
En una campaña caracterizada por la ignominia y la falta de decencia nadie, pero absolutamente nadie, debe alegrarse de la noticia de que uno de los candidatos y su esposa dieran positivos al Covid 19.
Quien lo haga, sea en privado o, pero aún, públicamente, se situaría en el nivel más bajo en la escala de la falta de moralidad y principios en estas elecciones presidenciales.
Incertidumbre
Dicho esto, la edad de Donald J. Trump, 74 años, lo sitúa en la población más vulnerable y ello deja sumida en la duda la campaña.
La edad del otro candidato, Joe Biden, 77 años, lo sitúa igualmente en la población más vulnerable, y quien, pese a la distancia durante el debate, estuvo en las cercanías del presidente, nos deja temiendo que el elemento determinante de estas presidenciales sea el coronavirus y la fragilidad de los candidatos.
Más aún, que tras las votaciones, la pandemia siga siendo un elemento determinante en la gobernanza de este país.
La peste dejó caer su guadaña arrasando indiscriminadamente, la peste nos recordó la fragilidad de la raza humana frente a lo desconocido, la peste nos enseñó la humildad o castigó la soberbia del que se cree invencible.
Trump jugó con fuego, y de todos es sabido que quien juega con fuego sale quemado, peor aún, siendo el presidente, su ejemplo incitó a una parte de la población a jugar con fuego, a desafiar al destino.
Hoy, la fuerza del destino mostró su poderío y nos sume en la incertidumbre.
Triste momento en una triste campaña, en una campaña atípica en que la fuerza del destino nos jugó una mala pasada, en que eligió por nosotros.
Hoy algunos pensarán en los votos, en el resultado de las elecciones, cuando se debería estar pensando en las razones que nos condujeron a esta fragilidad, a este triste momento en la más triste de las campañas presidenciales de los Estados Unidos.
La incertidumbre nos acompaña hoy y contra ella no hay máscara, remedio o vacuna que valga. Mis sentimientos hoy son de tristeza, de compasión, mis deseos son de que derrotemos a la fuerza del destino y regresemos al cauce de lo humano de donde nunca debimos haber salido. Mis deseos son de una pronta mejoría a Donald J. y Melania Trump.


























