tuvieron gran apoyo de la sociedad.

Un año después, fue elegido presidente de la federación de estudiantes de la misma Universidad. Ya en 2013 se convierte en diputado independiente por Magallanes; reclamó reformas y fue poniendo en tela de juicio al parlamento.

Para ganar estas elecciones, moderó su discurso radical para acercarse a las fuerzas del centro, y lo logró.

A pesar de ello, siempre mantuvo su idea de transformar el sistema de pensiones, aumentar la incidencia del Estado en educación y salud, y embestir la desigualdad con una reforma tributaria que aumente la presión fiscal a los que tienen más poder económico.

Boric se alza como un político abierto, una figura de ideas transformadoras, sin dogmatismos ni socarronerías, pero, también, como un presidente con la capacidad de aunar para lograr soluciones a una crisis social y política que tienen al país fracturado.

https://impactolatino.com/elecciones-no-le-tengamos-miedo-a-la-juventud/

 

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