
Melissa Mark-Viverito ya está en cuenta regresiva como presidenta del concejo municipal de la ciudad de Nueva York: ¿Qué hará después? No se sabe.
2017 podría haber sido un año más de éxito si ganaba Hillary Clinton, pero se quedó con su carabina al hombro, como media docena más de latinos-boricuas en la ciudad de Nueva York.
Le quedan seis meses y días. Hizo un buen trabajo obligando al alcalde Bill de Blasio en el cierre de Ricker Island.
Asimismo, en la reorganización policial.
Igualmente, en la defensa de los inmigrantes: su voz fue clara e indubitable.
Fue precisa en el sostén de Nueva York Ciudad Santuario, como en el otorgamiento de IDs municipales para los indocumentados.
También en la defensa de los salarios y mejores condiciones laborales de los que ganan menos.
El peor sinsabor, sin embargo, lo protagonizó fuera del concejo municipal: en el Desfile Nacional Puertorriqueño.
La causa: declarar ‘Prócer de la Libertad’ al independentista Oscar López Rivera.
¿Metió la pata? Y, si lo hizo: ¿Por qué no rectifico?
Hacerlo le podría haber granjeado un respaldo inequívoco. Ahora, más bien, podría quedar como antecedente de obstinación.
En dos sentidos, por la derrota de Hillary en noviembre de 2016 y por el desastre que ha ocurrido con los patrocinadores y participantes en el Desfile Nacional Puertorriqueño, 2017 ha sido un ingrato año para MMV.
¿A dónde irá, cuando en seis meses y días, por límites de término, no pueda continuar siendo concejal de la ciudad de Nueva York?
¿Hará una movida de ajedrez tipo ‘enroque’ con el asambleísta estatal Robert Rodríguez?
¿Yo me voy pa’llá y tú te vienes pa’cá? Rodríguez ha dicho que estaría buscado el puesto que deja ella como concejal.


























