EDITORIAL
Últimamente existe una permanente fluctuación con la que miles de latinos se levantan cada mañana haciéndose dos preguntas; la primera, ¿soportaré este diario sufrimiento, sin comida, sin agua y sin servicio eléctrico, sin medicinas, sin asistencia médica, sin educación, sin futuro? Y al caer la noche, fatigados por el trabajo que jamás les resolverá nada, arribando jadeantes y sudorosos, se formulan la siguiente interrogante: ¿Me voy o me quedo?
No exageramos ni un ápice cuando advertimos que la gran mayoría de los inmigrantes de todas las clases sociales, mujeres y jóvenes a la cabeza encaran a diario ese dilema existencial y, cabe acotar que las respuestas parecen explicarse, en la continuidad de ese peregrinaje doloroso, temerario y vergonzante hacia esta ciudad, que mira asombrada cómo la inmigración sigue y, cual moda compulsiva, sigue empujando a los habitantes de la paradisíaca Sudamérica, a intentar una aventura porque permanecer en países sumidos en años de conflictos no es seguro, prudente, ni inteligente.
Países como Venezuela y Nicaragua, por ejemplo, no proporcionan salud ni educación de una mínima calidad a sus ciudadanos. La justicia política y financiera apesta y, ni hablar de las instituciones llamadas a cuidar al ciudadano, enajenadas y corruptas. Uno de tantos motivos que los obliga a migrar.
Otra observación: la inmigración no es un chicle que se estira a voluntad; la inmigración es un fenómeno social que está formado por personas, por seres humanos. Cuando en este país –y en otros- se demandaba mano de obra la inmigración era aceptada e, incluso, estimulada pero cuando las condiciones económicas así lo exigen, esa mano de obra debe desaparecer como por arte de magia.
En definitiva, la inmigración, que es un problema que afecta a seres humanos que se ven dominados por otros seres humanos que son quienes establecen las condiciones y reglas del juego.
Uno los principales destinos de estos inmigrantes es la ciudad de Nueva York por sus políticas migratorias que responde a las necesidades de cada inmigrante.
Por tal razón, Nueva York como ciudad santuario, en los últimos meses ha trabajado para unir sus recursos y acomodar la llegada de decenas de miles de nuevos inmigrantes. Ha dado la bienvenida a los recién llegados con los brazos abiertos y continúa utilizando todas las herramientas para garantizar que puedan construir vidas seguras, productivas y dignas.
Esto requiere mejorar los servicios de coordinación y apoyo de una manera sostenida, ya que con el inminente fin del Título 42, también se debe preparar urgentemente para satisfacer las necesidades de más personas que buscan asilo y que probablemente llegarán a nuestra ciudad en los próximos días y semanas.
El alcalde dijo que más de 1,000 personas podrían estar llegando por semana a la ciudad con el final del Título 42.
Pero, la ciudad no puede brindar las garantías necesarias a los inmigrantes sin recibir la plena colaboración y apoyo del gobierno estatal y federal.
Nueva York se enorgullece de seguir acogiendo con beneplácito la reciente afluencia de solicitantes de asilo y de ser un ejemplo para el resto del país. Desde el verano, ha estado haciendo todo lo posible para apoyar a los nuevos inmigrantes, pero necesita recursos adicionales para suplir cada una de las necesidades.
Los esfuerzos locales se están agotando, por lo que es crucial que el gobierno federal dé un paso adelante para garantizar un acceso más fácil a empleos, vivienda, alimentos y educación de calidad.
Pero, antes de estas necesidades físicas se debe dar prioridad y atender otras tan o más delicadas, como es la asistencia psíquica y emocional producto de las vicisitudes a las que se enfrentaron durante su viaje.
Estas familias vienen a la ciudad de Nueva York después de un viaje angustioso de meses, en algunos casos, todavía conmocionados por el trauma que experimentaron en el camino.
Hay que reconocer los desafíos únicos que enfrentan los solicitantes de asilo y seguir con el compromiso de continuar construyendo sobre esfuerzos continuos y la coordinación interinstitucional para conectar a estas familias e individuos con apoyos de salud mental mientras se ayuda a estabilizar sus vidas en este nuevo país para ellos.
En todo caso, el tema de inmigración siempre será un problema de múltiples dimensiones ocasionada en gran medida por los efectos de otras crisis, por lo que en el sentido más respetuoso del tema lo catalogaríamos como una consecuencia de múltiples factores sin resolver del país al que pertenece el inmigrante, que incitan al individuo a salir de sus tierras, tirar una moneda al aire e instalarse en tierras desconocidas y esperar que con algo de suerte resulte ser el tan anhelado paraíso terrenal que en su propia tierra no pudo ser.
Lo que una mañana de un día cualquiera lleva a responder, aunque con temores, a la pregunta de irse o quedarse a montar la esperanza sobre sus hombros y alcanzar el tan ansiado sueño americano.



























