Es la Canasta Familiar, ¡Idiota!

Durante la campaña política de lo que luego sería la primera presidencia de Bill Clinton, el eslogan que retumbó en todos los medios de comunicación fue: “¡Es la economía, estúpido!”.

Aquella frase fue la cereza sobre el pastel de la campaña de Clinton, en un periodo en el que la Administración del entonces presidente George H. W. Bush no supo manejar una crisis económica que, al final, lo dejó fuera de la Casa Blanca.

La situación actual es, en cierto modo, similar a la de aquel periodo. La gran diferencia es que hoy tenemos a un presidente, Donald Trump, que no parece reconocer que la crisis económica atraviesa uno de los momentos más desesperantes para gran parte del pueblo estadounidense.

Por el contrario, sigue insistiendo en que la inflación solo existe en la boca de los mentirosos. Por su parte, Bush padre no solo reconoció el problema económico, sino que admitió que su administración era, en parte, responsable de la situación. Lo peor del caso es que, en lugar de atenuar los efectos de la crisis, cometió la torpeza de romper una de sus promesas más recordadas.

Durante su campaña afirmó: “Lean mis labios: no más impuestos”. Sin embargo, terminó incrementándolos y su intento de reelección se fue directo al vacío.

Lo cierto es que hoy la canasta familiar está por las nubes. Si hace diez años una persona podía gastar alrededor de 50 dólares semanales en alimentos básicos, hoy esa cifra prácticamente se ha duplicado. En estados como California y New York —los más caros de la Unión Americana— el promedio de gasto en productos básicos supera los 100 dólares por persona.

Incluso, la comida rápida se ha convertido en un lujo: hace una década era posible comprar una hamburguesa con cinco dólares; hoy, en Los Ángeles, el promedio oscila entre 13 y 14 dólares.

Olvídense entonces de una comida saludable en un restaurante de cierta categoría. Hace un mes invité a una gran amiga a un restaurante mexicano no tan exclusivo y la cuenta llegó a casi 400 dólares por una cena para cuatro personas: mi esposa, mi hija, mi amiga y yo.

Debo admitir que disfruté enormemente el plato de carnitas, pero la factura me hizo resonar el cerebro toda la noche y no tuve un sueño muy agradable. En tal sentido, la situación económica tiene desesperados a demócratas, votantes moderados y a muchos conservadores.

Si “¡Es la economía, estúpido!” terminó hundiendo la reelección de Bush padre en 1992, el eslogan: “¡Es la canasta familiar, idiota!”, dejaría al Partido Republicano sin mayoría en la Cámara Baja del Congreso en noviembre de 2026.

 

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