Fin a Rikers Island

MELISSA MARK-VIVERITO Consecuente con sus ideas de respeto a los derechos humanos, y cierre de cárcel de Rikers Island, la más ominosa de la ciudad y del estado de Nueva York.
MELISSA MARK-VIVERITO Consecuente con sus ideas de respeto a los derechos humanos, y cierre de cárcel de Rikers Island, la más ominosa de la ciudad y del estado de Nueva York.

 

Por Armando Bermúdez

IMPACTO LATINO

 

FIN A RIKERS ISLAND

Tantas muertes-suicidios dudosos, tantas acusaciones de vejaciones, abusos físicos y favores sexuales. Tanto hacinamiento, y tan pocas evidencias de mejora tenían convertida a la cárcel de Rikers Island, en la ciudad de Nueva York, en un monumento a la opresión y el castigo medieval.

Hasta que apareció Melissa Mark-Viverito, una boricua de San Juan, que meteóricamente saltó a la política, pero en particular ha sido muy eficaz como presidenta del concejo municipal de la ciudad de Nueva York.

Si alguien ha sido clara y consecuente con sus ideas de respeto a los derechos humanos, por lo que la cárcel de Rikers Island debe ser cerrada para siempre, fue ella.

No el alcalde Bill de Blassio, u otro funcionario municipal, que también podría haber trabajado por el fin de la cárcel más ominosa de la ciudad y del estado de Nueva York.

Mark-Viverito presentó hace un año la Ley de Reforma de Justicia Penal, un conjunto de ocho proyectos que renfocan las penas para delitos menores.

El alcalde, hasta hace unos meses atrás, mientras tanto, creía no razonable, casi de locos, hablar del cierre de esa instalación, un monumento a la vejación de los seres humanos.

Incluso recientemente se enojó con un reportero que le preguntó sobre los beneficios que tomaba del cierre de Rikers Island y no quería asumir los perjuicios políticos, según reportó The New York Times.

Melissa Mark Viverito hace un año constituyó una comisión para que evaluara el cierre de dicha institución carcelaria, presidida por el juez estatal Joseph Lippman.

Esta acaba de dar su reporte final: la cárcel debe ser cerrada, y en su reemplazo deben constituirse diversos centros penitenciarios uno en cada condado, en un edificio común a cada tribunal.

Pero el alcalde de Blasio que no solucionó nada, nuevamente es una piedra en el zapato: se opone a esta. No quiere escuchar la voz de los expertos, ni asumir el costo político.

Ojalá el esfuerzo de Mark Viverito-Lippman no quede atrapado tras siete llaves del escritorio del alcalde que quiere ser relecto.

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