Por Victor Contreras
Los problemas que México confronta actualmente son parte de un proceso de descomposición internacional, que como dijo el papa Francisco en su discurso ante Naciones Unidas es “otro tipo de conflicto, no siempre tan explicado, pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de persona, otra clase de guerra que viven muchas de nuestras sociedades con el fenómeno del narcotráfico, una guerra asumida y pobremente combatida. El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, lavado de activos, tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones.”
Pero el problema de México no está únicamente en su territorio, ni se limita al horrible monstruo del narcotráfico, tan promocionado por irresponsables cadenas hispanas de televisión, que se han convertido en cómplices y que ni siquiera respetaron la presencia del Papa, transmitiendo hasta dos horas seguidas las “narco-novelas” que promueven violencia, sexo, odio, traición y muerte.
Lamentablemente durante las últimas celebraciones mexicanas se sintió como nunca la facturación de la comunidad mexicana en esta área. Varios eventos separados, sin un liderazgo unificado, desfiles totalmente desprestigiados por la dinámica de su organización, en la cual literalmente se venden las bandas a los mariscales e invitados, dejando de lado a verdaderos talentos mexicanos, que por sus méritos de trabajo deberían ser quienes representen a México y a su comunidad en una tribuna internacional como Nueva York.
Mientras talentosos empresarios, chefs, autores, artistas, creativos mexicanos hacen quedar bien a su tierra natal, los negociantes de los desfiles y festivales, cuya falta de instrucción no les resta méritos, sino su poca visión, demuestran una falta total de patriotismo y usan las celebraciones como una forma de ganarse la vida y redondear sus ingresos anuales.
Para estos negociantes, incluidos los mercaderes de noticias televisivas, la comunidad mexicana se ha convertido en un apetecible pastel al que echan mano cuando tienen oportunidad. La miope perspectiva no solo de quienes encabezan las agrupaciones comunitarias, pero lastimosamente de los funcionarios diplomáticos en oficina, han convertido a las Fiestas Patrias Mexicanas en el botín y monopolio de una sola cadena televisiva que a cambio del pago de un buffet o publicidad, obtiene total “exclusividad”, como si se tratara de un evento familiar privado.
Triste observar este monopolio que permiten que un simple reportero de noticias sea nombrado Gran Mariscal del Desfile, sin ni siquiera tener méritos profesionales de auténtico servicio, investigando a favor de su comunidad temas como el de los estudiantes desaparecidos, los inmigrantes explotados laboralmente en cientos de restaurantes y negocios de Nueva York, etc. La comunidad mexicana está muy mal representada y tristemente utilizada.
Hace unos años la celebración organizada por el consulado era una oportunidad para conocer su cultura y talentos, activistas de diferentes ramas, variedad de restaurantes y empresas mexicanas. Actualmente se ha convertido en un evento monopolizado por un empresario que presta su local, en el cual su restaurante es el único presente para vender comida.
Esta celebración que debe estar dirigida a apoyar a la comunidad se ha convertido en un negocio para vender puestos a grandes empresas y cuyos ingresos se destinan a una entidad gubernamental como es el Instituto de Cultura Mexicana de Nueva York, que funciona en el consulado, mientras existen organizaciones con base en Nueva York y nacidas de la comunidad, que realizan realmente un buen trabajo con recursos propios y a quienes por un acto de justicia se debería apoyar con parte de esos ingresos.
La actual cónsul de México, criticada por sus connacionales por asuntos triviales, quienes la acusan de nepotismo y de “disfrazarse de Frida Kahlo”, todavía goza de un buen nivel de respeto y para mantenerlo deberá rendir cuentas públicamente de los ingresos por las ventas de kioscos en el Armory de Brooklyn y del destino de estos fondos.
Como dijo el Papa: “La acción política y económica solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un sentido perenne de justicia y que no pierde de vista, por ningún momento, que más allá de proyectos y programas, hay hombres y mujeres concretos, igual a los gobernantes, que viven, sufren y luchan y se ven obligados a vivir privados de cualquier derecho”.
“Dar a cada uno lo suyo, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad de las otras personas singulares o las agrupaciones sociales”.
Ojalá que la comunidad mexicana, sus activistas, líderes, empresarios y representantes diplomáticos logren trabajar conjuntamente, en forma inclusiva, democrática y con total transparencia, representando como se debe a una gran nación, que a pesar de los ataques xenofóbicos, es una potencia cultural y humana.



























